
El proceso que posibilita conectar elementos físicos cotidianos al Internet como objetos domésticos comunes hasta aquellos recursos y dispositivos útiles para atender la salud, se le conoce como “el Internet de las cosas” (IoT), y puede extenderse aun más hacia prendas y accesorios personales “smart”, llegando incluso a ser elementos primordiales en las llamadas “ciudades inteligentes”. Estos dispositivos se caracterizan por recibir y realizar transferencia de datos por medio de redes inalámbricas con una mínima intervención humana, y esto es posible por la integración de dispositivos informáticos en ya casi todo tipo de objetos cotidianos, este sistema tecnológico posibilita que los objetos además de conectarse a Internet, también se conecten entre sí, convirtiéndose en sistemas “ciberfísicos”, generando un ecosistema interconectado de dispositivos y máquinas (teléfonos inteligentes, automóviles, televisores, relojes, electrodomésticos,etc.) que facultan a los usuarios, controlar sus dispositivos desde cualquier lugar en que se encuentren.
Hace 22 años, en 1999, Kevin Ashton (tecnólogo y experto en transformación digital del MIT) creó el término “el Internet de las cosas” (IoT) para presentar la idea innovadora y visionaria en aquel tiempo, de conectar las máquinas a Internet para que pudieran compartir información entre ellas y con los seres humanos, marcando el proceso de cambio que permitiría a las máquinas convertirse, en palabras de Kevin Ashton, en el “sistema nervioso de la humanidad”.
Con base en estos avances tecnológicos, se estima que la futura generación de computadores y dispositivos electrónicos, sean diseñados y construidos sobre plataformas IoT (Internet Of The Things), lo que representaría un computador sin hardware (elementos físicos o materiales que constituyen una computadora o un sistema informático), y por lo tanto la comunicación con y entre objetos ya no necesitará intervención humana alguna.
De este internet de las cosas, se desprende otro término con el cual aprenderemos a convivir en el futuro inmediato, y es “la tecnología vestible” (wearables), y que incluye todo el conjunto de dispositivos electrónicos que se integran a alguna parte del cuerpo humano, haciendo posible la capacidad de actuar como una conexión del usuario con otros dispositivos, para ejecutar una función o acción concreta. Este tipo de aditamentos incorporan un microprocesador que puede transformar un objeto de uso común en mutifuncional, tal es el caso de los podómetros (aparato para contar el número de pasos que da la persona y la distancia recorrida), monitores de frecuencia cardiaca, aparatos de geolocalización (GPS), los smartwatch (sus funciones se pueden sincronizar con smartphones y/o tablets, o bien de modo independiente), los oxímetros, por mencionar algunos.
¿Por qué el término tecnología vestible?
Básicamente porque son dispositivos que una persona puede “llevar puestos”, como los visores, que incluyen las tecnologías de “realidad aumentada” (en donde el entorno se superpone al mundo real) o “realidad virtual” (el usuario entra en un entorno inmersivo), en los cuales se emplean ambientes diseñados y generados por computadora. La visión es que la tecnología vestible eliminará los límites existentes entre el cuerpo humano y la tecnología, promoviendo que esta brinde ayuda a personas con alguna discapacidad a través de la construcción de prótesis avanzadas, y de implantes que mejoren la calidad de vida de las personas. En los últimos dos años y a raíz de la pandemia por COVID-19, la tecnología vestible ha sido una poderosa y eficaz herramienta, ya que con el uso de estos aparatos que monitorean y recolectan signos vitales de las personas que los utilizan, como temperatura corporal, frecuencia cardiaca y frecuencia respiratoria, demostraron su valiosa utilidad para ayudar a evitar la propagación del Covid-19.
En el campo educativo, la realidad aumentada, el aprendizaje inmersivo y la tecnología vestible (wearables) representan poderosas herramientas para transformar el aprendizaje, el uso de los smart glasses, o visores, google cardboard (lentes de realidad virtual (VR) hechas con cartón y lentes de distancia focal, que se utilizan con un smartphone) para proyectos de realidad virtual, por lo que el incorporar el uso de estas tecnologías incrementará la eficiencia y productividad en las aulas al aumentar de manera importante el interés y la motivación de los estudiantes hacia las actividades académicas. Es sustancial entender que el modelo educativo en donde el aprendizaje estaba centrado en libros, cuadernos y pizarrones ya no es aplicable a las nuevas necesidades, los estudiantes actuales con “nativos digitales” y el uso de la tecnología beneficia su proceso de aprendizaje.
