
La Dirección General de Epidemiología, perteneciente a la Secretaría de Salud, reporta datos importantes en referencia a cómo afecta el COVID-19 a niños y adolescentes, señalando que desde que inició la pandemia en México y hasta el 23 de julio de 2021, 7 mil 377 niñas, niños y adolescentes han sido contagiados por COVID y 125 lamentablemente han fallecido. Por su parte SIPINNA (Sistema Nacional de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes), y que depende de la Secretaría de Gobernación, reporta cifras actualizadas a la primera semana de agosto 2021 diferentes: 60 mil niños se han contagiado y 613 han fallecido, a su vez la propia Secretaría de Salud directamente también ha informado a inicios de agosto 2021, que la cifra de contagios en personas de entre 5 y 19 años es hasta el momento de 126,893, como puede observarse hay una discrepancia importante entre los informes.
Si bien es cierto que los niños, niñas y adolescentes en la mayoría de los casos han manifestado síntomas leves de COVID, lo que si se reporta es la presencia de afecciones graves que comprometen la salud y la vida, y uno de ellos es el Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (MIS-C), con base en información de la Clínica Mayo “La mayoría de los niños que se infectan con el virus de la COVID-19 tienen apenas una enfermedad leve. Pero en el caso de los niños que desarrollan el MIS-C, se inflaman gravemente algunos órganos y tejidos, como el corazón, los pulmones, los vasos sanguíneos, los riñones, el aparato digestivo, el cerebro, la piel o los ojos. Los signos y los síntomas dependen de las partes del cuerpo que hayan sido afectadas”.

A este respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha sido muy puntual en señalar que niñas, niños y adolescentes tienen las mismas probabilidades que las personas adultas de contraer y transmitir el virus. Y esta probabilidad se ve incrementada cuando se trata de niños en movilidad, es decir, niños migrantes, refugiados o aquellos que se encuentran solicitando asilo en albergues u estaciones migratorias, este sector de la población es considerado altamente vulnerable entre otros factores, porque es bastante complicado mantener el distanciamiento social y ejecutar una higiene constante y adecuada por las propias situaciones en que se encuentran.
Human Rights Watch en su informe titulado “COVID-19 y los derechos de los niños”, argumenta que la crisis generada por el COVID-19 podría representar una profunda y larga huella por demás negativa en los niños y las niñas de todo el mundo, aún cuando quienes adquieren la enfermedad muestran tasas de mortalidad inferiores a otros grupos poblacionales, por lo que señala que los gobiernos tienen la responsabilidad de trabajar para paliar los daños y brindar protección a los grupos más vulnerables, como lo demuestra la declaratoria de Jo Becker, Directora de promoción de derechos de los niños y niñas de Human Rights Watch “Los riesgos que genera la crisis de Covid-19 para la infancia son inmensos. Los gobiernos deben responder con urgencia adoptando medidas que protejan a los niños y las niñas durante la pandemia, y también evaluando que las acciones que realicen ahora contribuyan a asegurar en la mayor medida posible los derechos de la infancia una vez terminada la crisis”.
Queda perfectamente claro que las niñas, niños y adolescentes NO se encuentran libres de padecer COVID, como lo establece irresponsablemente el Sr. López-Gatell al decir que la población menor de 18 años tiene “un riesgo casi nulo” de morir” (sic 24 de agosto 2021) y por lo tanto enfrentar las consecuencias propias de la enfermedad, al igual que los adultos, pueden también cursar por lo que se conoce como COVID prolongado, y que se refiere a la persistencia de los síntomas después de haberse curado. La organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que algunos pacientes siguen enfrentando síntomas como cansancio, dolor y dificultades para respirar, en algunos casos por más de 12 semanas (a esto se le conoce como COVID prolongado).
En México, desde el inicio de la pandemia ha sido más que evidente que nadie se encuentra exento de contagiarse por covid-19, incluyendo a los menores de edad. Si bien en un primer momento de la contingencia mostraron ser el grupo poblacional más resistente, hoy ante la tercera ola de contagios y con las mutaciones que el virus ha tenido derivando en variantes más peligrosas y contagiosas, ya se asumen también como un sector altamente vulnerable.
