
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se define bajo los criterios del DSM V (Manual Diagnóstico y Estadístico por sus siglas en inglés), como la dificultad persistente en el desarrollo del proceso de socialización (interacción social y comunicación social), junto con un patrón restringido de conductas e intereses, dentro de lo cual se incluyen restricciones sensoriales.
La Clínica Mayo (con sedes en Arizona, Florida y Minnesota, Estados Unidos), puntualiza lo siguiente: “El trastorno del espectro autista es una afección relacionada con el desarrollo del cerebro que afecta la manera en la que una persona percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación. El trastorno también comprende patrones de conducta restringidos y repetitivos. El término «espectro» en el trastorno del espectro autista se refiere a un amplio abanico de síntomas y gravedad”.
El trastorno del espectro autista engloba condiciones que anteriormente eran consideradas independientes o no relacionadas entre sí, como el autismo, el síndrome de Asperger, el trastorno desintegrativo infantil y una forma no especificada de trastorno generalizado del desarrollo. Si bien los trastornos del espectro autista no tienen una única causa conocida (etiología), y considerando la complejidad del trastorno y el hecho de que los síntomas y la gravedad varían, lo más probable es que existan diversas causas, incluyendo a la genética y el medio ambiente. Otro factor relevante, es considerar que el TEA inicia en los primeros años de la infancia, debido a ello es que las dificultades para socializar e integrarse básicamente se detectan en los centros escolares, pues hay niños y niñas que desde el primer año de vida manifiestan síntomas; otro grupo de infantes (más reducido), cursan su primer año de vida sin síntomas aparentes, y alrededor de los 18 y 24 meses de edad, se observan conductas “regresivas”, previas a la aparición de los síntomas de TEA.
Lamentablemente en la actualidad, la cantidad de niños que reciben un diagnóstico de trastornos del espectro autista ha aumentado de manera importante, es difícil definir si se debe a una mejor y más temprana detección e informe, o bien a un aumento real de la cantidad de casos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS),se calcula que, en todo el mundo, uno de cada 100 niños tiene autismo, esta estimación representa una cifra media, pues la prevalencia observada varía considerablemente entre los distintos estudios. No obstante, en algunos estudios bien controlados se han registrado cifras notablemente mayores. La prevalencia del autismo en muchos países de ingresos bajos y medianos es hasta ahora desconocida (Global prevalence of autism: A systematic review update. Zeidan J et al. Autism Research – marzo de 2022).
Si bien los trastornos del espectro autista afectan a los niños de todas las razas y nacionalidades, se han localizado determinados factores que aumentan el riesgo para que se presenten, entre los que se encuentran:
- Los varones presentan un mayor porcentaje de probabilidades de enfrentar un diagnóstico de TEA, que las niñas (4 a 1).
- Las familias con un niño con trastorno del espectro autista tienen un mayor riesgo de tener otro hijo con este trastorno.
- La presencia de otras condiciones como el síndrome del cromosoma X frágil (trastorno hereditario que origina problemas intelectuales); la esclerosis tuberosa, (enfermedad en la que se forman tumores benignos en el cerebro); y el síndrome de Rett (enfermedad genética que se produce casi exclusivamente en las niñas y que provoca un crecimiento más lento de la cabeza, incapacidad intelectual y pérdida del uso útil de la mano), representan un incremento en el riesgo de desarrollar algún trastorno del especto autista.
Desde luego que las dificultades con las interacciones sociales, la comunicación y la conducta, impactan en la calidad de vida de las personas que enfrentan un diagnóstico de TEA, como son: dificultades de aprendizaje y de socialización escolar; aislamiento social; estrés en las relaciones familiares; victimización de la persona; incapacidad para ser autónomos e independientes; problemas laborales en la edad adulta, y por supuesto, vulnerabilidad social.
Si bien es cierto que no existe forma de prevenir el Trastorno del Espectro Autista, cada vez hay más opciones de tratamientos multidisciplinario, el principal punto es un diagnóstico e intervención tempranos, hay que las posibilidades de beneficiar el desarrollo del lenguaje, y las habilidades generales, lo cual permitirá un comportamiento mucho más adaptable.
Gaia Novarino, neurocientífica italiana y profesora de neurociencia, señala que “dado que el autismo moldea el cerebro en desarrollo mucho antes del nacimiento del bebé, muchos asumen que es una afección irreversible y para toda la vida que, en el mejor de los casos, puede tratarse con apoyo psicológico combinado con logopedia y fisioterapia. Sin embargo, existen casos en donde las personas prefieren renunciar al tratamiento, ya que no creen que sea un trastorno que necesite cura, sino que lo consideran una parte integrante de la personalidad de cada uno”. Es imprescindible remarcar el hecho de estar atentos a las pautas de desarrollo desde edades tempranas, ya que los rasgos característicos de los TEA son observables y no deben pasar desapercibidos:
- Evitar mirar a los ojos a otra persona o no mantener el contacto visual.
- No responder cuando lo llaman por su nombre, alrededor de los 9 meses de edad
- No mostrar expresiones faciales de felicidad, tristeza, enojo y sorpresa, rondando los 9 meses de edad
- Dificultad para participar en juegos interactivos simples como dar palmaditas con las manos, cerca de los 12 meses de edad
- Usar pocos o ningún gesto, hacia los 12 meses de edad (por ejemplo, no decir adiós con la mano)
- Ausencia de interés por jugar o interactuar con otras personas, hacia los 15 meses de edad (por ejemplo, no mostrar un objeto que le guste).
- Ignorar o no darse cuenta de que otros niños juegan a su alrededor, ni jugar con ellos, cercano a los 36 meses de edad.
- Ausencia de acciones como cantar, bailar rondando los 60 meses de edad.
De igual manera, el DSM V, ubica tres niveles de severidad en el diagnóstico de los trastornos del espectro autista:
Nivel 1: requiere apoyo. Sin apoyos, las dificultades de comunicación social causan alteraciones evidentes.
Nivel 2: requiere un apoyo substancial. Déficits marcados en habilidades de comunicación social verbal y no verbal.
Nivel 3: requiere un apoyo muy substancial. Déficits severos en habilidades de comunicación social verbal y no verbal que causan alteraciones severas en el funcionamiento.

Ante este panorama, en mayo de 2014, la 67.ª Asamblea Mundial de la Salud adoptó la resolución titulada “Medidas integrales y coordinadas para gestionar los trastornos del espectro autista”, misma que contó con el apoyo de más de 60 países, la Organización Mundial de la Salud y sus asociados reconocen la necesidad de fortalecer la capacidad de los países para promover una salud y un bienestar óptimos para todas las personas con autismo, centrando los esfuerzos principalmente en:
- aumentar el compromiso de los gobiernos con la adopción de medidas que mejoren la calidad de vida de las personas con trastorno del espectro autista.
- proporcionar orientación sobre políticas y planes de acción que aborden el TEA en el marco más general de la salud, la salud mental y cerebral y las discapacidades;
- contribuir a fortalecer la capacidad del personal de salud para proporcionar una atención adecuada y eficaz a las personas con algún trastorno del espectro autista y promover normas óptimas para su salud y bienestar; y
- fomentar los entornos inclusivos y favorables para las personas con TEA y otras discapacidades del desarrollo y prestar apoyo a sus cuidadores.

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