Todos sabemos que la pandemia por COVID-19 aceleró un proceso digital que difícilmente se detendrá, diariamente se utilizan diferentes dispositivos en la vida cotidiana, y precisamente lo que se ha buscado es que la tecnología vestible sea provechosa en el campo educativo, y entre algunas de sus ventajas encontramos:
- Enriquece la eficiencia y productividad en el aula.
- Incrementa el interés de niños, niñas y adolescentes en las actividades académicas, al potenciar las experiencias de aprendizaje.
- Brinda flexibilidad y capacidad de adaptación permitiendo a los estudiantes seguir sus propios ritmos en el aprendizaje.
- Refuerza la atención de los estudiantes y por lo tanto se refleja en su nivel de comprensión hacia los contenidos de aprendizaje.
- Favorece la autonomía en los estudiantes, al trabajar y asimilar que ellos son los responsables de construir su propio proceso de aprendizaje, y a largo plazo se formarán individuos autosuficientes con capacidad de resolución ante los retos de la vida cotidiana.
- Favorece el aprender a aprender.
- Potencia el desarrollo del pensamiento crítico, al incentivar compartir y socializar el conocimiento, al romper el paradigma espacio-tiempo, e
- Impulsa el desarrollo de la creatividad, pues las nuevas tecnologías ponen a disposición de los centros escolares herramientas que permiten a las y los alumnos interactuar con la información y generar contenidos.
A este respecto, el Dr. Klaus Schwab (economista y empresario alemán, fundador del Foro Económico Mundial), señala que la “cuarta revolución industrial comenzó a principios de este siglo y tiene como base la revolución digital…genera un mundo en el que los sistemas de fabricación virtuales y físicos cooperan entre sí de una manera flexible a nivel global” e incluye la creación del big data, redes sociales y la inteligencia artificial, y que son llamadas tecnologías 4.0, debido a que es una combinación vanguardista de estos sistemas inteligentes con las personas y con las organizaciones laborales. Dentro de todo este mar de avances tecnológicos, la Inteligencia Artificial (AI) se observa como quizá la que está generando las transformaciones más importantes en la economía, la sociedad, educación y el mercado laboral, pues la robótica o deja de evolucionar y los cobots (robots creados para interactuar físicamente con humanos en un entorno colaborativo de trabajo) prontamente serán factor clave en las industrias. Y qué decir de las impresoras 3D y 4D, tecnología ampliamente utilizada en sectores como la medicina, diseño, arquitectura, ingeniería y educación. Como puede observarse, desde la actividad física, el campo educativo, hasta la atención de la salud y el infoentretenimiento la tecnología vestible ha cambiado el modo en que los consumidores reciben y envían datos a todo el mundo, lo que ha permitido abrir las puertas para que el mercado de este sector crezca de manera exponencial en el futuro próximo.
La pregunta que subyace es si México se encuentra preparado para insertarse en este océano tecnológico, que cada vez reclama mayor preparación y visión a un mañana que ya nos alcanzó y nos está rebasando. Mientras se continúe con acciones arcaicas en el ámbito educativo, se destruyan instituciones, centros de investigación, paralizando la producción de ciencia y tecnología, continuaremos en un atraso que costará muchos años subsanar.
Carlos Aguila Franco
Periodista y analista político desde 1984, egresado de la UNAM. Experto en comunicación social y campañas políticas. Ha colaborado con medios y diarios como el Diario de los Ángeles (EEUU), ABC Radio, Ruiz-Healy Times, entre otros. Funcionario de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Conasupo, Segob, PGJDF, DDF, Gobierno del Estado de Sonora, Municipio de Tlalnepantla. Exsecretario técnico de la Comisión de Asuntos Electorales en la LVII Legislatura del Estado de México (2009 a 2012). Autor de los libros: “La realidad de los partidos políticos” (1995), “La ciudad que entró en caos” (1998), “La ciudad de México en caos y desesperanza ¿Un mentiroso a la presidencia?” (2006), “Diez años de caos y corrupción en la CDMX (2008).”
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