Del total de contagios de coronavirus registrados en menores de abril de 2020 al 1 de agosto del 2021, 33,958 son adolescentes de entre 12 y 17 años; 14,090 oscilan entre los 6 y 11 años; y 11,079 tienen entre 0 y 5 años de edad.

Por entidad federativa, la Ciudad de México, Tabasco, Guanajuato, Estado de México, y Puebla son los estados que concentran el mayor número de contagios de COVID-19 entre menores de edad, con 15,530, 5,750, 5,186, 4,479, y 2,042 casos, respectivamente. En contraparte, las entidades que registran el menor número de casos son Nayarit (111), Colima (184), Chiapas (213), Morelos (276) y Campeche (334) (Tw/@SIPINNA_MX).
Tener presente que desde que comenzó la pandemia, la observación predominante que los médicos especialistas han venido manifestando es que los niños y los jóvenes muestran una recuperación rápida a la enfermedad, presentan síntomas leves, y que pueden ser con más facilidad asintomáticos, en referencia de la población adulta. Sin embargo, en estos momentos encontramos que con las variantes del virus, también están enfrentando efectos prolongados, en ocasiones de varios meses después de haber presentado la enfermedad. Los niños están mostrando malestares persistentes como: dolor de cabeza, dolores musculares, fatiga, palpitaciones, problemas gastrointestinales, nauseas, mareo, convulsiones, pérdida de memoria, en ocasiones alucinaciones, así como otros síntomas sensoriales como pérdida del sentido del gusto y del olfato, y en algunos casos, adormecimiento en extremidades inferiores que les impide la caminata, y este conjunto de síntomas puede llegar a generar dificultades para que realicen sus actividades cotidianas como habitualmente lo hacen.
Con base a información publicada por El Financiero el 16 de agosto pasado, apenas el 11 de julio pasado, la titular de la Secretaría de Salud capitalina, Oliva López Arellano, reportaba sólo cuatro casos en hospitales, pero para el 1 de agosto ya eran 12, y para el 13 de este mes el registro se elevó a 17 menores internados, en medio de una creciente alerta e incertidumbre entre los familiares por la saturación de camas en hospitales (El Financiero,2021), sin embargo la titular de la Secretaría de Salud del Gobierno capitalino negó que con el regreso a clases pudieran aumentar los contagios, y confió en que se espera un regreso a las aulas seguro y que se fomentará la salud de todos los involucrados que participan en las comunidades escolares.
Y ante la testarudez, torpeza, ignorancia y resentimiento tanto del presidente López, como del siniestro subsecretario de salud, sin dejar atrás a la déspota e incompetente Jefa de Gobierno, el retorno a clases presenciales no se ha movido de fecha: 30 de agosto, sin que se vislumbre el mínimo interés por la salud y la vida de los estudiantes, docentes, directivos y todo el personal implicado a laborar en los centros educativos.
Es cierto que la salud emocional y mental es importante, de igual manera apremia subsanar el rezago escolar y la pérdida de aprendizajes, y ante este embrollado panorama, se continúa sin una real estrategia para enfrentarlo. La Secretaría de Educación Pública, ha emitido una “Guía para el regreso responsable y ordenado a las escuelas: Ciclo escolar 2021-2022” y que no es más que un “remake” de la “Estrategia Nacional para el Regreso Seguro a Clases Presenciales en las Escuelas de Educación Básica durante el ciclo escolar 2020-2021”, también publicada y difundida por SEP para el fallido retorno de junio pasado.
En este engañoso documento, queda muy en claro que ni SEP ni tampoco la Secretaría de Salud asumen sus responsabilidades correspondientes, y las delegan a los padres de familia, directivos y docentes escolares, de una forma opaca. El documento oficial que consta de 57 páginas, reiteradamente marca que las escuelas deben organizarse con sus comités para llevar a cabo la higiene y limpieza escolar, implementar protocolos, organizar los filtros escolares, comunicar constantemente a la comunidad escolar las medidas sanitarias que correspondan, y ojo “Promover la capacitación en las medidas sanitarias que busquen la concientización y formación de hábitos sobre las medidas de higiene.”, sin mencionar quién les brindará esa capacitación.
