
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), ha señalado que la pandemia de COVID-19 generó un incendio en el sector educativo alrededor del mundo, debido al cierre de escuelas, ausentismo, deserción, rezago y pérdida de aprendizajes.
Aunado a los efectos en los aprendizajes de las y los estudiantes, se consideran las afectaciones en el desarrollo y bienestar integral de la niñez, considerando que en un importante número de centros escolares se atendían los rubros de nutrición y servicios psicosociales.
En cada país, los gobiernos reaccionaron de maneras diversas, con el objetivo de enfrentar y equilibrar los efectos de la pandemia en el ámbito educativo. Como bien se conoce, los Estados miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) se tuvieron variaciones significativas con respecto al número de días en que los centros escolares estuvieron cerrados completamente, de igual manera, el uso y operación de plataformas para trabajar en línea, la asignación de recursos público adicionales, tratar de acelerar y dar prioridad al proceso de vacunación del personal docente, etc.
Reflexionando a poco más de dos años del inicio de la emergencia sanitaria, es forzoso, urgente y necesario que cada sistema educativo se direccione en la recuperación de los aprendizajes, para que las y los estudiantes tengan la oportunidad de retomar el camino formativo. Se requieren condiciones fundamentales para apagar el fuego mencionado por la UNESCO, y ello implica que cada gobierno considere e incluya en sus políticas públicas la recuperación de los aprendizajes y la estabilidad de las y los alumnos como una verdadera prioridad, con el objetivo de lograr avances significativos adecuando los programas a las necesidades de cada contexto.
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Regularmente escuchamos voces que ponen como ejemplo el sistema educativo finlandés, ya que está considerado como uno de los mejores y más innovadores del mundo, ya que se cuenta con factores económicos, sociales, políticos y culturales que influyen importantemente en el éxito de ese sistema educativo, por lo que si se proyectara implantar las estrategias que se utilizan en Finlandia a un sistema educativo en otro país, difícilmente se obtendrían los mismos resultados debido a las diferentes circunstancias económicas, sociales, políticas y culturales de cada país.
A lo largo de los años, estudios relevantes sobre modelos educativos han dejado en claro que lo que cada estudiante vive en su centro educativo se ve reflejado en el rendimiento académico mucho más de lo que se creía, las personas con las que las y los estudiantes se relacionan de manera directa durante su proceso de aprendizaje representan un factor clave para la calidad de la educación que recibe y la conformación de su autonomía. Esto sustenta el argumento de que el personal directivo y docente de cada escuela, debe desarrollarse dentro de un entorno de libertad y autonomía, que permita diseñar estrategias y mecanismos focalizados que les permitan atender las verdaderas necesidades de sus comunidades.
Desde antes de la pandemia por Covid-19 ya se había diagnosticado la crisis en los aprendizajes como un problema global, puesto que los indicadores señalaban que millones de personas alrededor del mundo llegaban a la edad adulta sin contar con las habilidades básicas para enfrentar y resolver problemáticas de la vida cotidiana. Lejos de lograr los aprendizajes esperados, existen serios problemas de igualdad en el acceso a la educación y en las oportunidades que se tienen entre las poblaciones con diferencias en su capacidad de ingreso, al igual que entre hombres y mujeres.
En el caso de México, por ejemplo el grave problema de desigualdad social que existe se reproduce en el sector educativo. Quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad, (poblaciones rurales, indígenas o marginadas) generalmente reciben servicios educativos de menor calidad. Esta desigualdad se manifiesta mediante las llamadas brechas, que condicionan la calidad de los servicios que recibe cada persona según las circunstancias en las que vive, dónde nació y donde habita; o bien, según sus características individuales, como ser mujer, indígena o persona con discapacidad. Aunque esto ocurre en prácticamente en todo el mundo, el tamaño que tienen las brechas que separan a un grupo social de otro en un contexto específico es lo que determina, en mayor medida, que un sistema sea más desigual que otro, y lamentablemente tanto la falta de calidad en los aprendizajes y la desigualdad, se han agudizado durante la pandemia.
