
Hace 50 años, en 1973, el Ingeniero en Electrónica egresado del Instituto Tecnológico de Illinois, pionero en la industria de la comunicación sin cables, desarrolló la telefonía inalámbrica creando el primer teléfono móvil portátil, y cuya primera llamada fue realizada el 3 de abril del mismo año, necesitándose de diez años de arduo trabajo para que el producto final se lanzara al mercado, para que el primer teléfono móvil lograra comercializarse en el año 1984.
Es hasta la década de los 90, cuando en realidad el teléfono celular toma auge y se populariza a nivel mundial, consolidándose rápidamente como una herramienta de comunicación cada vez más imprescindible en la vida cotidiana de la mayoría de las personas.
Innegablemente, el uso de los dispositivos móviles o teléfonos celulares ha tenido un fuerte impacto en diferentes campos, al permitir a las organizaciones una mayor comunicación entre colaboradores, clientes y proveedores por ejemplo. La comunicación digital facilita que tiempo y distancia dejen de ser obstáculos para resolver situaciones, un ejemplo claro se observó durante el periodo más álgido de la pandemia por Covid-19 y el confinamiento que llevó a las personas a estudiar y/o trabajar desde casa, conectados a través de un dispositivo o un teléfono inteligente.
De este modo, estudios realizados reflejan que la “tecnología móvil” representa un positivo impacto en la productividad, ya que los teléfonos inteligentes posibilitan al estudiante y/o trabajador tener acceso a trabajo e información de manera remota y en tiempo real, dando la opción de acceder y enviar informes y actualizaciones de datos desde cualquier lugar. El teléfono celular se transformó en un receptor de grandes e importantes cantidades de información, además de contar con múltiples herramientas para estar en contacto con varias personas a la vez, y desde luego haciendo más “localizables“ a las personas.
Sin embargo, todas las ventajas que esta tecnología brinda a la vida cotidiana, también vienen acompañas de riesgos para la salud, de acuerdo con la American Cancer Society, “los teléfonos celulares (incluyendo los “teléfonos inteligentes”) emiten una forma de energía conocida como ondas de radiofrecuencia (RF), y por esta razón, ha surgido cierta preocupación sobre la seguridad en el uso de estos teléfonos. Con relación al cáncer, la inquietud se concentra en si los teléfonos celulares podrían incrementar el riesgo de desarrollar tumores en el cerebro u otros tumores en la región de la cabeza y cuello”.
Principalmente debido a que el número de usuarios de teléfonos celulares continúa en aumento, no solamente en la población adulta, sino también en niños y adolescentes, y por ende, la cantidad de tiempo que las personas invierten utilizando sus teléfonos celulares también ha aumentado drásticamente en las últimas décadas.
Pero, ¿cómo es que la gente está expuesta a estas ondas?
Básicamente, las ondas de RF de los teléfonos celulares provienen de la antena, un componente que se encuentra dentro del aparato, por lo que dichas ondas son más intensas en el punto donde se localiza la antena y perdiendo energía a medida que se alejan del teléfono, por lo tanto, entre más cerca esté la antena a la cabeza, se considera que mayor sea la exposición de la persona a la energía de la RF, y como consecuencia, los tejidos del cuerpo más cercanos al teléfono absorberán más energía que los tejidos que están más distantes.
La propia American Cancer Society, basándose en diferentes estudios realizados con personas en grupos de control, reporta que “en la mayoría de los casos ninguno de estos tipos de estudio provee suficiente evidencia por sí solos como para demostrar si algo causa cáncer en las personas. Los estudios de laboratorio que se han practicado, aportan datos de que las ondas de RF emitidas por los teléfonos celulares no son lo suficientemente intensas como para ocasionar daños en el ADN de forma directa o calentar los tejidos corporales. Debido a esto, no está claro cómo los teléfonos celulares podrían causar cáncer. La mayoría de los estudios realizados en laboratorios han respaldado la idea de que las ondas de RF no causan daños al ADN”.
Si bien, científicamente no se han logrado encontrar indicadores que el uso de teléfonos celulares provoque algún tipo de daño en el cerebro, lo que sí es una realidad es la “dependencia·” que se genera en los usuarios, y pasar demasiado tiempo utilizando estos dispositivos se relaciona con consecuencias negativas a nivel físico como:
- dolor y rigidez en las manos y dedos.
- dolor de cuello (sensación de sobrecarga y tensión en la zona de hombros y cuello).
- aumento de estrés (estar constantemente pendientes de notificaciones, correos o revisiones de redes sociales, produce un incremento de la irritabilidad del sistema nervioso generando ansiedad, déficit de atención y aumento del estrés).
- cefalea tensional (dolor de cabeza debido a posturas forzadas y/o inadecuadas).
- insomnio, el utilizar en la cama el teléfono celular puede provocar una disminución en la calidad del sueño e insomnio, a causa de la luminosidad extra de la pantalla, que activa varios receptores que hacen pensar al cerebro que aún es de día y que puedes permanecer más tiempo despierto. (Fuentes: Proceedings of the National Academy of Sciences / HC Marbella)
Para el Dr. Joaquín Gutiérrez Soriano, investigador del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental, de la Facultad de Medicina de la UNAM, el teléfono celular también tiene sus efectos positivos, al ser utilizado como:
- Herramientas para entrenar de forma cognitiva a las personas.
- Monitorizar actividades y estados de salud de las personas.
- Economizar tiempos (por ejemplo, adquirir en línea productos de uso diario como son los alimentos o medicamentos).
- Herramienta en el ámbito laboral.
- Aplicaciones para medir y mejorar estado mental de las personas.
Y también hace las siguientes recomendaciones, para evitar situaciones de riesgo:
- Evitar contestar y/o enviar mensajes cuando una persona va manejando el auto para impedir que ocurran accidentes.
- El uso de dispositivos móviles en los niños: De acuerdo con el especialista no se recomienda que los pequeños de dos años utilicen el celular y una vez expuestos que sea de forma gradual. Los celulares limitan ciertas capacidades que deben aprenderse de forma personal, como el lenguaje.
- Ansiedad por no usar el dispositivo: Olvidar el celular causa ansiedad y se da un fenómeno de abstinencia por no tenerlo en la mano.
- Evitar comunicación sincrónica: Algunos individuos se les dificulta bastante la comunicación interpersonal y prefieren hacerlo por medio de mensajes electrónicos y redes sociales. No obstante, esto reducirá aún más su capacidad de comunicación interpersonal.
Como puede observarse, la polémica alrededor del uso de teléfonos inteligentes sigue vigente, si bien por un lado no hay datos fehacientes de que genere daños directamente en el cerebro, las consecuencias emocionales y conductuales si están presentes.
No queda más que apelar a la conciencia de cada quien, para regular su uso y cortar la dependencia existente en mayor o menor medida, hacia este dispositivo, y principalmente, reducir su uso en niños pequeños.


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