
Por más que traté de resistir la polémica que engloba el conflicto de Loret y el presidente, la verdad es que detrás de los espacios de Twitter, los comentarios encendidos y las repetitivas mañaneras de las últimas semanas se esconden problemas de los cuales tenemos que hablar.
Hay personas realmente convencidas que hablan de un ataque a la libertad de prensa, de un precedente de violación a la libertad de expresión y de que esta vez el presidente ha demostrado sin disimulo su carácter despótico al perseguir y acusar a periodistas desde la nueva máxima tribuna del país.
Al igual que existen seguidores del obradorismo que defienden a capa y espada la postura de AMLO al debatir “calumnias” y reportajes que carecen de solidez periodística, presentados por un medio que responde a financiamiento de opositores y que por ello es merecedor a una revisión pública de sus cifras.
Un fenómeno de polarización que no es anómalo, que se ha visto antes en este sexenio, en este país o en cualquier otro, recuérdese la presidencia Trump y la serie de debates y polarizaciones que provocó.
Es decir, lo importante ni siquiera se trata de convencer a las partes porque ya han tomado postura y, como un fenómeno estudiado, muy difícilmente van a aceptar argumentos en contra, o van a abrirse a preguntas críticas que les hagan dudar de su posición, o de la lista de ejemplos que dé, van a escoger solamente los que se refuercen su idea de “verdad” y olvidarán orgánicamente los demás.
Y no es su culpa, es un sesgo de confirmación y de memoria selectiva que actúa como un proceso natural de la mente y que en esta sociedad es cada vez más fomentado por la manera en que funcionan las redes sociales.
Hace dos semanas publiqué una colaboración y los comentarios en Facebook comenzaron a llenarse de personas realmente en dos extremos, obradoristas “a muerte” y opositores férreos, ambos alentaban a su lado y curiosamente con ninguna parte quedaba bien parado, lo interesante del caso fue que solo el 20% de las personas que reaccionaron o comentaron leyeron el artículo, es decir, el prejuicio de un título y la pasión les hizo entrar a una batalla con personas que defendían sus propios sesgos.
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Confirmar o Cancelar
La más reciente ocasión en que López Obrador habló del personaje Brozo el payaso aludiendo a que antes era diferente porque incluso le alertó de una bomba mediática antes de que saliera, llevó a la mejor audiencia que el programa del comediante en el medio LatinUs ha tenido desde que inició.
Algo atípico pasó, ya que Brozo anunció tres días antes que le daría respuesta a Andrés Manuel en su programa y una gran audiencia afín al presidente o interesada en la polémica concurrió a revisar qué tenía que decir el interlocutor del habitante de Palacio Nacional.
Y aunque gran parte de ese público, así como los del space “TodosSomosLoret” fueron periodistas, curiosos o críticos de la derecha, el hecho de abrirse a escuchar voces contrarias a la propia no es tan común como la mentira democrática nos plantea.
El diálogo es virtud de republicanos y no el usual denominador en este país que, asemejando a la tóxica tuitósfera a la menor provocación te insulta, descalifica, bloquea o cancela. Porque es más fácil hacer oídos sordos a remontar argumentos difíciles y no tratar de no salirse por la tangente.
La cultura de la cancelación es un síntoma del grave problema de escuchar. Según mis cálculos para el punto de la oración anterior ya habrán dejado de leer o insultado al aire algunas personas, porque soportar una idea que no se comparte es mucho más difícil de lo que parece, y más cuando títulos sensacionalistas, prejuicios o la flojera de leer no ayudan a despejar el panorama completo.
Gran parte de esa fiebre de cancelar es debido a malinterpretaciones y prejuicios, a que no podemos aguantarnos las ganas de responder o de salir indignadxs cuando vemos algo diferente y que pensamos “erróneo”.
Memoria Selectiva
¿Alguna vez han discutido con una persona sobre los detalles de un recuerdo? Que sí en la anécdota tal se sentaron en un banco en vez de una silla, que si viajaron en camioneta o automóvil, que si fue en mayo o era octubre, o si la abuela una vez dijo que ustedes eran los favoritxs y por eso deberían quedarse con sus cosas, ya que falleció.
Pues hay que comprender que para la mente hay una serie de datos que se vuelven irrelevantes y que no es necesario almacenar, esto es un default natural que psicólogos atribuyen a procesos evolutivos que nos permitieron sobrevivir y que ahora nos confunden porque de verdad hay cosas que juramos no recordar aunque haya evidencia de por medio.
Así, por autopreservación dudarían en extremo si un astrónomo con triple doctorado les dijese que viene un cometa que extinguirá la vida en la tierra, tal como sucede en el filme ‘No mires arriba’.
O como dudarían si trajera argumentos acreditaros de una postura crítica al dilema del momento, veamos: 1 el reportaje hecho por Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad y LatinUs tiene un señalamiento de origen por tratarse de un medio de partido o de oposición debido al documentado financiamiento que reciben del clan Madrazo; 2 Hay una sospecha fundada en la explicación del hijo del presidente respecto a la empresa donde trabaja de consultor, ya que es de los hijos de un cercano a AMLO que se beneficia de muchas maneras por la actual administración; y 3 La “Casa Gris” no es para nada una “Casa Blanca” de este sexenio, pero la 4T tampoco es pulcra, cero corrupta y virginal.
Como decía, alguno de esos tres argumentos les tuvo que haber parecido erróneo y será vaciado en el bote del olvido para quedarse sólo con el que concuerden y con el que haga pensar – eso me hace sentido-.
Pocos son los que logran casi no prejuzgar, casi no ejercer una memoria selectiva o dudar de sus sesgos que vienen por default, porque como dijo Tolstói “conozco un número considerable de hombres -no solamente listos, sino tremendamente inteligentes – que son capaces de entender problemas matemáticos, filosóficos y científicos de extrema dificultad, y, al mismo tiempo, incapaces de discernir la más obvia de las verdades si hacerlo les obliga a admitir la falsedad inherente a una creencia previa de que se sienten muy orgullosos, que han enseñado a terceros y sobre la cual han construido sus vidas. Quizás sea esta la peor faceta de la soberbia”.
Alexis Javier Esperanza Reyes
Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Twitter: @JavierEsperanzz
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