La controversial “Carta Compromiso” que aparentemente quedó nulificada, queda señalada en el mencionado documento como parte del procedimiento para aplicar el filtro en la entrada de la escuela, y se llama guía de preguntas para el filtro escolar (¿Tienes fiebre/temperatura? ¿Tienes tos? ¿Te duele la cabeza?), estableciendo que “no es necesario llenarla por cada alumno(a). Y agrega “El filtro escolar deberá estar a cargo de personas habilitadas para desempeñar estas funciones. Para lo cual, deberán recibir una capacitación previa por parte del personal de educación, tomando en cuenta la información de la presente Guía”.
La pregunta que surge es ¿a qué personal de educación se refiere para brindar la capacitación?
Los filtros deberán ser tres a saber, el que se realice en casa, el filtro de entrada al plantel escolar, y el que los docentes deberán realizar durante la jornada dentro de los salones de clase. Si es detectado algún alumno(a) con síntomas como fiebre, tos, estornudos, malestar general o dificultad para respirar, se le aislará y localizará a los padres de familia, para que vayan por el pequeño(a), para que lleve “cuanto antes” a la unidad médica del sector salud que le corresponda, teniendo la “obligación” de informar del diagnóstico a la dirección escolar, en un plazo no mayor a 48 horas.

Se señala el uso del cubreboca como obligatorio, con sus excepciones “Esta medida no es aplicable para menores de 6 años de edad y aquellas personas con discapacidad que no puedan usarlo de forma segura”, agregando “el cubreboca con válvulas de respiración o ventilación no está permitido, ya que el orificio presente en el material podría permitir que las gotas de saliva salgan y lleguen a otras personas. TAMPOCO SE DEBE UTILIZAR MASCARILLA N95 ya que su uso está reservado para el personal de salud.”
Penosa y angustiosamente, a lo largo del documento no se encuentra ningún indicador, actividad o sugerencia que abarque la parte pedagógico académica, después de 17 meses de pandemia, no ha habido la voluntad, interés, capacidad, ni la inteligencia para establecer planes y programas para compensar y resarcir un ciclo y medio escolar tan deficiente que los estudiantes enfrentaron.
Directivos y docentes continúan en la indefinición de cómo trabajar y encarar este nuevo ciclo escolar, pues cada escuela se ha visto en la necesidad de priorizar sus aprendizajes, debido a que la autoridad correspondiente carece de competencias, aptitudes y experiencia para diseñar un plan rector.
La “urgente y repentina” preocupación por la salud emocional de los estudiantes que colocan como bandera para justificar el regreso a clases, solo ha servido para continuar dividiendo a los ciudadanos, pues el perturbado huésped de palacio solamente satisface su patológico ego fragmentando a la sociedad. La violencia intrafamiliar, los casos de abuso, explotación y maltrato, son condiciones que ya existían antes de la pandemia, es muy cierto que con el confinamiento se exacerbaron y salieron a flote, y el que los estudiantes tengan un regreso escalonado a clases no es ni será la solución mágica a este lacerante problema, mientras no se lleven a cabo acciones para verdaderamente atender y erradicar este flagelo.
Nuevamente somos los ciudadanos quienes tenemos que continuar cuidándonos y protegiéndonos por propia concientización, el Covid-19 no respeta edad, género, nivel socioeconómico, profesión, religión, etc., por lo que niños, niñas, adolescentes, adultos y personas de la tercera edad somos blanco para poder contagiarnos.
No cabe la menor duda de que las vacunas continuarán aportando beneficios, por eso es impostergable que nuestros niños y adolescentes también reciban este beneficio, pues lamentablemente la ciencia no ha podido ni podrá crear una vacuna contra la ignorancia, el resentimiento, la envidia y el encono, que cada vez observamos con mayor ahínco en nuestros gobernantes.
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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