
Uno de los mayores desafíos a los que se enfrentó el Sistema Educativo ante el cierre de las escuelas debido a la emergencia sanitaria por COVID-19, fue el garantizar la continuidad de los aprendizajes en las y los estudiantes de país. Como todos lo hemos vivido, transformar un modelo de trabajo presencial a realizarlo en línea de un día para otro nos llevó a afrontar una realidad para la que no estábamos preparados.
Por un lado, la Secretaría de Educación Pública, teniendo al frente al entonces secretario Esteban Moctezuma Barragán, implementó el programa Aprende en Casa, con el objetivo de culminar el ciclo escolar 2019-2020, y se ha tenido la necesidad de prolongar este programa a los largo de ciclo escolar 2020-2021. Las escuelas de sostenimiento particular por su parte, apresuraron el paso para poner en funcionamiento el uso de las herramientas digitales para dar certeza a sus comunidades educativas de seguir ofreciendo un servicio de calidad.
Aquella fallida estrategia de que sería “solo un mes” (del 23 de marzo al 19 de abril de 2020), se ha transformado en 430 días, en los cuales el trabajo escolar se volvió una actividad compleja, tanto para los estudiantes, profesores, como para los padres de familia.
Después de 14 meses, se habla de un retorno a clases presenciales, una reapertura que se antojaba todavía un poco lejana principalmente porque solamente poco más de 15 millones de personas han sido vacunadas, en un país donde de acuerdo a cifras del INEGI (enero 2021), hay 126,014,024 de habitantes, y el virus continua demasiado activo. Aun en el escenario de que los docentes ya han sido vacunados, eso no limita la probabilidad de que se presenten casos activos, como lo ocurrido en Campeche y Nayarit, que a un mes de haber reiniciado en fase de prueba a clases presenciales se han visto en la necesidad de cerrar nuevamente por haberse encontrado contagios.
Tomar decisiones arbitrarias y precipitadas en lo que se refiere a reabrir los centros escolares, con toda seguridad representará más desventajas que beneficios, exponiendo a la comunidad a riesgos de contagios ya que la evidencia señala que los niños son transmisores generalmente asintomáticos, si se toma en cuenta que el rango de edad de los padres de familia en educación básica (preescolar, primaria y secundaria) se encuentra entre los 25 y 49 años, justamente los segmentos de población que todavía no reciben vacuna, la incertidumbre se incrementa.
Al estar en contacto con compañeros, docentes y personal administrativo, de ocurrir un contagio es importante considerar que no se habla de una relación uno a uno, estamos hablando de poner en riesgo la salud de todas las familias implicadas.
Por otro lado, la reapertura de las escuelas implica afrontar innumerables situaciones, aunado a los riesgos de salud ya descritos, se encuentra la estructura física de Los inmuebles, cómo asegurar que los espacios requeridos se tendrán y se respetarán, los niños después de 14 meses de confinamiento y de no ver a sus compañeros y maestros, probablemente se desbordarán en querer demostrar sus emociones y sentimientos.
Los espacios comunes son otro factor, las escuelas deberán contar con un canal de entrada y otro de salida, para poder considerar espacios seguros. Los patios también deberán ser amplios y permitir tener distancias adecuadas entre los estudiantes y maestros. Los docentes habrán de considerar tener las precauciones suficientes y necesarias para impedir que se rompa la “sana distancia”, por lo que el otrora ansiado recreo, ahora se convertirá en estar solamente en un espacio físico común, con escasa interacción social.
Por estas razones, el organizar el regreso a las escuelas implica una logística bien diseñada, tomando en cuenta los tres momentos esenciales para garantizar la seguridad: antes del regreso, previendo la higiene y desinfección de áreas, replantear el trabajo escolar y cómo se recibirá a los estudiantes; el momento del regreso durante la reapertura, principalmente en la parte emocional tanto de estudiantes como del personal docente; mantener la seguridad de los espacios educativos, para el alumnado, el personal y los padres de familia, contar con los equipos necesarios para verificar temperatura corporal, gel antibacterial, cubrebocas para proporcionárselo a quien no lo traiga colocado.
¿Cómo reconstruir el ambiente de aprendizaje dentro del aula?
Regresar a las aulas después de 14 meses y de haber cursado por cambios importantes en las formas de realizar y mantener la higiene, las maneras de relacionarnos y de aprender, viviendo una experiencia educativa muy diferente a lo que se estaba acostumbrado, representa necesariamente una construcción de nuevas maneras de organizar las actividades, cuidando las medidas de protección y seguridad.
