
Desde hace al menos 10 años se ha trabajado e investigado para que la educación digitalizada sea el futuro en el aprendizaje, ya que el mundo hace frente a una gran transformación fomentada por la “cultura digital”, en donde la robótica y la programación juegan un papel esencial.
A raíz de la emergencia sanitaria por COVID-19 y la necesidad de apresurar este paso, hemos aprendidos nuevos estilos de establecer relaciones sociales, de construcción de conocimiento y desarrollo de la ciencia, entre otras conversiones que no habíamos imaginado, siendo estas áreas emergentes las que están apoyando el surgimiento de tecnologías novedosas en automatización e inteligencia artificial (IA).
Es cada vez más frecuente escuchar términos como “la internet de las cosas”, “las fábricas inteligentes” y “sistemas ciberfísicos” (mecanismos monitorizados por algoritmos basados en computación ligados con internet), entre otros más, y que los expertos sencillamente llaman la cuarta revolución industrial. Todos conocemos que el mundo se mueve a velocidades precipitadas, demandando que las personas sean curiosas, flexibles y proactivas, y en el caso del campo educativo, incluye a profesores, estudiantes y a las instituciones, desde nivel básico hasta universidad.
Debido a ello, resulta imperioso que las escuelas se transformen en ambientes o contextos en donde verdaderamente se construya conocimiento, un conocimiento que sea útil a los estudiantes para que puedan incorporarse en la globalización cultural actual y en la sociedad del futuro, impulsando la integración de saberes emergentes (prácticas que impactan en las condiciones futuras de la vida humana), en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Este confinamiento por pandemia, y los cambios en la forma de trabajar que se han implementado al estar cerradas las escuelas, dejan en claro que la colaboración ha sido uno de los valores fundamentales para lograr los objetivos, el integrar los recursos y apoyos tecnológicos a través de redes de aprendizaje que han facilitado relaciones de cooperación entre pares, ya sea docentes, alumnos y entre comunidades educativas.
Por lo que ha llegado el momento de realizar una disrupción en los modelos educativos, entendiéndose con este término una educación que rompa con lo establecido para mejorar lo que existe y construir nuevos estándares. A nivel mundial se ha experimentado la necesidad, avalada por estudiosos en el tema, de que es necesario y urgente un cambio en el sistema educativo actual, decadente y anacrónico al encontrase anclado a prácticas inoperantes que no responden a la era digital.
Ken Robinson, quien fuera una de las figuras más reconocidas internacionalmente en el campo educativo (fallecido en agosto de 2020), señalaba que “mientras en los últimos 50 años las esferas económica, cultural y personal han tenido una gran transformación, los sistemas educativos no se han movido un ápice en sus programas y objetivos”. Considerando que la actual forma de enseñar carece de la capacidad de formar a los alumnos de hoy, en las competencias que necesariamente han de dominar para insertarse en una sociedad digital, es por ello que se habla de la necesidad de una educación disruptiva, que propicie la reorientación del aprendizaje.
¿Cómo se visualiza la escuela del futuro?
Habitualmente los sistemas educativos se mueven a un ritmo lento en comparación con los avances tecnológicos, es esencial que sean reestructurados, NO readaptados: disrupción es la palabra.
Por ello debe volverse la mirada a impulsar la individualización de la personalidad de cada estudiante y de sus habilidades, ya no es factible simular que todos los estudiantes aprenden igual que el resto de sus compañeros, como el sistema educativo lo abordó y lo hizo creer por décadas, es fundamental conocer y potenciar las diferencias de cada uno de los partricipantes.
Considerar el aprendizaje disruptivo permite que las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) y las TAC (Tecnologías del Aprendizaje y Conocimiento), sean consideradas y visualizadas como plataformas por sí mismas, para que sean la forma más accesible y viable para el aprendizaje adaptativo, ya que favorece la innovación en los ambientes de aprendizaje que permiten a los estudiantes apropiarse del conocimiento, y a su vez, compartirlo entre pares.
Hablar de educación y aprendizaje disruptivo, es resaltar el estilo de educación que rompe con lo establecido, interrumpiendo el tradicional modelo de transmisión de conocimientos, abriendo paso a nuevas alternativas para el aprendizaje. La educación disruptiva facilita la introducción de avances e innovaciones tecnológicas, así como la amplitud de usos en el ámbito de la comunicación.
El modelo disruptivo visualiza al alumno como el constructor de su propio proceso de aprendizaje, resaltando la importancia que tiene el respetar los diferentes ritmos y estilos personales para aprender, promoviendo un tipo de curriculum abierto, inclusivo e incluyente que garantice a todos los estudiantes el acceso a un verdadero aprendizaje (Aprendizaje Adaptativo), esas viejas concepciones de que un mismo modelo educativo es útil y funcional para todos ya no aplican más ante las nuevas necesidades que impone esta era de aprendizaje digital.