A este respecto, el pasado 01 de abril, Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de la UNESCO; Robert Jenkins, Director de Educación de UNICEF; Jaime Saavedra, Director de Prácticas Mundiales de Educación del Banco Mundial, argumentaron que más de dos años después del comienzo de la pandemia de COVID-19, las pérdidas en materia de aprendizaje de los niños son colosales, agravado por el hecho de que menos de la mitad de los países han puesto en marcha estrategias de recuperación a gran escala para ayudarlos a ponerse al día, pronosticando que si en los meses futuros todos los países no amplían sus programas, se corre el riesgo de perder a toda una generación.
“Con una pérdida total combinada de 2 billones de horas presenciales de escolaridad debido al cierre de los centros educativos desde marzo de 2020, los alumnos de más de 4 de cada 5 países han quedado rezagados en su aprendizaje. El aprendizaje de los niños provenientes de entornos más desfavorecidos se ha degradado. Especialmente los más marginados –los que viven en la pobreza y en las regiones rurales, los niños discapacitados y los alumnos más jóvenes- son los que han quedado más rezagados”.
Resultados de estudios realizados arrojan que las competencias básicas que constituyen los cimientos de todo lo relativo a la educación han desaparecido en numerosos países, observándose principalmente en que los niños ya no saben leer ni escribir; algunos ni siquiera pueden reconocer las letras del alfabeto, pues quienes iban a comenzar su escolarización no tuvieron nunca la oportunidad de adquirir estas competencias, ya que la educación de la primera infancia desapareció en la mayoría de los países. Por lo que, si no se toman verdaderas medidas urgentes de rectificación todo esto pudiera acarrear graves consecuencias a lo largo de toda la vida en términos de salud y bienestar, de aprendizaje futuro y de empleo.
Los datos de la UNESCO, UNICEF y Banco Mundial de marzo de 2022 demuestran que menos de la mitad de los países presentados en un análisis publicado el 01 de abril de 2022, ponen en marcha estrategias de recuperación del aprendizaje a gran escala para ayudar a los niños a ponerse al día. Solo la mitad de los países de bajos ingresos han puesto en marcha un plan para evaluar en qué situación se encuentra el aprendizaje de los alumnos que han vuelto a la escuela.
La cuarta parte de los países de bajos ingresos, cuya población ya estaba muy poco escolarizada, no disponen de los datos necesarios para demostrar cuántos alumnos no han vuelto a la escuela, a pesar de que las señales de alarma se han comunicado varias veces, financiar la educación continúa sin ser prioridad, los países has asignado en promedio de 3% de los ingresos destinados a los panes de recuperación de la pandemia, a la educación, y en los países de ingresos bajos o medio bajos la
Es urgente y necesario que los gobiernos multipliquen y redoblen sus esfuerzos para escolarizar a cada niño, tener presente que la educación es un derecho humano fundamental y que los múltiples obstáculos que se interponen como la pobreza, las normas culturales y la baja calidad de la enseñanza, que limitan el hecho de que los niños puedan acceder a la educación, deben erradicarse. Cada niño debe ser evaluado con relación a su aprendizaje y, en función de los resultados obtenidos, debe recibir apoyos a través cursos de recuperación de los aprendizajes. La enseñanza debe adaptarse al nivel en que cada niño se encuentra actualmente con relación a su proceso y nivel de aprendizaje.
Del mismo modo, continúa siendo necesario que los docentes reciban la formación y capacitación, el apoyo y los recursos que requieren para enfrentar las nuevas necesidades educativas, orientadas a las cinco acciones primordiales para revertir esta grave condición:
1.- Llegar a cada niña, niño, adolescente y mantenerlo en la escuela.
2.- Evaluar los niveles de aprendizaje en cada centro escolar.
3.- Dar prioridad a los fundamentos de la enseñanza.
4.- Aumentar el aprendizaje mediante la recuperación y avanzar más allá de lo perdido.
5.- Desarrollar la salud psicosocial y el bienestar para que cada niño esté listo para aprender.
Todos debemos tomar conciencia que estamos en una carrera contra el tiempo, que cada sector de la sociedad debemos involucrarnos activa y efectivamente para poder cumplir al menos con los cinco primeros Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030: Fin de la pobreza; Hambre Cero; Salud y Bienestar; Educación de Calidad; Igualdad de Género.
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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