Y será justamente esta responsabilidad del autocuidado y el bienestar colectivo, uno de los aprendizajes más importantes a trabajar, por lo que reconstruir el espacio escolar y el ambiente áulico conlleva trabajar las emociones vividas durante todo este tiempo de confinamiento, brindándole un nuevo valor a la fortaleza del tejido social, en el marco de cada comunidad escolar. La escuela se convierte en un lugar seguro, cuando aprendemos a cuidarnos entre todos los participantes, respetando el espacio físico entre cada uno, y el poder compartir lo que sentimos.
Un reto a enfrentar sin duda serán las afectaciones naturales por el cierre de escuelas, la pérdida de aprendizajes y de las habilidades socioemocionales, y que deben considerarse con la mayor responsabilidad, para poder estructurar un asesoramiento profesional, tanto al personal docente como a los alumnos. El asegurar la distancia de 1.5 m entre los estudiantes, la necesidad de flexibilizar horarios de entrada y salida, evitar aglomeraciones en pasillos y sanitarios, y considerar contar también con un aula o espacio físico destinado para aislar a los alumnos que presenten alguna sintomatología.
En el documento emitido por la SEP denominado Estrategia Nacional para el Regreso Seguro a Clases Presenciales en las Escuelas de Educación Básica, únicamente en el apartado 2.3.4 Recomendaciones académicas, se mencionan las opciones para abordar la parte académica y pedagógica, resultando la información escueta y ambigua, por lo que lo más viable será que cada plantel educativo pondere y efectúe las adecuaciones curriculares pertinentes, priorizando los aprendizajes más relevantes en cada grado escolar. Y lo ideal será que el grupo interdisciplinario de docentes, directivos y asesores externos trabajen en esta adecuación, planificando desde la visión académica, la mejor y más adecuada forma de enfrentar dicho reto.
La escuela nuevamente garante de la seguridad de su población
Importante es aprender de las experiencias que otros países han tenido para reabrir sus escuelas, y resalta el hecho de que una prioridad fue diseñar protocolos para un regreso seguro, realizando en semanas previas simulacros con los docentes y el personal escolar para evaluar su pertinencia y funcionamiento principalmente en áreas comunes como bebederos, baños, etc. Igualmente quienes tendrán la responsabilidad del control de la temperatura, revisar el uso obligatorio y correcto del cubrebocas, administración de gel antibacterial y supervisión de aseo de manos al menos cada hora.
Resalta en este rubro, el hecho de que en México la infraestructura de la gran mayoría de las escuelas difícilmente certifica que se puedan establecer al 100% las medidas básicas de higiene como la sana distancia, canales para el flujo de entrada y salida, lavado frecuente de manos 20% de los planteles de educación básica sin acceso a agua potable, 32% de las escuelas solamente cuentan con este servicio un par de días a la semana, y hay un 23% donde el agua dispuesta para la higiene de manos se encuentra almacenada en un contenedor o “tambo” (demás está decir el riesgo sanitario que esto implica).
Una gran duda surge también, los suministros para desinfectar los espacios físicos antes de regresar a clases y de manera continua quién los aportará. En el caso de escuelas públicas frecuentemente hay escasez de insumos, y con los recortes ejercidos a los programas de las escuelas se observa difícil el panorama para contar con material suficiente y a tiempo para la limpieza y desinfección, al igual que el personal necesario para realizarlo. ¿Se solicitará a los padres de familia que los aporten?
En el caso de las escuelas con sostenimiento particular, también se han visto en la necesidad de realizar importantes inversiones para adecuar sus espacios para que sean seguros, sumado al esfuerzo de modernizar las aulas para ofrecer un modelo híbrido e inmersivo, capacitar a los docentes para obtener los resultados óptimos de las herramientas digitales, y trabajar de forma paralela con los alumnos presenciales y los que están en casa, con el objetivo de reforzar el servicio educativo que ofrecen, y tratar de subsanar el rezago académico y la pérdida de aprendizajes.
A la par de la reapertura es conveniente considerar que las nuevas realidades y necesidades conllevan el que las escuelas (presencial o no), se conviertan en espacios donde los aprendizajes que se compartan con y entre los estudiantes, realmente promuevan las mejores condiciones para el desarrollo de todos y cada uno de los participantes.
Y es precisamente en este sentido que UNICEF hace recomendaciones sustanciales para que en la reapertura de las escuelas, se diseñen e implementen programas para favorecer la convivencia y las habilidades socio emocionales, encaminados al bienestar emocional de los estudiantes, lo que a su vez implica preparar a los docentes para enfrentarse al manejo del estrés en los alumnos, así como la probable aparición de indicadores de violencia como resultado del prolongado tiempo de confinamiento. Considerar también que al haber delegado el trabajo escolar y académico a las familias, acarrea la alta probabilidad de que los alumnos presenten diferencias sustanciales en los niveles de desarrollo y aprendizaje más marcadas que antes del inicio de la pandemia.
