
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha resaltado que “la pandemia aumentó el estrés, la ansiedad y la depresión de los trabajadores de la salud y dejó al descubierto que los países no han desarrollado políticas específicas para proteger su salud mental”, y en efecto ha sido notorio que como resultado de la pandemia se incrementaron los cuadros de depresión y ansiedad convirtiéndose en motivo de alerta. Uno de los rasgos más predominantes ha sido el ritmo de la construcción de los pensamientos, que presenta afectación no solamente en el personal del área de la salud, sino en todas las edades y en todos los ámbitos, debido en gran parte al estrés vivido a raíz de la emergencia sanitaria, y generando lo que se conoce como “síndrome del pensamiento acelerado” (SPA). Actualmente se estima que el 80% de la población sufre de ese síndrome, constituyéndose como un trastorno que afecta a gran parte de la sociedad moderna, incluso niños, debido a cargas emocionales, expectativas, presión y tensión.
Si bien este padecimiento no se encuentra descrito como tal en el DSM-V (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales), ni en el CIE-10 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas Relacionados con la Salud) si se considera como un tipo de ansiedad causada por el exceso de información, de actividad, preocupaciones y presiones sociales que llegan a acelerar los procesos mentales, provocando que las personas se encuentren constantemente “pensando” sin lograr que esos pensamientos sean claros y concretos, por lo que la persona habitualmente pierde la concentración. Aunado a ello, cuando se experimenta depresión, ansiedad o estrés, en ocasiones esto se traduce como un cambio en su frecuencia cardiaca, aumento de la presión arterial, reducción del flujo sanguíneo al corazón y nuestro cuerpo produce niveles más altos de cortisol, conocida como la hormona del estrés.
Este síndrome no está relacionado con la calidad o el contenido de los pensamientos, sino con la cantidad excesiva de ellos. La exageración de datos origina el fenómeno inconsciente RAM (registro automático de memoria), transformando la mente en un depósito, por lo que el “exceso” de pensamientos vuelve difícil el proceso de concentración, aumentando a su vez los niveles de ansiedad que tendrán como consecuencia reactividad, intransigencia e irritabilidad al no ser capaz de mantener la atención y concentración, todo ello termina produciendo la sensación de “tener muchas cosas por hacer y no lograr realizarlas”.
Considerando que existen diversos tipos de ansiedad como: el trastorno de ansiedad generalizada, el síndrome de pánico, el trastorno obsesivo-compulsivo, el síndrome de burnout y la ansiedad postraumática, entre otros, por lo general estos tipos de ansiedad surgen a raíz de conflictos, pérdidas, crisis, abusos o frustraciones, por el contrario, la ansiedad del Síndrome del pensamiento acelerado procede del actual estilo de vida, estresante y agitado. Entre los síntomas que definen a este síndrome se encuentran: la falta de sueño, dificultad para quedarse dormido, despertarse cansado, tener “nudos en la garganta”, sufrir trastornos intestinales e incluso el aumento de la presión arterial, en algunos casos se acompaña también de dolores de cabeza o musculares.
De igual forma, es habitual identificar indicadores de irritabilidad, mostrar dificultad para manejar la frustración y dificultad para vivir con personas “más lentas”, sumándose además la falta de concentración, síntoma muy característico en el déficit de memoria. Aunque algunos de estos síntomas son comunes con otros tipos de ansiedad, lo que marca la diferencia con el Síndrome del pensamiento acelerado es que en su caso no hay traumas previos.
Considerado ya como un problema psicológico de la sociedad del siglo XXI, el síndrome de pensamiento acelerado tiene una importante relación con el modelo de inteligencia multifocal (cómo se construyen los pensamientos a partir de algunos procesos que tienen lugar en la mente, para que el pensamiento sea productivo), pues de acuerdo con Augusto Cury (médico psiquiatra brasileño), “básicamente se aprende a construir el mundo a partir de la información que nos rodea y la que ya se encuentra en nuestro cerebro, dándole un significado propio e integrando no solamente componentes cognitivos, sino también emocionales”.
En las personas que cursan con este síndrome, es recurrente encontrar que el cerebro bloquee la memoria con cierta regularidad para poder “pensar menos” y “ahorrar energía”, y debido a ello es que se experimentan “lapsus” de memoria frecuentes principalmente debido al hecho de que el cerebro gasta la energía reservada en los músculos, generando una sensación de cansancio físico y emocional. De igual forma, las personas con esta condición presentan dificultad para ser empáticas y difícilmente aceptan sugerencias de los demás, generalmente imponen sus ideas ya que tienen dificultad para reflexionar antes de actuar.
Para tratar este síndrome de pensamiento acelerado se requiere la atención profesional para recibir orientación en el cambio de hábitos de vida que incluyen: realizar pausas durante el día para relajarse, practicar alguna actividad física frecuente, en la medida de lo posible, escuchar música relajante a bajo volumen y/o leer un libro tratando de “desconectarse” de las tareas del trabajo y del estudio, es aconsejable evitar largas jornadas de trabajo y procurar tomar periodos vacacionales cortos. Conversar con amigos sobre sus experiencias cotidianas, tratando de fortalecer esos lazos de amistad, y que ayudan a liberar las presiones del día a día, por supuesto que también es necesario orientarse hacia una alimentación saludable, realizar ejercicios de atención plena (mindfulness), son acciones que en su conjunto ayudan a reducir el pensamiento acelerado, al favorecer el equilibrio entre cuerpo y mente.
Como puede verse, los efectos post pandemia a largo plazo involucran varias áreas del desarrollo humano, y cuando se habla de la salud emocional y mental no es cosa de juego, ni tampoco puede normalizarse una condición que genera alteraciones importantes en toda nuestra vida.
Es momento de detenerse a pensar si cada uno de nosotros hemos cursado o nos encontramos viviendo con el síndrome de pensamiento acelerado, principalmente porque el pasado 10 de octubre se celebró el Día Mundial de la Salud Mental, fecha que la OMS instituyó para generar y fortalecer la conciencia de que una vida plena no es posible sin salud mental, argumentando que “la salud mental no se caracteriza únicamente por la ausencia de trastornos mentales, sino por un estado de bienestar en el que la persona realiza sus capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal de la vida, de trabajar y de contribuir a su comunidad», e invitando a los países miembros a “convertir la salud mental y el bienestar de todos en una prioridad global, invirtiendo los recursos suficientes para ello, principalmente porque este año 2022 se hace hincapié en cuidar la salud mental en la infancia, adolescencia y la juventud, considerándose como las poblaciones más vulnerables y que requieren de mayor atención.



