
El término complicidad tiene muchas acepciones y el ser cómplice de algo tiene una connotación en política y en el ejercicio de la administración pública que va más allá de lo legal e inclusive atenta en contra del bien común de la sociedad en su conjunto; hay complicidades que son directas por comisión y otras por omisión de responsabilidades propias de algún encargo ya sea de representación electoral o encargo en la administración pública.
En la política a la mexicana las complicidades y los cómplices ya son permanentes, se habla de traiciones y traidores, se habla de omisión y comisión, el cómplice se justifica a otros diferentes esquemas desde hacerse la víctima de mal pago o maltrato político, hasta autonombrarse progresistas o democratizadores, justificando deslealtad o chapulinismo político.
La complicidad política es parte del deterioro de la política misma, hay un presidente que pasa a ser presunto cómplice del crimen organizado y lo presume tal vez como distractor o por cinismo puro, hay otros actores políticos que se vuelven cómplices al actuar en contra de sus representados, sus partidos y su militancia, eso ya es notorio tanto en el Congreso de la Unión, como en el Senado, Congresos locales y hasta regidores complicidad total en todo contexto.
Hay presidentes municipales que se pasan la estafeta, la corrupción y la protección, son cómplices de los malos manejos de sus antecesores y se justifican, con la politización y la victimización, hay casos y ejemplos de sobra, hay quienes se justifican al ser cómplices de la delincuencia, al asegurar ser amenazados, cuando en realidad venden las plazas en los cargos importantes de la administración pública y hasta los justifican, cómplice es aquel que defiende a criminales y hasta les atribuye el «Don», los llama por su nombre y no por su alias de criminal conocido.
Hay quienes hacen carrera política siendo cómplices y rehenes de quienes les otorgan financiamiento a sus carreras políticas y responden de manera permanente a los intereses de quien prácticamente los compra y los tiene sometidos y bajos sus órdenes, otros prefieren hacerse de la vista gorda y pasan a ser cómplices por omisión, los que voltean para otro lado, acaban aceptando migajas de quienes pasar a ser los jefes políticos de los unos y los otros.
Los mexicanos estamos ante un dilema, hoy en nuestra realidad estamos en una vorágine destructiva y no nada más me refiero a las políticas públicas, al mal manejo de la pandemia, a los recortes o a la polarización y las amenazas mañaneras, hemos y estamos siendo pasivos del avance de autoritarismo y del intento de sometimiento de la democracia (la califiquen como la califiquen), el político sometido bajo la amenaza del estigma, el señalamiento y la justicia dirigida para amedrentar, una sociedad que acepta vender su dignidad por tarjetas del Bienestar y un coro que vitorea las arengas en contra de aquellos que son mencionados por el «rey» como culpables de todo y enjuiciados en la plaza pública de la mañanera, he aquí que cada quien debe hacerse la pregunta que puede ser fuerte, pero que es obligada, ¿y tú que quieres ser? un activo político que busque el bien común por la vía de la democracia o ser simplemente… CÓMPLICE
PD. AMLO es CÓMPLICE por comisión y omisión, ya tiene muy bien estructurada su complicidad, con la corrupción y con el crimen organizado, desde los de cuello blanco hasta los del narco. ¿O no? Y no es nada más de presunción, si no de percepción también.
Miguel Ángel Hernández Albarrán
