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No es Rusia ni Ucrania, es México: la tragedia de San José de Gracia, Michoacán

03/03/2022

“La serpiente era el más astuto de todos los animales del campo que Yahvé Dios había hecho” – La Biblia Latinoamericana 2005

Es lamentable inaugurar mi primera columna del 2022 con una noticia trágica, sobre una desgracia que nos recuerda la dificultad de vivir en México, en cualquier Estado de la República. Los mexicanos, de cualquier clase, no nos sentimos seguros. Nos han enseñado a vivir con miedo, tanto que desarrollamos reflejos para sobrellevar nuestra cotidianeidad.

Subir al transporte público se vuelve una hazaña, la meta es lograr llegar a tu destino sin que te asalten, y si eres mujer, las dificultades aumentan exponencialmente en cualquier escenario. Todo parece un volado: en una fiesta o evento social estamos al pendiente de que a ningún loco se le pasen los tragos y saque su pistola para sentir que es hombre, retando a otros.

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En la primera década de este siglo nos acostumbraron a ver muertes, ejecuciones, historias de secuestros, cadáveres expuestos en las calles, etc. En conjunto, estos hechos no han sido realizados por el simple estado colérico de algún “patrón” de la mafia como nos han hecho creer, sino que fueron instrumentos de terror, y aún peor, de normalización, puesto que se romantizaron a partir de las narco-series. 

La figura del narcotraficante dejó de ser temida para empezar a ser idolatrada. Esta situación fue lograda gracias al único libro que lee la mayoría de la población: la televisión y ahora las redes sociales. La armonía social de un país mayoritariamente católico conseguida después de la revolución se quebrantó. Empero, hay que decirlo, el sicario, el narcomenudista, el jefe de plaza, el “patrón”, el que cuida el punto: no son más que bestias. Aristóteles, mencionaba que cuando el hombre se corrompe, se vuelve la peor bestia entre las bestias y comete las peores aberraciones:

Así, comparar un animal con un hombre con respecto al vicio, es comparar algo inanimado con un ser animal; pues la maldad de lo que no tiene principio de acción es siempre menos dañina, y el principio aquí es la mente. Así pues, es como comparar la injusticia y el hombre injusto; en cierto sentido, cada uno es peor que el otro, ya que un hombre malo puede hacer mil veces más daño que un animal. (Aristóteles, 1985, pág. 304).

De la normalización, se pasó a la divinización de los personajes antes mencionados. Aunque ninguna de sus acciones sea realizada con ética – política, algunas personas llegan a mencionar cosas como “el Chapo gobernaría mejor”. Pareciera que estos personajes se preocupan por la comunidad debido a los actos altruistas como la apertura de escuelas, la creación de caminos, el reparto de despensas, etc. Pero, éstos no son más que otros instrumentos inteligentemente planeados para cooptar voluntariamente a las poblaciones bajo su yugo. “Ayudan” a la misma gente que ellos hicieron infeliz y sometieron a la miseria, aquellos que han sufrido al monstruo de las mil cabezas, porque a donde quiera que vayan se lo encuentran. Al fin de cuentas, los narcos actúan como lo que son, burgueses. 

El narcotráfico no es ningún movimiento o actividad que vaya en contra del sistema capitalista, se adapta perfectamente en éste, y aún más, en la modalidad neoliberal. Comparte y practica sus principios básicos: el libertinaje económico y social. Esto es, hacer dinero y acumularlo ilimitadamente, sin importar lo que se cometa para conseguirlo; así como, hacer y decir lo que venga en gana.

El monstruo de las mil cabezas actuó una vez más, en un pueblo de Michoacán, donde tengo parte de mis raíces, San José de Gracia. Como si se tratara de la época Nazi, un grupo de sicarios fusilaron presuntamente a diecisiete miembros de una familia que llevaba a cabo un velorio.

Si es que este hecho ocurrió por un conflicto entre cárteles o porque algún miembro de la familia estaba metido en la empresa criminal (como algunos apuntan), no es justificación para cometer un acto de esta calaña. Esto evidencia que al narco no le interesa ni el pueblo, ni la religión, ni el sentido de comunidad: sólo el dinero, y eliminará a cualquiera que se oponga en sus planes.

El monstruo fue creado por el Estado y como cuervo le está sacando los ojos. Ningún presidente ha podido domar a la bestia, ni con balazos, ni con abrazos. En cambio, el monstruo de las mil cabezas está aprendiendo a domar al Leviatán. También sucesos como el “cualiacanazo” lo ejemplifican. El pueblo es quien más lo sufre. 

Quiero enviar desde este medio mi más sentido pésame a los familiares y amigos de quienes fueron una víctima más en esta guerra que parece no tener fin. Asimismo, me solidarizo con el pueblo de San José de Gracia, esperando puedan recuperar la armonía que les han arrebatado las bestias del narcotráfico. 


Carlos Manuel Sarabia Zepeda

Twitter: @carlos_sarabiaz

Ciencias Políticas, UNAM.


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