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Vas patrón

26/05/2021

Te hablo a ti, sí, a ti que das trabajo a tanta gente, tú que eres producto del esfuerzo y que te construiste a ti mismo, a ti que hoy te has despertado en un país extraño y que no reconoces nada, sí tú, te quito sólo un momento. 

Sé que te costará leer estas líneas porque no las codifiqué tan bien como vuestra merced demandaba, de una vez te ofrezco la disculpa que me estarás reclamando por osar dirigirme a ti, patrón, sin pasar por el conducto del capataz, pero es que he recibido tu mensaje y de muy mala educación sería el no responder, aun cuando sé que no te interesa la contestación aquí la dejo. 

A pesar de que sé que yo no tengo sino una mera Doxa y por tanto lo que género no es sino ruido a tus oídos, hoy me atrevo a hablarte. Y es que vienes a mi casa, en un día rutinario de pandemia, entre todos los problemas que enfrentamos, no por la mala gestión del gobierno, sino por la mala estructuración del modelo económico, a “explicarme” por qué debo votar por tus partidos.

Mientras atiendo las clases, preparo el desayuno y me preparo para el trabajo llegas cual candidato PANista a tocar a “mi mundo”, te disfrazas con el léxico más estereotipado que se te ocurre y a base de “chales carnal” me tratas de parecer simpático. 

Me ilustras con tu alto nivel de conocimiento, y para que mi ignorancia no sea un problema, rebajas tu discurso a mi nivel, según tú, el mundo funciona así: hay dos clases de personas en la vida, los que tienen mucho o poco y que se atreven a arriesgarlo para crear empleos, y los que no tienen nada y se aprovechan de esos que amablemente les dan un pago con tal de trabajar, y como la vida así ya es justa, es mi deber como ser pobre y carroñero devolverles el favor con mi voto, un voto al PAN, o al PRI, o al PRD o a cualquiera de sus compadres con los que invierten cada elección.

Lo que tú no sabes, es que aquí en mi casa, en el trabajo y en las escuelas, también tenemos una visión de la vida. La vida más o menos se vive entre esas dos categorías que mencionas, pero la pequeña gran diferencia está en que los que tienen dinero no son nobles personas que quieren arriesgar su capital para darle empleo a gente como nosotros, sino que sabe que no hay otra forma de hacer que su dinero se multiplique si no es por la fuerza de trabajo que derrochamos durante doce, quince o dieciocho horas seguidas aunque la ley diga que el máximo es de ocho. 

Lo que se les olvida, es que no nos regalan de su dinero, al contrario, nos quitan la fuerza y en ello se nos va la vida por un pago miserable, una recompensa que apenas alcanza para llevar tortillas, arroz y un poco de carne a la mesa, que a duras penas paga la luz, el agua, y si se estira hasta el internet porque los niños lo ocupan para la escuela.

La vida no es nada fácil, cuando llega la época de aguinaldos nos despiden, cuando toca repartir utilidades fingen comprar carros o maquinaria, cuando nos accidentamos nos salen con que el seguro solo cubre unas venditas, cuando ya es tiempo de un ascenso o de una plaza por tantos años de esfuerzo salen con que hay una nueva reforma o con que la planta se va a recortar. 

En su servicio se nos va la vida, es verdad que a tus ojos los tiempos de la revolución quedaron muy lejos, que la esclavitud la eliminó Morelos y que las castas se murieron junto a los “gachupines” en la Alhóndiga.

La triste realidad es que sólo vivimos para servir cual si fuéramos monjas católicas, pero no al prójimo ni al necesitado, sino servir a amos que para que nos sintamos mejor no nos llaman siervos sino “colaboradores”, que porque son muy buena onda nos dan de descanso el domingo y para que no nos paguen menos reportan ante el IMSS un salario mínimo, no importa que se la cobren en la jubilación. 

No, no vivimos, muchos tan sólo pervivimos, que es vivir a pesar de la adversidad. Si te pusieras un rato en mis gastados zapatos y redujeras las condiciones mínimas a las cual una vida te parece holgada, digna o vivible, describirías en carne propia lo que es el infierno. 

Si he aguantado tanto las ganas de levantarme contra ustedes, es sólo porque luego de las jornadas interminables no me quedan energías para hacer la huelga general, y ya no digamos una acción revolucionaria, pues no tengo tiempo para nada más que para servirte. La verdad no sé si es por falta de tiempo o dinero que hace años no leo un libro, no veo una película en el cine, no voy a un concierto o celebro mi cumpleaños en un restaurante.

Y déjame decirte que sí, me molesta esta forma de vida, pero lo que más me molesta es que solo bajes hasta mi precaria condición, disfrazado de oveja y de mi cuate para regañarme por comprarme una “Caguama” y para pedirme que vote por esos que me hicieron tan feliz hasta este sexenio, hasta este momento en el que despertaste, me viste y me autorizaste pensarme infeliz.


Alexis Javier Esperanza Reyes

Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz 


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