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Tecnología en Educación: pros y contras | Laura Aguila Franco

31/08/2023
modelo hibrido

En los últimos diez años hemos sido testigos de los grandes avances que se han dado en el uso de la Tecnología Educativa (EdTech) dentro de las aulas, ya que debido al importante número de herramientas y aplicaciones ha sido posible que tanto estudiantes como profesores enriquezcan los procesos de enseñanza y de aprendizaje, encaminándose a lo que los expertos llaman “educación disruptiva”, sin embargo hay que tener presente que, si bien estas herramientas son valiosas, la incorporación de la tecnología en el ámbito educativo presenta desigualdades debido a la brecha digital (desequilibrio entre los que tienen acceso a la tecnología y los que no).

De acuerdo con el Observatorio de Innovación Educativa, Tecnológico de Monterrey),  el concepto de EdTech maneja dos vertientes: la académica que refiere «la posibilidad de estudiar, analizar o revisar procesos de enseñanza/aprendizaje desde una perspectiva tecnológica»; y la práctica, «que tiene que ver con la tecnología dispuesta o utilizada en contextos educativos». Complementando este concepto, también se encuentra la opinión de Trine Jensen, responsable de la estrategia TIC de la Asociación Internacional de Universidades (IAU), “el desarrollo tecnológico no es un fin en sí mismo, sino un medio para configurar el futuro de la sociedad”.

En la Declaración de Incheon, de donde emanó la Agenda 2030 para Desarrollo Sostenible, se resalta que para lograr la consecución del ODS-4, es primordial enfrentar los desafíos que plantea la tecnología, ya que se encuentra como un eje crucial en seis de las diez metas de este Objetivo de Desarrollo Sostenible sobre educación. Estas referencias reconocen que la tecnología afecta a la educación a través de cinco canales distintos, como insumo, medio de entrega, habilidad, herramienta para la planificación, y proporcionando un contexto social y cultural. El Informe GEM (Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo) 2023 sobre tecnología y educación, se analizan los desafíos educativos que pueden resolverse con el “uso adecuado de la tecnología” (acceso, equidad e inclusión; calidad; avance tecnológico; gestión de sistemas), sin dejar de reconocer que muchas de las soluciones propuestas también pueden ser negativas

El Informe GE subraya que “si bien el derecho a la educación es, cada vez más, sinónimo de derecho a una conectividad significativa, el acceso es desigual. En todo el mundo, solo el 40% de las escuelas de educación primaria, el 50% de las de primer ciclo de secundaria y el 65% de las de segundo ciclo de secundaria tienen conexión a Internet; el 85% de los países cuentan con políticas para mejorar la conectividad de las escuelas o los estudiantes” (UNESCO,2023).

Es conveniente considerar que los sistemas educativos en el mundo, no avanzan a la misma velocidad que la tecnología, lo que representa un alto en la adaptación a los mismos, además el 54% de los países en el mundo cuentan con normas sobre competencias digitales, que han sido diseñadas por entidades comerciales, no por los actores encargados de las políticas educativas. Otra realidad sustancial es que un gran número de estudiantes difícilmente tienen oportunidades de acceso a la tecnología digital en las escuelas, el Informe GEM señala que “solamente alrededor de un 10% de los estudiantes de 15 años utilizan dispositivos digitales más de una hora a la semana en matemáticas y ciencias”. Otro rubro lo representan los docentes, quienes manifiestan sentirse “poco preparados e inseguros” para utilizar la tecnología en el proceso de enseñanza,

