
La cultura forma parte de nosotros y configura nuestra identidad y personalidad, por lo que es necesario decir que sin cultura no puede existir un desarrollo sostenible.
Recordemos que en septiembre de 2015, la Asamblea General de la Naciones Unidas anunció la creación de la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030, misma que incluye 17 grandes e importantes objetivos globales para generar cambios a nivel mundial. Desde esta perspectiva, la UNESCO ha venido garantizando que la función de la cultura se tenga presente en la mayoría de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), considerando también aquellos cuya prioridad está concentrada en educación de calidad, ciudades sostenibles, el medio ambiente, el crecimiento económico, las normas de consumo y producción sostenibles, las sociedades inclusivas y pacíficas, igualdad entre géneros y la seguridad alimentaria, debido a que la cultura es facilitadora y motor de impulso para las dimensiones económica, social y ambiental del desarrollo sostenible.
El pasado 8 de febrero de este 2022, la UNESCO presentó el Informe Mundial titulado Repensar las políticas para la creatividad. Plantear la cultura como un bien público global, como un seguimiento de los acuerdos tomados en la Convención de 2005, sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, y siendo este informe el único en su tipo, brinda una visión global de cómo se encuentra el ámbito cultural y creativo al ventilar datos que ponen de manifiesto las tendencias emergentes a nivel mundial, además de proponer recomendaciones para la implementación de políticas que fomenten y desarrollen ecosistemas creativos para contribuir a llegar a la meta de un mundo sostenible en el 2030 y continuarlo más allá.
Actualmente, las áreas de cultura y creatividad constituyen el 3.1% del Producto Interior Bruto (PIB) mundial y el 6.2 % del total del empleo. Siendo uno de los sectores económicos más nuevos y de más rápido crecimiento en el mundo, hay obstáculos, tanto nuevos como persistentes, que hacen que la economía creativa sea también uno de los sectores más vulnerables y tienda a verse ignorado en las inversiones públicas y privadas. Cabe resaltar que precisamente los sectores culturales y creativos se encuentran entre los más afectados por la pandemia; tan solo en 2020 se perdieron más de 10 millones de puestos de trabajo, como efecto directo se que la inversión pública en cultura se ha visto notoriamente disminuida en la última década, provocando que las profesiones creativas sigan siendo en general inestables y poco reguladas.
Si bien es cierto que la cultura y el entretenimiento cuentan con una gran proporción de empleo femenino (48,1 %), la igualdad de género todavía se encuentra muy lejana, y desgraciadamente solo el 13 % de las evaluaciones nacionales voluntarias del progreso hacia la Agenda 2030 reconocen la contribución de la cultura al desarrollo sostenible. Las marcadas diferencias entre los países desarrollados y los países en desarrollo marcan pautas tajantes, ya que los países desarrollados lideran el comercio de bienes y servicios culturales, con un 95 % del total de las exportaciones de servicios culturales. Y si bien la pandemia de COVID-19 ha destacado férreamente que ningún país puede, por sí solo, proteger y promover la diversidad dentro de su territorio y fuera de él, por lo que es urgentemente necesario apreciar y preservar el valor de la cultura como bien público global, en beneficio de las generaciones presentes y futuras.
En lo referente a las dimensiones medioambientales, sociales y económicas del desarrollo sostenible, se considera que la cultura es uno de los principales enlaces de unión de las diferentes áreas de la vida, además de que influye positivamente y de manera directa en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, debido a que promueve una integración transversal en muchos ámbitos, y que desde al año 2005, la diversidad cultural ha sido reconocida como generadora de un abanico de posibilidades para cultivar y desarrollar los valores y capacidades humanas, contribuyendo de manera directa al desarrollo de la humanidad, como lo establece el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En la Convención de 2005 sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales de la UNESCO, se quedo establecido que “la cultura es una fuerza impulsora del desarrollo sostenible para las comunidades, los pueblos y las naciones. Es una potente plataforma para el empoderamiento humano, en particular de aquellos a los que se ha dejado atrás, dándoles una voz que las sociedades escucharán. Empodera a los jóvenes no solo en su capacidad para abrazar la diversidad y respetar las opiniones de los demás, sino también en su poder para imaginar y dar forma a las sociedades en las que quieren vivir.”
