
«Gobernar no es mandar, por mucha mayoría que se tenga». -Juan Luis Cebrián.
Tres años han transcurrido del actual gobierno. Vamos a mitad del camino y pese al espíritu de festejo y beatitud del gobierno por su triunfo electoral, los resultados y los hechos de esta administración distan mucho de un animo de festejo. En tres años no ha predominado un ambiente democrático, sino uno de polarización, arbitrariedad, culto a la figura presidencial y autoritarismo.
Haciendo un corte de caja a medio sexenio los números son desastrosos. En materia de seguridad, la administración de López Obrador ha sumado más de 100 mil homicidios dolosos. Sin lugar a duda la estrategia de “abrazos, no balazos” y acusar a los criminales con sus mamás y abuelas, no dio el resultado esperado por el presidente. Todo ello pese a más de 80 mil elementos del ejército movilizados a labores policiacas, una cifra récord de acuerdo con la SEDENA.
En economía los números no fueron más prometedoras. A pesar de que el presidente presumía que haría crecer al país al 6% anual, en su primer año (sin pandemia) logró que pasáramos del 2% anual a nada menos que un 0.1%. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) ha proyectado que el crecimiento acumulado 2019-2022 apenas registre un crecimiento del 0.9%. Lo que significaría que en promedio México crecerá a tasa anual del 0.22% (esto en sus primeros 4 años). Muy, pero muy lejos de las proyecciones y aspiraciones presidenciales. Y como consecuencia el país acumuló 4 millones de nuevos pobres.
En cuanto a cobertura de salud, el INSABI, programa insignia que sustituyo por antojo ejecutivo al Seguro Popular, dejó a 15.6 millones de personas con carencias en acceso a servicios de salud. Ya que si algo caracteriza a la actual administración es su actitud caprichosa y arbitraria. En donde sólo dos frases argumentan el que hacer del gobierno: “somos mayoría” y “estas con la transformación o en contra de ella”.
Los matices, la pluralidad de ideas y posturas, así como la diversidad de opiniones no tienen cabida dentro de la 4T. El debate y la diversidad fortalecen a la democracia. Pero para el actual gobierno lo que es una virtud democrática se ha vuelto un vicio digno de la persecución desde el poder. A tres años de gobierno, esto es indiscutible. Críticos que apenas señalan los errores del gobierno, son tachados de “conservadores”, “hampones”, “chayoteros”. Señalar al gobierno tiene como consecuencia volverte un “traidor a la patria”, como si la patria estuviera personificada en la imagen presidencial. Así seas un niño con cáncer que exige medicinas, para el gobierno serás un peligroso golpista.

La honestidad del gobierno ha brillado por su ausencia. Pese a que en la retorica se jactan de ser incorruptibles, en los hechos quienes se llaman “austeros” viven como reyes. Barttlet con mas de 800 millones de pesos en bienes raíces, Senador Guadiana con contratos millonarios con la CFE, Macedonio y su impoluta imagen, los hermanos de López y las bolsas de “contribuciones” inexplicables, la triangulación de dinero en la CONADE, etc. Ah, pero claro, llevan 3 años con el caso Lozoya y listo, corrupción combatida. Y cómo se dijera en las mañaneras, lo demás “no es falso, pero se exagera”.
A mitad del camino lo que se ha visto he intentado es imponer el modelo del hiperpresidencialismo omnipotente, en donde si el presidente pregunta qué hora es, le respondan “la hora que usted diga, señor presidente”.
Sin debate, sin acuerdos, sin escuchar, sólo la imposición de lo que se dicte desde Palacio. De él emana la verdad absoluta y nunca se equivoca, si no te gusta eres “mafia del poder” un “prianista” al que le quitaron los privilegios, aunque apenas y llegues a fin de mes con lo justo.
Llegar al tercer año de gobierno con estas cifras en seguridad, economía, salud, con los ataques a la libertad de expresión, a las instituciones autónomas, al derecho de acceso a la información, con 300 mil muertos por COVID-19 (4to país con más muertes en el mundo) y una larga lista de cosas que no cabrían aquí, no es para celebrar. Llamar a un mitin en el zócalo con estos resultados solo demuestra que lejos de tener a un estadista y humanista en el cargo, tenemos a un ególatra narcisista al que le urge ser idolatrado y ovacionado.
Héctor Gabriel Mújica Hernández
Ciencia Política de la UNAM
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