Se habla de un regreso gradual y escalonado, por lo que se hace necesario valorar quienes deberían retornar primero, y habría que priorizar a la población más vulnerable, conformada por los que difícilmente tuvieron acceso para tomar clases a distancia, considerar al grupo de estudiantes que presentan necesidades educativas especiales (NEE) y aquellos que presentan barreras para el aprendizaje y la participación (BAP), quienes han sido poco considerados durante esta pandemia. Se vislumbra necesario diseñar un cronograma que incluya tiempos para atenderlos de manera eficiente.
Realizar una auténtica evaluación diagnóstica, precisa y realista tendrá una trascendencia enorme para conocer el status con que los alumnos regresaran e iniciarán un nuevo ciclo escolar, y este trabajo corresponderá a las escuelas por propia iniciativa, pues una vez más se observa el desdén de la autoridad educativa hacia el mayúsculo reto pedagógico que representa la reapertura de las escuelas.
Retorno a la escuela, por qué y para qué
Indispensable es trabajar puntualmente el retorno a clases presenciales desde muchas aristas, los alumnos y el personal docente regresarán a un espacio que no es ni será igual al que dejaron en marzo de 2020. Las condiciones físicas habrán cambiado radicalmente, las formas de trabajar, aprender y convivir estarán muy alejadas de lo que solía ser la escuela. Si bien los niños y niñas se emocionan con el regreso para ver a sus compañeros y maestros, la realidad será muy diferente y hay que prepararlos para ello. Su estancia en el aula estará marcada por la distancia, un número reducido de compañeros, los recreos no se parecerán a lo que eran antes de la pandemia, las actividades que representen contacto físico como educación física y actividades en equipo, serán sustituidas por aquellas que privilegien el distanciamiento físico como correr, ejercicios aeróbicos o de activación física.
También habrá que contemplar en los protocolos de regreso, la perspectiva de género para que las y los alumnos se sientan acompañados y recibiendo el apoyo que requieran para el cuidado de su persona y en la higiene constante. Se necesita que estos protocolos también sean inclusivos para que los estudiantes con alguna discapacidad reciban el apoyo y acompañamiento personalizado para cubrir con las medidas de protección.
Por qué se debe regresar a clases presenciales: la escuela es un importante agente socializador, es un punto de encuentro para aprender, convivir, intercambiar, divertirse, es parte de la construcción de un ser humano, nos permite constituirnos como parte de un grupo, un espacio de encuentro con otros que nos ayuda a comprender y aprender que somos parte de un todo. Si bien hasta este momento contamos con normativas y lineamientos oficiales de carácter internacional para el cuidado de la higiene y la salud, procede conocer las nuevas rutinas y prácticas que se efectuarán en los centros educativos, así como las adecuaciones en lo referente al trabajo educativo y de comunicación que permitan planificar las nuevas formas de actividades en este escenario diferente para el retorno a clases.
Para qué se debe regresar a clases presenciales: desde el punto de vista pedagógico se hace necesario rescatar la experiencia de la educación en línea, para construir un aprendizaje organizacional adecuado a la nueva cultura escolar, ciertamente lo vivido en estos 14 meses de trabajo por medio de plataformas educativas, o en línea ha dejado grandes e importantes aprendizajes, nos ha permitido ver con claridad la realidad de la formación y competencias docentes, así como el tipo de prácticas de las escuelas, indudablemente será de utilidad para reflexionar y evaluar qué se deberá modificar para beneficiar la consolidación de los aprendizajes en las y los estudiantes, qué mejoras necesitan las escuelas referentes a organización y conducción, para verse reflejado en el trabajo de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
Regresar para gestionar como estructurar el nuevo trabajo en equipo y colaborativo, aprender de la experiencia para enriquecer la gestión escolar, y que esas nuevas rutinas construyan una nueva y próspera experiencia escolar.
Philippe Meirieu, investigador francés especialista en ciencias de la educación y pedagogía encierra en estas palabras lo que podría ser el retorno a clases presenciales:
“Ahora bien, educar es, precisamente, promover lo humano y construir humanidad… ello en los dos sentidos del término, de manera indisociable: la humanidad en cada uno de nosotros como acceso a lo que el hombre ha elaborado de más humano, y la humanidad entre todos nosotros como comunidad en la que se comparte el conjunto de lo que nos hace más humanos”.