Por su parte, el Secretario General de las Naciones Unidas, en su informe de 2020 (ECOSOC, 2020), levantó la voz de alarma al resaltar cómo el cambio climático está sucediendo mucho más rápidamente de lo previsto, estimando que para finales de este siglo la temperatura del planeta haya aumentado más de 3ºC, muy por encima de los objetivos establecidos en el Acuerdo de París (PNUMA,2020), por lo que es impostergable que los países inviertan en transformar y generar modelos creativos de producción y consumo, para poner límites y lograr la adaptación a las consecuencias inevitables de las crisis climática. A través de la cultura, proponer programas sustanciales hacia una verdadera transición ecológica y de justicia social, enderezar el camino hacia un nuevo modelo económico que sea verdaderamente eficiente en la utilización de los recursos, sostenible e inclusivo, pues como lo señala Karima Bennoune, Relatora Especial de las Naciones Unidas en el área de los Derechos Culturales en su informe de 2020, afirmando que las poblaciones más afectadas por el cambio climático suelen ser las que menos han contribuido al mismo y las que cuentan con menos recursos para proteger sus culturas contra sus efectos, lo cual puede acarrear una terrible segregación cultural vinculada al cambio climático y a un catastrófico proceso de “supresión” mediante el cual buena parte de la historia y la huella cultural de las víctimas principales de ese fenómeno podrían acabar desapareciendo, mientras que la huella de sus principales responsables se protegería mejor y tendría más probabilidades de sobrevivir”
En lo que respecta a las políticas públicas, se está recurriendo a dos tipos principales de respuesta para abordar el problema más importante de nuestro tiempo, en primer lugar, tanto en el mundo académico como en los círculos políticos, se está promoviendo cada vez más conciencia de la capacidad transformadora desaprovechada de la cultura en cuanto a las medidas climáticas: las causas del cambio climático están relacionadas con los valores y los estilos de vida, por lo que contar con expresiones culturales diversas puede fomentar ciertos valores, alimentar la capacidad de reimaginar un futuro distinto para el planeta o ayudar a poner en práctica enfoques adaptados a las situaciones de conflicto para hacer frente a as repercusiones del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra.
El informe Repensar las políticas para la creatividad. Plantear la cultura como un bien público global, señala que los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil, especialmente en Europa, América del Norte y América Latina y el Caribe, están utilizando las expresiones culturales para fomentar el entendimiento y generar compromiso político con el cambio climático y las cuestiones medioambientales.
Desafortunadamente la pandemia de COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de una cooperación y solidaridad internacionales sostenidas y reforzadas, así como la importancia de las experiencias vividas por las personas en relación con las decisiones políticas. Los confinamientos agravaron las desigualdades y supusieron un reto para los sectores culturales y creativos, situación que propició que el Banco Interamericano de Desarrollo, el MERCOSUR y otros asociados internacionales se centraran en la recopilación de datos para evaluar el impacto de la pandemia de COVID-19 en los sectores culturales y creativos.
Los resultados develaron desequilibrios mundiales en este sector, y que se han señalado como la base de la solidaridad internacional, subrayando como urgente la necesidad de integrar sistemáticamente estos retos en las estrategias de cooperación y en los planes de recuperación a nivel mundial. En los próximos cuatro años, un reto primordial será garantizar que el financiamiento de la cooperación internacional para la cultura no quede relegado a un segundo plano en la recuperación posterior a la crisis de la COVID-19.
Cierro esta participación con una importante frase:
“La educación no solo enriquece la cultura… es la primera condición para la libertad, la democracia y el desarrollo sostenible”
Kofi Annan
Enfoque Educativo con Laura Aguila 🖋️
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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