
Como bien se sabe, la digitalización de la educación es un concepto que hace referencia al uso de herramientas, plataformas y métodos digitales en el proceso de enseñanza y el aprendizaje, estos sistemas y métodos de instrucción emergen debido al surgimiento de nuevas herramientas y metodologías digitales en el ámbito de la práctica escolar en todos los niveles. Desde su surgimiento, la utilización los métodos digitales enfrentó grandes retos: comprender cómo es que, a través de estos métodos, herramientas y plataformas se iba a lograr un proceso de aprendizaje y de enseñanza verdaderamente eficaz y productivo, ya que implementar la tecnología en las aulas requiere de una planificación bastante estructurada, y contar con instrumentos de evaluación adecuados.
El crecimiento rápido y sostenido de la integración de la tecnología en los ambientes de aprendizaje y sus efectos apuntan a la necesidad de un análisis y planificación previo, y desde luego la implementación de una ética de equidad.
Otro aspecto relevante de la utilización de las tecnologías digitales en la vida cotidiana, es que en realidad, no significa que sea totalmente inclusivo, ya que para algunos sectores de la población el acceso al uso de estos nuevos métodos es restringido o simplemente inexistente, a lo que se le conoce como “brecha digital”, aunque se ha reducido significativamente en países altamente desarrollados, aún está lejos de desaparecer, principalmente en aquellos países que cuentan con economías restringidas y con poblaciones consideradas como de “riesgo” o vulnerables.
Si bien se reconoce que las herramientas tecnológicas promueven la innovación en los centros educativos, agilizando la transferencia de información, así como aumentando el interés y la autonomía del estudiantado, mejorando las más de las ocasiones la concentración, la comprensión, así como ayudar a fomentar el razonamiento crítico, la comunicación entre docente-estudiante y el trabajo colaborativo, también se ha observado en los últimos tiempos, que se presentan inconvenientes como distracciones, información falsa y reducción del contacto humano, lo que puede favorecer el acoso escolar y afectar el desarrollo de habilidades sociales y cognitivas, en las y los estudiantes.
Fundamental es tener presente que la “tecnología educativa” no se restringe a “reemplazar libros físicos por dispositivos electrónicos”, sino buscar una verdadera transformación en las formas de enseñar y de aprender, por lo que es necesario empatar la tecnología con prácticas actividades complementarias para promover un mayor aprendizaje de los estudiantes, promoviendo la motivación hacia los contenidos y la posibilidad de personalizar estos según las necesidades de cada alumno, lo que se conoce como aprendizaje adaptativo.
Si se considera que entre las principales problemáticas de una digitalización constante en todos los ámbitos de la vida cotidiana está ligada directamente con la cantidad de tiempo que se pasa frente a las pantallas, y que en la actualidad, puede ocupar la mayor parte del tiempo, debido a que se utilizan en ambientes laborales, escolares, como medio de comunicación y para realizar actividades recreativas como jugar videojuegos o ver series y películas, en realidad gran parte de nuestras vidas están estrechamente vinculadas a las pantallas.
Diversos estudios médicos señalan que “estar frente a una pantalla termina siendo una actividad sedentaria, aumentando así el riesgo de obesidad y todas las problemáticas que esta enfermedad acarrea a corto y largo plazo”, y en el caso de niños, niñas y adolescentes, en adolescentes, el tiempo frente a pantallas se encuentra relacionado con alteraciones en el los patrones de sueño, afectando el metabolismo de la glucosa, colesterol y triglicéridos. Los patrones de sueño inadecuados en estas etapas habitualmente tienden a continuarse en la adultez, promoviendo el aumento de peso y deterioro de la salud cardiovascular. Recordemos que la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continúa de 2022, arrojó interesantes datos, como el que el 82 % de los niños y niñas, y el 92 % de los adolescentes mexicanos, pasan más de dos horas diarias frente a una pantalla.
Y en los adultos, pasar más tiempo frente a las pantallas significa incrementar el riesgo de “padecer sobrepeso, obesidad, hipertensión, alteraciones del colesterol y los triglicéridos, diabetes, enfermedad del corazón, disrupción de la circulación, algunos tipos de cáncer e incluso en algunos casos, depresión”. Por lo que la recomendación más viable, es reducir el tiempo sedentario y frente a pantallas, a menos de cuatro horas diarias en adultos y menos de dos horas en niñas, niños y adolescentes.
Como ya pudo observarse, el uso excesivo de la tecnología impacta negativamente en actividades académicas, laborales y domésticas, por lo que es recomendable limitar su tiempo de uso, anteponiendo la alimentación y el descanso, y haciendo uso de la tecnología principalmente para fomentar la creatividad en lugar de solamente ser receptores pasivos de información.
La UNESCO, en su reporte Tecnología en la educación: ¿una herramienta en los términos de quién? (https://www.unesco.org/gem-report/es/technology), recomienda disminuir la prohibición de teléfonos inteligentes en las aulas, resaltando la importancia de las interacciones humanas en el proceso educativo; pues también indica que el uso de estas tecnologías en el aula y en el hogar puede provocar distracciones que entorpezcan el aprendizaje: “No todo cambio significa progreso”, señala de manera primordial el reporte. Se recomienda enseñar a las y los estudiantes a equilibrar el uso de la tecnología, aprovechando su utilidad sin reemplazar las interacciones humanas en el aprendizaje.
El mencionado informe también resalta que existe una falta de reglamentación adecuada y expresa la importancia de que los países establezcan normas para que la tecnología apoye, pero no sustituya, la enseñanza presencial, ya que la prioridad debe ser el bienestar y los resultados educativos, no solo la incorporación tecnológica per se.
Entonces, ¿qué significa desdigitalizar la educación?
La realidad es que no es viable dar marcha atrás en los adelantos tecnológicos en diferentes áreas, incluyendo la educación, pues implicaría un retroceso significativo que impactaría grandemente en la generaciones de estudiantes, es fundamental permitir que la tecnología sea un apoyo, sin caer en el extremo de que reemplace o relegue las interacciones humanas en los ámbitos escolares.
Lo necesario es equilibrar el tiempo que se dedica a utilizar las pantallas y tener espacios y momentos que se encuentren alejados de las mismas. Desdigitalizar implicaría negarse a continuar avanzando, cerrar opciones de crecimiento y mayor desarrollo en la generación de soluciones a problemáticas en todos los sectores, la propuesta es crear hábitos saludables, que llevarán a tener un uso más conveniente y oportuno de las distintas tecnologías en el aula, por lo que las estrategias no se reducen solamente al aspecto tecnológico, está más relacionadas con cuestiones pedagógicas, ya que lo que hay que valorar es el verdadero uso que se le da a la digitalización en el proceso educativo, un uso responsable, ético y crítico, es decir, darle un verdadero sentido pedagógico a la digitalización, y al uso de la tecnología en beneficio de las y los estudiantes.

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