
Habitualmente se conserva la idea de que un niño obediente representa la imagen de una persona con buenos modales y con valores, que ha recibido una correcta educación por parte de su familia.
Sin embargo, en los últimos tiempos observamos cada vez con más frecuencia, que a las nuevas generaciones se les puede calificar de muchas cosas, excepto de obediencia.
La Real Academia Española (RAE) define el término obedecer como cumplir la voluntad de quien manda, tan solo con esta definición se hace poco adecuado fomentar la obediencia. La responsabilidad por su parte habla de la libertad para actuar y reconocer y aceptar las consecuencias de nuestros actos.
Si se entiende con claridad que educar es guiar, establecer pautas de comportamiento, ayudarle a la persona a que saque lo mejor que lleva dentro de sí, formar el carácter, preparar para ser libre autónomo, es enseñar valores, conocimiento, costumbres que le permitan al individuo vivir en sociedad, se puede observar que todo ello en su conjunto se encuentra muy lejos de formar personas “obedientes”.
Inclinarse por educar desde la responsabilidad y para la responsabilidad, abrirá el camino para la formación de personas capaces de tomar decisiones de forma consciente y racional, no únicamente decidir por impulso, rutina o porque los demás así lo hacen, asumiendo también las consecuencias que de sus acciones se desprendan.
Winston Churchill alguna vez expresó que “el precio de la grandeza es la responsabilidad”, refiriéndose a que, para llegar a la excelencia en los diferentes ámbitos de la vida, es imprescindible ser responsable tanto de nuestras acciones como de nuestras inacciones.
Y aquí es donde comenzaremos a señalar la relevancia de formar a los niños bajo el criterio de la responsabilidad, que después de lo expresado, advertimos que es opuesto a la obediencia. Educar a los niños y niñas a ser responsables es una necesidad imperante en la actualidad, ya que permitirá a éstos tomar decisiones y ser independientes, entendiendo que la obediencia va de la mano con la sumisión, asimilar que esa educación arbitraria y autoritaria del pasado es obsoleta no es fácil, pues ha llevado a generaciones de padres a irse al otro extremo, el de la sobreprotección que observamos hoy día.

La línea que divide los extremos es frágil y delgada: por un lado, se encuentran los padres que en un afán de libertad “no educan”, y por el otro, los que en su afán de educar “no respetan” la libertad de sus hijos. Naturalmente las y los niños no nacen responsables y con la conciencia de lo que ello representa, la responsabilidad al igual que el compromiso y el esfuerzo, son valores que se viven y aprender diariamente desde el hogar, y a edades tempranas, por lo tanto, educar y formar niños y niñas responsables es una labor a largo plazo y que implica en su desarrollo a padres de familia, profesores en los centros escolares, y sociedad en general. Así, la responsabilidad, entendida como valor social, va de la mano con el compromiso que apoya a garantizar el cumplimiento de los acuerdos realizados, generando confianza y tranquilidad entre las personas.
La pregunta que probablemente en estos momentos surgirá es ¿qué tiene de malo la obediencia?
Al inicio de este texto, se dijo que comúnmente se relaciona la obediencia con la buena educación, y es muy cierto que la mayoría de los padres de familia desean que sus hijos sean disciplinados y cumplan al pie de la letra lo que se les solicita, sin embargo la cara oculta de ese acatamiento es que cuando se educa bajo una obediencia ciega, en donde los niños, niñas y adolescentes tienen que realizar lo que un adulto les señale, habitualmente se estará enseñando docilidad, subordinación y sometimiento, que además de violentar sus derechos humanos, los perfila a una posición de vulnerabilidad.
Otra cara oculta es la “rebeldía” que podrá manifestarse por el descontento hacia las normas estrictas de los padres de familia, en la búsqueda para lograr que sus hijos e hijas sean educados y obedientes, y desde luego hay que tener una visión amplia como padres y educadores, pues se corre el riesgo de generar un ambiente anárquico, desorganizado, en donde la ausencia de límites genere confusión y caos en los niños y niñas.
Hay que valorar el hecho de que cuando a un pequeño se le explica y enseña, logra comprender que debe hacer algo porque es lo correcto para él y para todos, entonces dará comienzo a forjar su carácter, irá aprendiendo a tomar mejores decisiones y ser cooperativo por cuenta propia y no porque los padres u otros adultos les marquen lo que deben hacer. Pretender educar desde el autoritarismo del adulto habitualmente desarrolla una lucha de poder entre padres e hijos, y cuando estos son muy pequeños, la obediencia termina por doblegar la voluntad del niño, que se ve muchas veces forzado a cumplir con lo requerido por el adulto, situación que más tarde llevará a ese pequeño (a) a tener un comportamiento igual al de sus progenitores, ¿cómo se pretende que los adultos desarrollen responsabilidad, si constantemente estamos tratando de educar a los niños bajo la obediencia?, si se busca contar con adultos responsables ¿no es más inteligente y positivo alentar desde edades tempranas la responsabilidad en los niños y niñas?
