
A nivel mundial y en México particularmente, la inusual experiencia vivida en al ámbito educativo en donde la emergencia sanitaria por COVID-19 apremió la aplicación de estrategias para continuar con la enseñanza aprendizaje de manera remota, después de 15 meses ha clarificado que implementar acciones emergentes no es lo mismo que tener un proyecto de educación a distancia formal y productivo, para lo cual se requiere una estructura y planeación del trabajo académico.
En un ambiente de aprendizaje presencial, los elementos están dados de antemano considerando un calendario escolar, una planificación y un ritmo de trabajo que se diseñan de acuerdo a las cargas horarias dentro del aula. En el interior de un colegio, directivos, docentes y alumnos, cuentan con materiales de trabajo, pueden determinar en qué momento emplear y cambiar las actividades de enseñanza con base en la interacción, necesidades y respuestas observadas en los alumnos, situaciones que no han estado presentes en el trabajo realizado vía remota durante la pandemia. Aun cuando se ha hecho uso de herramientas tecnológicas para tratar de disminuir el impacto causado por no poder estar en clases presenciales, estas acciones también demandan su uso y aplicación dentro de un contexto planeado, con sentido y dirección, para estructurar el entorno educativo.
Recordemos que la forma en que se diseña y construye una sesión educativa en educación presencial y a distancia, tiene diferencias muy importantes, y que la propia disposición de la educación a distancia ha impactado en el actuar docente, en los procesos de aprendizaje de los alumnos, y desde luego en el logro de los objetivos programáticos e institucionales. Si retomamos el concepto de que el aula (presencial o virtual) se constituye como una comunidad conformada por alumnos y profesores, que tienen convivencia y participación dentro de un proceso educativo, en donde cada estudiante interpreta y asimila la información de una forma diferente, el recurso tecnológico no puede considerarse la solución total y única para cubrir las necesidades y demandas de dicha comunidad.
La realidad nos llevó a adoptar la tecnología como parte fundamental de la solución a esta emergencia, se le valoró como el elemento primordial para potenciar y cubrir con las necesidades de culminar un ciclo escolar y transitar en su totalidad uno nuevo. Lo que se perdió de vista fue la brecha digital existente en nuestro país (la diferencia en el acceso y conocimientos de uso de las nuevas tecnologías), y que está determinada por criterios económicos, geográficos, de género, por edad y entre diferentes grupos sociales, lo que naturalmente ha representado una enorme piedra en el camino.
A lo largo de más de 460 días de confinamiento, y de trabajo a distancia, quizá el punto más relevante sea el de las relaciones humanas, mismas que se han transformado de manera sustancial. Mientras que en un ambiente áulico presencial el profesor tiene la comunicación inmediata con sus alumnos, en el entorno virtual la interacción depende de una buena conexión y calidad en la transmisión de datos, imagen y audio, lo que ha favorecido a desencadenar agotamiento físico, psicológico y emocional para ambas partes, puesto que se requiere de un mayor esfuerzo para comunicarse, expresarse y comprender al otro. Y si a esto agregamos el que los distintos contenidos académicos de las asignaturas requieren también diferentes maneras de enseñarlos para afianzar su aprendizaje, el panorama se transforma complejo, ya que invariablemente marcará dos rutas: la de solamente producir evidencias por parte de los alumnos o la de aprender significativamente. En este caso, los responsables de las políticas educativas (SEP), apostaron por la primera, promoviendo el realizar “algo” como evidencia de que el tiempo de clase fue empleado para obtener un “producto” que pueda verse y evaluarse, ignorando la segunda vía en donde el objetivo consiste en promover que el alumno se apropie del nuevo conocimiento, mediante un anclaje con el aprendizaje que ya tiene internalizado y genere así su propio proceso de aprendizaje. Y aquí vendría muy bien la frase de que no es lo mismo cantidad que calidad, el llenar libros y cuadernos con actividades no son garantía del aprendizaje auténtico y significativo del alumno, lo que redunda también en una evaluación alejada de la realidad.
