
Cuando son fuertes, las habilidades sociales y emocionales permiten una gestión exitosa de tareas de la vida como el aprendizaje, la resolución de problemas, el control de la impulsividad, así como el cuidado de uno mismo y de los demás (Tony Evers, político y profesor estadounidense).
El aprendizaje social y emocional (social and emotional learning, SEL) se define como aquel proceso a través del cual, niños, adolescentes y adultos logran adquirir y aplicar de manera eficiente y eficaz los conocimientos, actitudes y habilidades necesarias para comprender y manejar las emociones, estableciendo y alcanzando metas positivas, mostrando empatía por los demás, reforzando el sostenimiento de relaciones positivas que le permitan tomar decisiones responsables.
La importancia de considerar el SEL como parte indispensable del proceso de aprendizaje, se visualiza como un apoyo útil para que niños y jóvenes incrementen su éxito escolar y en la vida debido a que el aprendizaje social y emocional posibilita el desarrollo de las habilidades blandas. Aquí radica la significación de que los docentes consideren desarrollar en sus estudiantes las habilidades para ser más resolutivos y competentes ante los retos de la vida cotidiana, creando un ambiente de aprendizaje mayormente colaborativo.
Naturalmente que no se trata de nada nuevo en el ámbito educativo, ya que la regulación de emociones es un trabajo que se realiza desde el nivel preescolar en educación básica, sin embargo a raíz del confinamiento debido a la pandemia y al hecho de que nos enfrentamos a una transformación digital así como a una escasa interacción social, que en mayor o menor medida ha afectado las habilidades emocionales de las personas y por ende alterando incluso los comportamientos sociales en los diferentes ambientes, es que se le brinda un mayor peso y relevancia a las habilidades sociales dentro de las aulas y fuera de ellas.

A lo largo de estos cerca de 21 meses en donde se ha tenido que aprender tanto por parte de los docentes como de los estudiantes a autogestionar y autodirigir los procesos de aprendizaje y de enseñanza, es fundamental continuar promoviendo el compartir ideas, entender el punto de vista de cada estudiante y aprender a socializar el aprendizaje, recordando que las neurociencias resaltan la necesidad de formar las habilidades para la vida y que abarcan destrezas en el ámbito social, emocional y ético y para ello, conocer los “pilares” en los que se apoya el aprendizaje social y emocional se hace inevitable:
Creatividad, en donde profesores y estudiantes propongan prácticas y estudio de casos en los que el propósito sea buscar soluciones, resolver conflictos y aplicar ideas a casos reales que les sean representativos.
Integración, retomar el hecho de que la inteligencia emocional se basa en la capacidad de asertividad y empatía y ello facilita a los estudiantes a estar más “conectados” con lo que ocurre a su alrededor y entender cómo pueden intervenir para causar un impacto social positivo e integrador.
Comunicación, el uso excesivo de la redes sociales ejercen un efecto limitante para poder expresar puntos de vista y emociones, se requiere retomar esta habilidad comunicativa para poder desarrollar el aprendizaje social y emocional.
Empoderamiento, desde luego que desarrollar y/o fortalecer las habilidades sociales y emocionales tanto en los estudiantes como en las personas en general, brindan seguridad y confianza en sí mismo, lo que se verá reflejado en enfrentar la resolución de retos, en la toma acertada de decisiones y por supuesto en un aprendizaje funcional para el resto de la vida.
A este respecto Daniel Goleman explica que “saber concentrarse es más decisivo para un niño, que su coeficiente intelectual”, por lo que propone que deberíamos enseñar a todos los niños y niñas a practicar y desarrollar la inteligencia emocional, destacando la importancia fundamental que juega hoy la capacidad de atención, ya sea como una forma de autocontrol, para mejorar la empatía con los demás o la comprensión del mundo que nos rodea, así como los beneficios de su entrenamiento, «La práctica de la atención es como un músculo. Si no lo utilizamos se debilita; si lo ejercitamos, se fortalece, por lo que el control cognitivo y la concentración pueden ser más decisivos para la vida de un niño que su coeficiente intelectual” (Daniel Goleman).
El alcance que tiene la inteligencia emocional en la actualidad se basa en que NO es un aprendizaje académico, puesto que se centra fundamentalmente en cómo las personas se manejan a sí mismas y ello se refleja en sus relaciones con los demás. Para lograr desarrollar la inteligencia emocional se debe comenzar por adquirir conciencia de uno mismo (identificar qué sientes, por qué lo sientes), este primer paso ayudará a identificar también las emociones negativas y/o perturbadoras y evitar que sean estas las que controlen el actuar de las personas, impidiendo realizar lo que verdaderamente se quiere. Se requiere también ser empático, es decir, entender cómo se sienten los demás, teniendo en cuenta que por lo general las personas no lo expresan todo con palabras (tono de voz, lenguaje no verbal, etc), y al gestionar todo ello beneficiará un adecuado manejo de relaciones humanas, participando de manera colaborativa en la resolución de conflictos, comunicando y escuchando, todo esto abarca la inteligencia emocional.
Como puede observarse, la educación emocional y social tiene también como uno de sus ejes principales el Aprender a Aprender de forma competencial, es decir, aprender de los errores y fracasos si estos son observados como una oportunidad para mejorar, gestionándolo a través de un entendimiento de las propias emociones, y en una relación de confianza mutua con el profesorado, para caminar sobre la ruta que lleve al estudiante a ser más autónomo, independiente y competente al aplicar sus conocimientos a los nuevos aprendizajes, transformando así la figura del alumno como un agente activo en el trabajo dentro del aula (virtual, presencial o híbrida), evolucionando hacia una ciudadanía global, apoyándose en la capacidad de autoconsciencia, empatía, flexibilidad y adaptación, inventiva, comprensión cognitiva y crítica de la realidad, capacidad de análisis de las realidades complejas y de una capacidad anticipatoria y prospectiva que permita percibir y entender el futuro inmediato.
No debe olvidarse que los seres humanos somos individuos sociales y, como tales, necesitamos contar con habilidades sociales y emocionales antes de desarrollar otras destrezas para sobrevivir y prosperar en el marco de una sociedad, y estas habilidades se conectan directamente con las relaciones interpersonales, la capacidad de negociación y desde luego, la formación de vínculos entre compañeros y con todas las personas con quienes convivimos, por lo que trabajar SEL en el aula ha demostrado reportar los siguientes beneficios:
- Ayudar al alumno a centrar su mente, a marcarse metas y orientar su trabajo hacia las mismas.
- Crear y fortalecer los lazos entre maestro y alumno.
- El docente conoce las necesidades del alumno que van más allá de lo puramente académico.
- Reducir la tensión emocional, el estrés y la ansiedad.
- Promover una actitud positiva ante al aprendizaje y la adquisición de nuevo conocimiento, que puede traducirse en un mayor rendimiento académico.
- Promueve una actitud más positiva tanto hacia uno mismo como hacia los demás.
- Fomentar el trabajo equipo y colaborativo
- Enseñar a manejar la frustración y demás emociones negativas, a aceptar que hay cosas que no se pueden cambiar.
En conclusión, adquirir y fortalecer la conciencia social se manifiesta en ser empático, aceptar y abrazar la diversidad, mostrar interés por comprender a los demás y la voluntad para poder acercarse a otros y ofrecer nuestra ayuda si es que la necesitan, todo ello habiendo antes aprendido a escuchar y ser escuchado, a respetar para ser respetado.
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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