Jean-Paul Sartre opinaba que “quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es”, si el adulto es quien continúa tomando las decisiones por el niño y el adolescente, cuándo aprenderá a sentirse respetado, a percibirse como ente capaz de elegir, decidir, equivocarse, corregir y seguir adelante, esperamos a que esos niños y adolescentes se conviertan en adultos para entonces sí, exigirles que tomen decisiones en la vida cotidiana sin cometer errores, cuando difícilmente se les facilitó el camino para desarrollar y adquirir esta competencia, si un aprendizaje no se fomenta, tardará mucho más en adquirirse, y es frecuente encontrar adultos que evaden y temen tomar decisiones, delegando la responsabilidad o bien esperando que otros las tomen por ellos.
Es importante realizar aquí una pausa, para evitar imprecisiones, señalar que educar por el camino de la obediencia no representa la mejor opción, en nada se relaciona con el hecho de evitar respetar y cumplir reglas, mismas que se encuentran y son necesarias en cualquier tipo de organización, llámese familia, escuela, empresa, sociedad, en todo espacio en donde se vayan a desarrollar aprendizajes, se requieren normas para funcionar adecuadamente, y que estas normas y reglas sean aplicables para todos los involucrados, no únicamente dirigidas a los niños y adolescentes.
Tener siempre presente que la responsabilidad se promueve educando desde el respeto y la firmeza, apoyando a los niños para que aprendan a buscar soluciones, para que ese niño y adolescente se forme como un adulto respetuoso y responsable, requiere ser también respetado y desarrollarse en un ambiente en donde observe a los adultos respetarse entre sí.
Ser obediente evidencia actuar en función de los valores del otro, la responsabilidad compromete a actuar con base en los propios valores. Detrás de la obediencia se disimula la necesidad de aceptación por los demás, por lo tanto, es indispensable que todos observen que se ha obedecido, la responsabilidad se demuestra delante de los demás y en ausencia de ellos, ya que no necesita que otros la aprueben, pues no depende de una recompensa externa ni tampoco responde a evitar sanciones o castigos. Las personas obedientes son sumisas, dependientes e inseguras en la mayoría de los casos, necesitan cubrir sus vacíos emocionales a través de la aceptación, necesitando de alguien que les diga lo que tienen que hacer y que aprueben dicha actuación.
Aprendamos a educar a las niñas, niños y adolescentes desde y para la responsabilidad:
- Permitiendo que tomen pequeñas decisiones cada día.
- Apoyando para que se sienta y ubique como un miembro importante de la familia.
- Utilizar preguntas en lugar de imposiciones, para conocer sus necesidades.
- Ayudarle a comprender que responsabilidad no es igual a obligación.
- Respetar su libertad e individualidad.
- Evitar “premiar” con objetos o dinero cuando cumpla con sus responsabilidades.
- Fomentar que la responsabilidad inicia con uno mismo.
- Ayudarle a comprender el alcance de cumplir con los compromisos.
- La significancia de ser responsable del comportamiento hacia otros: familia, compañeros, etc.
- Hacerle sentir que se confía en ellos.
- Enseñarles que los adultos también se equivocan, y buscar la oportunidad de resolver la situación, y, sobre todo:
- Enseñarle la importancia del autocompromiso.
Durante este tiempo de pandemia, es ineludible voltear a buscar estrategias diferentes que sean productivas y saludables tanto para los niños, niñas y adolescentes, como para los padres de familia y docentes, virar hacia la disciplina positiva favorecería importantemente la labor de formar seres humanos en la responsabilidad, puesto que promueve relaciones de mutuo respeto desde el seno familiar, en al ámbito escolar, en ambientes laborales y en la vida en general, al impulsar el desarrollo de habilidades sociales como la empatía, la autonomía, fortalecer la autoestima y el aprendizaje académico, entre otras.
Después de 18 meses de confinamiento, la pandemia ha generado cambios importantes en las dinámicas familiares, por lo que para sobrellevar estos tiempos estresantes se sugiere:
- Aprender a usar “el botón de la pausa” (respirar profundamente y calmarse)
- Tomarse un tiempo individual, los padres de familia necesitan un espacio personal para relajarse, descansar y cuidarse para volver a comenzar.
En palabras de la psicóloga y educadora estadounidense Jene Nelsen argumenta que “Los niños que se portan mal son ‘niños desanimados’ que tienen ideas erróneas sobre la manera de lograr su objetivo primario de pertenecer. Sus ideas erróneas conducen a la mala conducta. No podemos ser eficaces a menos que abordemos las creencias erróneas y no sólo la mala conducta”.
El promover la disciplina positiva coadyuva a que las personas sean capaces de compaginarse a pautas y normas sanas, de manera consciente y en función del crecimiento personal y colectivo. Es un tipo de disciplina que media entre la educación permisiva y la educación autoritaria, en favor de que las niñas, niños y adolescentes se formen dentro del respeto, la autonomía y la responsabilidad.
Padres de familia y educadores tenemos en las manos la oportunidad de romper con los viejos parámetros educativos, y formar generaciones de seres humanos que crezcan en ambientes de respeto, para al llegar a la adultez, también sean personas que alimenten y ofrezcan ese respeto, desde la perspectiva de la libertad y la responsabilidad.
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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