La gran incógnita que surge es si en verdad con el uso de la tecnología se solucionarán los retos más importantes en materia de educación, y lo que se observa es que habitualmente las discusiones sobre el tema, versan principalmente en la tecnología, NO en el proceso educativo. Ir al fondo de este desafío implica anteponer al menos los siguientes tres aspectos: 1) Equidad e inclusión (cómo convertir a la educación en un factor igualador); 2) Calidad (cómo puede ayudar la educación a los estudiantes no solo a adquirir conocimiento, sino también a ser agentes de cambio); 3) Eficiencia (cómo puede la educación hallar un equilibrio entre la enseñanza individualizada y las necesidades de socialización). Definir la mejor estrategia para que, incluyendo la tecnología digital verdaderamente se tome el camino para solucionar estos aspectos de raíz, pues tal pareciera que se considera a la tecnología  digital como una especie de “empaquetadora” y transmisora de información a gran escala, a enorme velocidad y con un aparente “bajo costo”, debido a que el almacenamiento de información (big data), ha transformado notablemente, la cantidad de información y conocimientos a los que se puede tener acceso.

El procesamiento de información permite a los estudiantes recibir retroalimentación al instante a través de la interacción con máquinas, adaptar el ritmo e itinerario de aprendizaje, gracias a los contenidos que pueden revisarse de manera asíncrona los estudiantes pueden organizar la secuencia de lo que aprenden de acuerdo con su contexto y sus características. El intercambio de información a velocidades extremas, reduce notablemente los costos de interacción y comunicación, y aún cuando todo esto parece ser la respuesta ideal para que todos tengan acceso a la educación, un gran número de herramientas digitales no ha sido diseñadas para tener aplicación en contextos educativos. Lo anterior debido a que la “calidad educativa” refiere un concepto multidimensional, ya que engloba primordialmente los siguientes criterios:

1) contar con disponibilidad de infraestructura tecnológica; 2) docentes preparados y con el conocimiento de normas profesionales para el uso de tecnología en las aulas;3) pertinencia de los contenidos(p. ej., integración de la alfabetización digital en el currículo) y 4) resultados del aprendizaje individuales (como los niveles mínimos de aptitudes en lectura y matemáticas).

Naturalmente, como en todas las áreas, los diversos puntos de vista acerca de que las tecnologías digitales pueden ayudar a mejorar la calidad de la educación, tiene pros y contras. Existen quienes sostienen que, la tecnología digital favorece entornos de aprendizaje interactivos, dinamizando la experiencia de los estudiantes, al simular situaciones, facilitando así la colaboración entre todos los participantes. Por otro lado, se encuentran aquellos que afirman que la tecnología digital tiende a fomentar un enfoque individualizado de la educación, que reduce las oportunidades de los estudiantes para socializar y aprender mediante la observación del otro en contextos de la vida real. Y desde el punto de vista médico, también se encuentra la otra cara de la moneda: el aumento del tiempo que se pasa frente a pantallas se ha asociado a efectos adversos en la salud física y mental. 

Como se puede advertir, la forma en que se utiliza la tecnología en educación requiere de mayor complejidad y no una simple “sustitución” de recursos, representa permitir que las y los estudiantes aprendan tanto de manera individual, entre pares o bien en grupos más amplios; en línea o sin requerir conexión, de manera síncrona o asíncrona, ofrece contenidos, pueden crearse comunidades de aprendizaje, permite en acceso a información, favorece tanto el aprendizaje formal como informal, y algo de suma importancia: puede evaluarse objetivamente lo aprendido. Es un sistema complejo, por lo que cada herramienta tecnológica puede llegar a necesitar una infraestructura, diseño, contenidos y hasta una pedagogía diferente, con base a la comunidad a la que va dirigida, es por esta razón que se dificulta realizar una evaluación única acerca del éxito en el uso de la tecnología en ambientes educativos, pues los estudios realizados arrojan datos de experiencias de estudiantes de distintas edades, utilizando diferentes metodologías, en contextos de aprendizaje diferentes, y los resultados alcanzados en entornos tan diferentes es complicado que puedan replicarse en otros, obteniendo resultados similares.

Lo que queda perfectamente claro, es que la tecnología está inmersa en nuestras vidas, y que los ambientes de aprendizaje es imposible que se encuentren desligados de su uso, un uso que debe ser responsable, y para ello se requieren regulaciones para brindar seguridad a todos y cada uno de los usuarios.

Laura Aguila Franco

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