
A pesar de que la agenda de los últimos días se ha basado en el choque de trenes entre Julio Scherer Ibarra y el presunto tándem Alejandro Gertz Manero-Olga Sánchez Cordero, así como la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, han resaltado mucho los destapes hacia la carrera presidencial de 2024, por parte de dos entes provenientes de la autoproclamada Cuarta Transformación.
Estos personajes, son ampliamente conocidos y criticados por tirios y troyanos: la actuaria, empresaria, antigua participante del reality ‘Shark Tank México’ y diputada federal plurinominal Carmen Patricia Armendáriz Guerra; y Antonio Pérez Garibay, empresario, cabildero, político, predilecto de las élites y padre del gran piloto de la Fórmula 1, Sergio ‘El Checo’ Pérez.
Ambos han crecido de la mano del poder transexenal cernido y de los grupos dominantes que se han perpetuado en México desde hace tres décadas, precisamente, durante el periodo neoliberal. Eso es algo que, por principio, es incompatible con el perfil idóneo para suceder al presidente Andrés Manuel López Obrador, desde la óptica creada por la mayoría de los seguidores de la 4T.
Lo preocupante es que, en una lucha encarnizada como la vista en MORENA por la ansiada candidatura, donde todos se atizan día y noche con sus testaferros mediante múltiples mecanismos, llegan estos tétricos personajes para hacerse de un espacio legitimador donde sus derechos políticos deben ser tomados en cuenta para no evidenciar que el partido en el poder se halla en una total simulación. Quien resulte del proceso, donde el dedo presidencial será el gran elector, deberá contar con personajes como Pérez Garibay y Armendáriz Guerra para sustentar que fue electo o electa en un proceso democrático, suficiente para dirimir y redimir las diferencias y pasiones que son propias de las contiendas electorales. Si los rechazan, serán vistos igual que sus antecesores. Y a Andrés Manuel no le gusta que comparen a los suyos con los otros porque asume que “no son iguales”.
Dentro de este espacio, me dedicaré a dilucidar, con base en sus actos y declaraciones, así como los respectivos problemas durante su estancia en la vida pública, quienes son Patricia y Arturo, y qué rol jugarán, de seguir con sus propias aspiraciones, en la colocación del eventual sucesor, que sucederá a finales de 2023.
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Patricia pretende dar el golpe
Patricia Armendáriz se hizo de poder de la mano de Manuel Camacho Solís, al ser una de sus armadoras para la campaña del ’94 en el sur del país. Llegó a tener relaciones con las familias Alemán y De la Madrid durante este periodo. Tras el eclipse de Camacho, fue una de las favorecidas con el salvataje salvaje que vivieron miles de empresarios por el FOBAPROA. De hecho, éste el principal argumento utilizado en su contra.
Su trayectoria entonces fue rescatada por Fernando Coello Pedrero, cacique chiapaneco. El ya fallecido amigo de López Obrador, abuelo del ex gobernador verde Manuel Velasco Coello y cómplice de toda la vida de la estructura ‘camachista’ (entre ellos, Marcelo Ebrard), tenía vínculos con toda la estirpe política nacional, específicamente, con el poder empresarial local y regional. Ella fue propuesta en conjunto por Coello y el regiomontano Carlos Bremer como una financiadora del tercer intento de AMLO por llegar al poder.
Su recompensa ha sido extasiante, por decir lo menos. Favorecida por múltiples contactos para obtener contratos y licitaciones. Es una de las creadoras de la estructura que llevó al éxito a programas como ‘Sembrando vidas’ o ‘Jóvenes construyendo el futuro’, también, de la preferencia por esquemas como el de Chocolates Rocío. Ahora, de manera controversial, lo desquita en diputados, donde defiende a capa y espada al gobierno, a pesar de que su dignidad y credibilidad entre pares y publico baja constantemente a la baja.
Arturo quiere ganar la carrera con el peor bólido
Arturo Pérez Garibay ha ejercido desde la arena local, donde se ha hecho de varios amigos como Felipe Calderón y Carlos Slim, y enemigos como los sospechosos Carlos Lomelí y Yeidckol Polevsnky. Es predilecto entre el privilegio, y sus nexos con el jet set nacional se fortalecieron conforme ganó centralidad en la estructura que impulsa a su hijo en el ‘máximo circo’ de autos a nivel mundial.
De hecho, esa capacidad de sustraer estructuras importantes en las escuderías transnacionales, lo han llevado a serios problemas, incluso, al veto que ciertas compañías le impusieron de por vida a ‘Checo’. Lo mismo con MORENA-Jalisco, donde tiene claros rivales a despedazar. Y qué decir de PEMEX, donde se confrontó abiertamente con Octavio Romero por patrocinios a la nave de su vástago; de hecho, esto lo tiene en la predilección de Palacio Nacional, como un invaluable nexo con la élite cultural y deportiva nacional que le es adversa, y un alfil incómodo para varios actores desechables en la Transformación.
No es golpeado mediáticamente porque varios influencers y manejadores de bots están de su lado, e incluso será mediante dichas plataformas donde intentará hacer creer y crecer su popularidad. Que nadie se sorprenda si él tiene más posibilidades que Patricia y que varios más, adentro y afuera, que suspiran con la ‘silla del águila’.
Son perfiles deleznables, pero que han dado un golpecito al tablero electoral de manera momentánea. ¿Se imaginan cuánto se hablará cuando ya decidan ‘lanzarse a la grande’, tipos como Ricardo Salinas Pliego o Gilberto Lozano?
Eder Jorge Guillén Muñoz 🖋️
@EUt911
Ciencia Política UNAM
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