Para consolidar y tener una evaluación auténtica, las estrategias de enseñanza debieron haberse encarrilado a privilegiar un proceso de aprendizaje real, vinculado a la vida cotidiana del alumno, ya que un conocimiento descontextualizado, y en una modalidad de trabajo a distancia, ha generado más ansiedad en alumnos, docentes y directivos así como al entorno familiar de los estudiantes, puesto que la línea que separa a la verdadera evaluación de la “medición” (asignación de un numeral), se convierte en muy delgada. Si bien es cierto que en educación son necesarias las puntuaciones y datos, que permitan generar indicadores para valorar si se cumplieron los estándares requeridos, SEP ha expresado a través de su ACUERDO NÚMERO 16/06/21 POR EL QUE SE REGULAN LAS ACCIONES ESPECÍFICAS Y ESTRAORDINARIAS RELATIVAS A LA CONCLUSIÓN DEL CICLO ESCOLAR 2020-2021, EN BENEFICIO DE LOS EDUCANDOS DE PREESCOLAR, PRIMARIA Y SECUNDARIA ANTE EL PERIODO DE CONTINGENCIA SANITARIA GENERADA POR EL VIRUS SARS-CoV2 (COVID-19), una mayor preocupación por contar con evidencias de que “se hizo algo”, girando instrucciones para la asignación de puntajes, que nada tienen que ver con la realidad vivida estos meses. Al parecer se olvidaron una vez más de las necesidades del alumnado, del personal educativo, de la comunidad y de las instituciones, haciendo a un lado una evaluación auténtica y funcional para el aprendizaje, que permita valorar y direccionar la planeación educativa para el siguiente ciclo escolar.
Básicamente, el mencionado Acuerdo Secretarial “detalla” como deberán registrarse las calificaciones finales correspondientes al ciclo escolar 2020-2021, estableciendo como eje central, los logros de los aprendizajes de los educandos obtenidos a la distancia, considerando “los niveles de comunicación y participación en las actividades señaladas por el personal docente”.
Para el alumnado con quien se mantuvo una comunicación y participación sostenida durante los tres periodos de evaluación, serán acreditados y promovidos. Se hace hincapié en que la calificación mínima a registrarse en la boleta será de 6.
Para las y los alumnos con quienes se tuvo una comunicación y participación intermitente, en uno, dos o los tres periodos evaluativos, si las condiciones son favorables, el docente realizará una valoración general de conocimientos logrados durante el ciclo escolar. Podrá considerar la realización de tareas, trabajos, actividades académicas extraordinarias adicionales u otros aspectos que demuestren los aprendizajes y saberes adquiridos.
Y en el caso de los alumnos con quienes prácticamente no se mantuvo comunicación, se registrará en la boleta de evaluación la leyenda “sin información”
El acuerdo también detalla que sobre un periodo extraordinario de recuperación, el cual abarcará del inicio del ciclo escolar 2021-2022 hasta el término del primer periodo de evaluación.
Dicho periodo extraordinario partirá de una valoración diagnóstica de los educandos a cargo del docente del grupo o de asignatura, con la cual diseñará un plan de atención bajo un esquema de nivelación del grado escolar o asignatura que le permita avanzar en los aprendizajes del siguiente grado escolar.
Precisa que la valoración diagnóstica y el plan de atención se realizarán a todos los educandos sin excepción, dando prioridad a aquellos con niveles de comunicación y participación intermitente, así como inexistente en el ciclo escolar apenas concluido. Si el plan de atención será igual para todos, no se observa con claridad cuál será el beneficio real para quienes tuvieron poca regularidad en sus clases en línea.
La Secretaría de Educación Pública deja muy claro el siguiente aspecto: “En ninguno de los casos podrá retenerse a los educandos en el grado escolar en el cual se encuentran inscritos, considerando que se encuentran sujetos a un proceso de valoración extraordinaria”.
