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El momento de elegir a Ebrard

01/03/2022

La tensión que se vive por el tema de Ucrania, es más fuerte de lo que se ve. Todo el mundo, por obviedad, se tiene que sentir aludido ante la ambición rusa y la resistencia ucraniana. Nos encontramos en un contexto totalmente globalizado. México, quiera el Presidente o no, se encuentra inmerso en el mismo. 

Posterior a la declaratoria de guerra por parte de Vladimir Putin, sus rivales ideológicos saltaron para condenar enérgicamente a Rusia. Resulta claro que, los miedos que difundían desde Londres y Washington, tarde o temprano, se convertirían en vivencias. Sin embargo, el gobierno federal mexicano, liderado por López Obrador, intentó ser sagaz con la ya gastada ‘Doctrina Estrada’, herramienta que ayudó a nuestro país, pero que ahora la aísla de los intereses supremos.  

Por otro lado, el cuerpo diplomático ucraniano en México exigió de inmediato una postura más clara, donde los contenidos del discurso mostraran un respaldo definitivo hacia la nación hoy atacada. También, el difícil 2022 que la Cuarta Transformación ha tenido con la administración Biden, empuja. 

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De dicha lectura se dio cuenta el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quien busca salir de las horas bajas vividas en los últimos momentos del año pasado, achicado por una Sheinbaum gigante, por un Monreal valiente, y por un López Hernández creciente a niveles exponenciales amparado por las sombras. La baraja de ‘corcholatas’, como las denomina su jefe, se ha cerrado un poco tras la apertura de la sucesión, pero ni de lejos, Marcelo es el plan A, tampoco ya es la opción segunda. Sus buenos lazos con la gestión demócrata, donde trabajó hombro con hombro junto a los operadores latinos de los Clinton, enemigos a muerte de Putin, en 2016, exigían una clara respuesta.

La claridad del mensaje aligera las tensiones

Por otro lado, la oposición mexicana, con claro talante pro-estadounidense, imploraba con que la 4T hiciera lo que AMLO en un principio hizo: hacerse de ‘la vista gorda’ y solo sumarse a los llamados de paz. Es lógico. México no está para responder como la OTAN, la Unión Europea o el G7, cuando no le corresponde, no le conviene, y menos le avalan las cosas dantescas que se arrastran desde hoy o siempre. 

La actitud y estrategia optada por el morenista, le daría armas a aquellos que se avientan con la bandera estadounidense en el regazo, para seguir con la campaña, a veces afirmativa y en otras burda, de las penurias vividas o reveladas durante la administración actual. 

Marcelo y su valioso equipo no tenían margen de error: era condenar energéticamente la intromisión rusa, hacer un llamado por la paz ucraniana, y aferrarse a la vía diplomática. Efectivamente, y aunque no fue ante la máxima tribuna del debate público mexicano, la ‘mañanera’, Ebrard hizo lo correcto. De pronto, aquellos que le exigían el reposicionamiento, le agradecieron el gesto, aunque con cierto tono de crítica. Fue un tanque de oxígeno para la presidencia pro tempore de México en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ni siquiera José Ramón de la Fuente, representante en la ONU, se encontraba en su lugar designado ante las horas de confrontación que se vivieron en los albores del conflicto. México iba a hacer el ridículo, y otra vez, el eficaz Marcelo Ebrard apareció.

De ahí, aunque lo simule (de hecho, muy mal) AMLO, se tenía que sustentar para prevenir un fallo de coordinación con los principales aliados del país. Y aunque siguió con el sesgo contra el intervencionismo, fuera quien fuera, se alineó. Se podrían hacer apuestas respecto a que si el tabasqueño ordenó la reconsideración: los que dicen que fue una acción unilateral de Marcelo, muy seguramente ganarían. La disciplina, aquella que AMLO tuvo muy presente durante su primer año de gobierno respecto a las decisiones o recomendaciones de sus colaboradores y/o empleados, perdida por las ambiciones de su grupo compacto, regresó… ¡y en qué momento!

Marcelo renace 

Las informaciones que, puntualmente Ebrard hace con los medios de comunicación y la sociedad respecto a los intereses mexicanos en Ucrania, lo han reposicionado en días dentro de la lista principal de presidenciables, esa de la que fue marginado por los cotos partidistas de la oposición y las decisiones de su jefe. 

Pasaron meses, y personajes nefastos como Carlos Slim, Julio Scherer, Claudia Sheinbaum, Hugo López-Gatell, o Beatriz Gutiérrez Müller con sus tíos Martha Bárcena y Agustín Gutiérrez Canet, habían dilapidado a Marcelo ante los círculos rojos, las élites morenistas, la agenda y opinión pública, y sus correligionarios. Lo tacharon de traidor, corrupto e imprudente. También de ambicioso vulgar e ineficiente. Respecto a lo último, nada más alejado de la realidad. De nuevo, como en ‘n’ ocasiones, se tragarán sus palabras. 

De nuevo, el ‘afrancesado’ de la 4T vuelve por sus fueros, alineado todavía a un Presidente adolecido. En momentos coyunturales extremos, los mandatarios mexicanos vuelcan su sucesión por cierto contexto apremiante. Lo hicieron Cárdenas, Díaz Ordaz, Echeverría, López Portillo, Salinas y Peña Nieto, entre otros más. Sin problemas, AMLO lo puede hacer: si el problema fuera internacional (con EU), principalmente con un Partido Demócrata desesperado y un Trump enojado, o peor, con una guerra brutal; esperando un perfil que le pueda cubrir las espaldas con cierta comodidad (por estar más sucio que él), la elección sería y será Marcelo Ebrard Casaubón. Al tiempo.