A lo largo de estos 14 meses de pandemia ya nos hemos familiarizado con el e-Learning, el siguiente paso es introducir es “romper filas”, permitiendo un aprendizaje ubicuo (brindar un aprendizaje personalizado en cualquier momento y en cualquier espacio, contando con un dispositivo electrónico), personalizado y cambiando radicalmente el paradigma de los espacios educativos y de aprendizaje.
Al ser flexible en el uso de los recursos, se facilita poder adaptar los aprendizajes a las características y necesidades reales de los estudiantes, ya que estos pasan a ser el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje, participando activamente en la construcción de sus conocimientos.
Recordemos que el rol del docente ha dejado de ser solamente un transmisor de contenidos, a un tutor cuyas funciones abarcan orientar, guiar apoyar y facilitar los procesos formativos.
La escuela del futuro requiere de reorientar sus políticas, priorizando el puntual conocimiento de fortalezas y áreas de oportunidad de cada uno de sus estudiantes, apoyándose en los datos que arrojen las evaluaciones diagnósticas y formativas, realizando el análisis de los mismos (big data).
Primordial es considerar la relevancia de desarrollar las aptitudes de cada alumno, generando en ellos confianza, certeza y mayor motivación e interés en el aprendizaje, ya que la mejora del ambiente educativo tendrá injerencia directa en el desarrollo de competencias de aprendizaje en los educandos, recordar que un docente que sabe motivar a sus alumnos, genera que el aprendizaje sea valorado, sea de manera presencial o en línea.
Promover el aprendizaje a través de la resolución de problemas, el aprendizaje centrado en la realización de proyectos de investigación, siendo ambos estrategias que favorecen el pensamiento crítico y las habilidades de razonamiento para indagar y buscar soluciones a situaciones o problemas del mundo real e inmediato. Este modelo respalda en gran medida en aprendizaje personalizado y conlleva a una evaluación auténtica, evaluación directa de los productos logrados por el alumno y de su rendimiento, así como el adecuado uso de los portafolios de evidencias, ya sean físicos o digitales.
Desde luego que construir nuevos entornos de aprendizaje requiere también de modificaciones en los diseños de instrucción, es decir, el grupo docente precisa de estar capacitado en comunicación y colaboración digital, uso de plataformas educativas y recursos en la red, habilidades para estructurar los cambios que los alumnos necesiten en el aprendizaje adaptativo, como trabajar exitosamente en un modelo híbrido, y lo más gratificante: como implementar el aprendizaje disruptivo.
Se trata de generar ambientes de aprendizaje, en donde a través de la gamificación, plataformas interactivas, y laboratorios virtuales se facilite a los alumnos el aprender y desarrollar sus competencias matemáticas, en ciencias e idiomas. Un modelo nuevo de escuela es necesario y posible, si se voltea a ver las nuevas formas de aprender, en donde a cada alumno se le haga sentirse capaz, protagonista de su propia apropiación de la enseñanza, y acompañándolo a través de la “cultura digital”.
La escuela del futuro visualiza la trascendencia de la trilogía para un aprendizaje exitoso: personal calificado, estudiantes motivados e interesados y el entorno físico (dentro del aula y fuera de ella), flexibilidad para adaptar diversas estrategias de enseñanza y aprendizaje; eficiencia al diseñar cambios sostenibles y duraderos a largo plazo; ergonomía, considerando las necesidades reales de la población a atender y que el estudiante pasa un buen número de horas en clase por lo que es el mobiliario el que debe adaptarse a las características de los alumnos y no al revés; intervalos para realizar activación física, teniendo presente que no es viable mantener a un grupo de estudiantes sentados y atentos mucho tiempo.
En la escuela del futuro, ese futuro que podríamos considerar ya se encuentra entre nosotros, es urgente empoderar al estudiante trabajando su autoestima, siendo facilitadores del proceso de aprendizaje, fomentando la creatividad e impulsando estímulos para aprender, motivar e involucrar al estudiantado para enfrentar los retos del mañana.
Inteligencia Artificial, Aprendizaje Inmersivo, Realidad Virtual, Realidad Aumentada, Aprendizaje Adaptativo, Tecnologías de la Información (TIC),Tecnologías del Aprendizaje y Conocimiento (TAC), Tecnologías del Empoderamiento y la Participación (TEP), Aprendizaje Disruptivo, Aprendizaje Situado, Big Data, son términos que ya viven entre nosotros, y que constituyen el mañana de la educación a nivel mundial, no podemos estar aislados y frenar el futuro de la nuevas generaciones al buscar seguir anclados a sistemas educativos agotados, decadentes, que se encuentran alejados de la realidad mundial, y que únicamente aseguran retroceso en las políticas educativas, manteniendo al país en franco aletargamiento y desventaja en todas las áreas de desarrollo.
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.

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