Por lo tanto, sin tener mayor importancia la calidad educativa con que se haya cursado el ciclo escolar, y desde luego con una muy “sui generis” evaluación de los aprendizajes adquiridos, todos los estudiantes transitarán al siguiente grado escolar con considerables rezagos y pérdida de aprendizajes, que será complicado cubrir en el mencionado y breve “plan de atención”.
La experiencia del trabajo en línea, en el escenario educativo de México, nos muestra con precisión desde educación básica hasta educación superior, que todavía falta un extenso camino por recorrer, para poder estimar que la tecnología cómo única herramienta, pueda ser el elemento central de la educación. Hemos comprobado que no solamente se trata de utilizar dispositivos electrónicos, las plataformas educativas cuentan con un cúmulo de factores para ser habilitadas y que sean funcionales, iniciando porque para poderlas programar se basan en planes y programas de estudio, algunas más personalizadas incluyen la misión y visión de las instituciones educativas, también es necesario que si exista “alguien del otro lado” que brinde retroalimentación a los estudiantes, maneje los contenidos importantes, motive a los alumnos, identifique sus fortalezas y áreas de oportunidad. Más allá de simplemente “mostrar” imágenes y contenidos a través de una pantalla, se precisa también ese alguien que fomente las habilidades de interacción, y que exhorte al alumnado a comprender la orientación educativa de las plataformas.
Podemos concluir que la enseñanza de la pandemia en el campo de la educación revela que adaptar simplemente estrategias para el trabajo en línea, no cubre los requisitos que implica la educación formal a distancia. Una planeación correcta y logística adecuada, así como la utilización de recursos pedagógicos son elementos fundamentales que deben diseñarse con dedicación y esmero, sin olvidar la adaptabilidad y flexibilidad para irse reestructurando con base en las necesidades del alumnado. Directivos, docentes, estudiantes y autoridades educativas requieren contar con disponibilidad para trasformar los modelos tradicionales de enseñanza, y considerar desempeñar roles más participativos y creativos, para que situaciones emergentes como la que estamos viviendo, se traduzcan en cambios favorables y perdurables, reforzando así la consolidación de una cultura educativa capaz de brindar educación de calidad a todas y todos los estudiantes.
Y aunque la educación a distancia en México ya cuenta con una historia de 50 años, no ha logrado permear y tener el peso y alcance como la educación presencial, por diversas razones, entre las de mayor importancia se encuentran los aspectos socioeconómicos. Los responsables de la educación en nuestro país necesitan comprender que las soluciones temporales y emergentes, se encuentran muy lejos de significar siquiera un proyecto de educación formal, la planificación, implementación, desarrollo y evaluación de un proyecto educativo no “surgen de un día para otro”, y tampoco lo es trasladar las acciones que se realizan en una clase presencial a compartirlas ahora a través de una pantalla. Se precisa del trabajo de expertos en educación que planeen y diseñen la estructura adecuada y realicen el seguimiento y evaluación necesaria, para asegurar que los recursos y actividades ahí plasmadas le permitan al estudiante tener una experiencia exitosa y satisfactoria de aprendizaje.
Lamentablemente, la responsable de la educación en nuestro país, sigue mostrando no solamente su lealtad ciega a la figura presidencial, sino también la carencia de liderazgo, así como ineptitud para enfrentar y resolver las problemáticas y necesidades que en este rubro se han acumulado, su principal preocupación sigue siendo cumplir los absurdos caprichos de su jefe. Tal pareciera que la SEP se encuentra acéfala, los planes y programas de estudio prometidos no existen a la fecha, el rediseño de los libros de texto son un eslabón más de la innumerable cadena de fracasos, nuevamente los más afectados seguirán siendo la población más vulnerable: los niños y los jóvenes, quienes como ya se ha comentado en reiteradas ocasiones, vislumbran un futuro mermado y complejo, gracias a que en esta administración el rasgo predominante es contar con una mente obtusa y pensamiento concreto.
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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