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AIFA entre críticos y raciclasistas

24/03/2022
Alexis Javier Esperanza

Que toda obra ha de criticarse es verdad, ya sea porque es más fácil hablar que hacer, porque se tiene envidia de lo logrado o porque hay materia de crítica. El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles se inauguró y también dio de qué hablar, lo interesante está en distinguir entre lxs críticos y lxs criticones.

Una de los 4 megaproyectos de la actual administración se entregó, el aeropuerto que estrenó el poder presidencial el 3 de enero de 2019, cuando a sólo un mes de haber tomado (formalmente) el cargo, el presidente López Obrador anunció la cancelación del faraónico NAICM (Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México) en el lago de Texcoco.

El fin detrás de la polémica depende de la óptica con que se le analice; el exsecretario de Comunicaciones y Transportes, el ingeniero Jiménez Espriú asegura en su más reciente libro La Cancelación: el pecado original de AMLO, que fue una decisión fundamental dado el nivel de saqueo y corrupción del proyecto, aunque ese no fue el criterio determinante, porque de haber cancelado todo proyecto en marcha que tuviera manchas de corrupción, no se habría salvado ninguno.

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La demostración simbólica de poder es una de las hipótesis que más sentido tienen, incluso su cabildero entre empresarios, Alfonso Romo aseguraba tener la palabra del presidente de que ese proyecto seguiría en pie, y que no había nada de que alarmarse. Acto seguido, la cancelación, la ruptura con el diseño preconcebido, pese a los costos, las alarmas y las posibles demandas en cortes internacionales.

El primer año, la crítica central consistía en la mala imagen que se daba al extranjero, en la desconfianza generada para la IED (inversión extranjera directa) y en el enorme pago que tendría que hacérsele a los inversionistas del proyecto anterior. Un problema del cual se ocupó la 4T, comprando la deuda generada a privados por la cancelación aeroportuaria; dado que el gobierno de EPN vendió 6000 millones de dólares en “bonos verdes”, se estableció un plan de “Recompra” que a finales de 2023 nos dejará un pendiente de 3 mil 200 millones.

Comparto la crítica del desperdicio de recursos y la pena por una deuda enorme contratada, aunque la culpa de tal malestar no sé a ciencia cierta a quién atribuírsela. Por un lado, un gobierno en decadencia de credibilidad, que no previó el fenómeno electoral de 2018 y que se comprometió con un proyecto transexenal; por el otro, un gobierno que no se anda con sutilezas y para reducir el golpe hace pública la deuda de privados.

El otro punto del proyecto está en el verde olivo. Un signo distintivo del sexenio y cambio de 180 grados por parte de AMLO es el papel de las fuerzas armadas, los “todólogos” de la actual administración, quienes construyeron el aeropuerto y a la par edifican el Tren Maya, el Tren Transístmico y la refinería de Dos Bocas. Un grupo eficiente, barato y cuyo papel debería limitarse a la defensa nacional.

En general este dilema reside en el fortalecimiento presupuestal y protagónico de las fuerzas armadas, en el miedo a la “muerte democrática” porque en esta potencialización, ese grupo de individuos que responden a su jerarquía inmediata y a la disciplina institucionalizada pueden olvidar los marcos legales que les impiden tomar el poder de facto y dar algún golpe, o en hipótesis más elaboradas, apoyar por retribución alguna extralimitación de su actual comandante en jefe (como una reelección).

Sobre la fuerza económica que, sobre todo el ejército está adquiriendo, comparto y a la vez no, el temor, porque una de las formas más eficientes en que el Ejecutivo controla la fuerza y lealtad (que no es ciega) de sus tropas, es mediante la generosidad presupuestal, o mediante las concesiones a elementos destacados de sus fuerzas, como durante mucho tiempo fue el caso del Estado Mayor Presidencial. 

Sería difícil ignorar además, la serie de privilegios que tiene este brazo armado del Estado; con una participación activa, pero discreta en la política, han llegado a poder diputados, senadores o hasta gobernadores militares, sin contar que proponen al presidente en turno, una lista de prospectos para ocupar la titularidad en la secretaría de Defensa y de Marina. Eso sin contar que son el único fuero real que sigue existiendo, pues tienen tribunales especiales para procesarles y juzgarles. 

Sobre las y los criticones, cabe resaltar que su argumentación recorre los lugares comunes del raciclasismo: el “mal gusto” que supone un “buen gusto” exclusivista, lo “popular” como antónimo de lo elitista, las referencias culturales o folclóricas como fuera de lugar, así como lo poco selecto de las y los invitados al evento inaugural.

Las redes sociales se volvieron manifiesto del desprecio a la comida típica de las calles de la Ciudad de México, al diseño rústico que asemeja casas de centros históricos nacionales y a la cultura popular mexicana. Así como los “buenos” intelectuales de antaño despreciaban a Monsiváis por retomar luchadores, actores, cantantes, actrices y personajes de la televisión nacional para hablar de la psique mexicana, hoy los comentócratas y criticones se olvidan que: Cantinflas, El Santo, las estaciones del metro y hasta Chespirito hacen parte de la basta cultura mexicana. 

Hay problemas reales, de conexión terrestre, de deudas pendientes, de militarización, de colaboración con más empresas aéreas, ¿por qué enfocarse en presumir el lado más frívolo y degradante del ser humano? ¿Por qué no salir del oscurantismo de la razón?


Alexis Javier Esperanza Reyes

Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz


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