
Hoy más que nunca las empresas en México están atravesando por una dinámica gubernamental inusitada y hasta cierto punto desconcertante. La razón, las empresas siguen sin poder descifrar la naturaleza de la actual administración federal.
He recibido la consulta de varios excompañeros de universidad o excompañeros de trabajo, que me han advertido sobre la complejidad que han tenido para generar acuerdos perdurables tanto en las cámaras del Congreso de la Unión, como con los propios funcionarios públicos de la administración federal.
La situación es que la mayoría no han podido develar, la cultura política ni organizativa de los funcionarios de la 4T. Los análisis que han elaborado para su áreas de relaciones exteriores de los diferentes corporativos, han sido maquetados y proyectados sobre la base de una realidad que ya no existe.
En los sexenios anteriores, las empresas se sentaban a negociar con la intención de presionar y obtener una concesión por parte del gobierno, con la oferta de generar empleos o beneficios para las regiones geográficas. Luego, se analizaba por parte del gobierno o funcionarios, la conveniencia política en términos de satisfacción de cara a futuros comicios electorales.
Eso era antes. En lo personal, conozco incluso a varios de los actuales funcionarios, porque por su edad algunos de ellos fueron incluso compañeros de universidad. Cabe decir, que en esta administración, se ha invitado a mucha gente que proviene de universidades públicas o gente sin grados académicos.
Lo último tiene una repercusión real, y lo diré de la manera más coloquial: Muchos de los cabilderos de las grandes empresas tienen una formación elitista para plantear sus necesidades, las lisonjas cotidianas al funcionario público, se siguen dando en un ambiente de opulencia y hasta de lenguaje rebuscado, en oficinas hermosas con sillones de cuero curtido.
Si hay algo auténtico en la 4T, es que muchos de estos funcionarios perciben cierta humillación por parte de los encargados de la comunicación corporativa con sus pares gubernamentales. Esto genera barreras comunicativas, en el sentido más nietzscheano, es decir a partir del sometimiento de quienes tienen el poder económico por parte de quienes tienen el poder gubernamental; hay resentimiento y venganza.
Muchos de los encargados de las relaciones públicas con el gobierno, han terminado por doblegarse o retirarse por la imposibilidad de comprender esta nueva realidad. Center y Cutlip, expertos en relaciones públicas, escribían en 1952 que los errores más comunes en las crisis institucionales eran: la indecisión, ofuscación, represalias, equivocación, pontificar, confrontar, e irse a litigios.
Yo alcanzo a percibir que muchos de estos corporativos han cometido todos los errores al mismo tiempo, y se tornan en una ambivalencia frente al gobierno federal liderado por AMLO: o colaboran y son usados por el gobierno, o se rinden y se van a la confrontación hasta acabar en litigios.
¿Dónde ha estado el error? En el mapeo de los actores. No identificaron a tiempo los factores que podían fallar, evaluar su propia vulnerabilidad, preparar a su fuerza de gobierno corporativo con personal que entendiera la lógica del entonces nuevo gobierno. Los economistas van de salida, los politólogos y los equipos legales van en aumento, en el caso de los consorcios que ya comprendieron la necesidad.
Tampoco asignaron prioridades sobre la base de la identificación de sus puntos débiles, sus necesidades urgentes; pensaron que los planteamientos ofrecidos en campaña, no iban a significar una amenaza, pues todos los comentaristas hablaban del «beneficio de la duda», de algo que desconocían.
Ahora, tienen que replantearse la actual situación, sobre todo las empresas de servicios de telecomunicación, las empresas enfocadas a los recursos energéticos, y básicamente todas las empresas que dependían del outsourcing para alimentar su fuerza laboral o que por maña diversificaban sus sociedades mercantiles. La Secretaria del Trabajo, la Lic. Alcalde, que nunca ha trabajado en una empresa, no tenía por qué tocarse el corazón para promover la erradicación total del outsourcing, no tenía desde su lógica, la que no comprenden los empresarios.
Las empresas tienen que formularse nuevas preguntas y verificar si su rentabilidad vale la pena afrontar el riesgo económico en el país. ¿Qué hacer? ¿Qué proponer? ¿Qué decir? La clave de cualquier estrategia para estas industrias tendrá que incluir la contención y la neutralización de los daños.
Uno de los grandes errores de las empresas ha sido pensar que su poderío económico podía ser suficiente para actuar independientemente de las afectaciones que le podrían suceder a las empresas más pequeñas. La realidad, es que subestimaron las capacidades del propio gobierno actual, por suponer esta falta de «clase» y refinamiento para negociar. Así que varias de las reformas, con cabilderos aislados, se han dejado pasar en una actitud de «sálvese quien pueda, con sus propios medios.»
Varias de las reformas han venido a estallar en los medios de comunicación a unas horas antes de aprobarse, han pasado por la puerta trasera. Y los consorcios furiosos recriminan de algo que pudieron haber evitado en conjunto, de algo que sus equipos de relaciones gubernamentales no alcanzaron a promover como amenazas al interior ni en la red de relaciones de empresas similares. Han sido incapaces de ponerse de acuerdo para plantear estrategias de defensa.
Si los diferentes gremios quieren tratar con el funcionario típico del actual gobierno, tienen que entenderlos, hacer un análisis realista de quiénes son, sus fobias y anhelos. Tienen que aprender a actuar en una relación de interdependencia con las demás compañías aunque se dediquen al mismo giro y sean su competencia. Deben aceptar que actual gobierno tiene una manera poco predecible y atípica para romper los acuerdos no signados, en otras palabras aún no alcanzan a comprender el lenguaje de la 4T; un lenguaje que quienes hayan estudiado en la UNAM sí alcanzan a divisar. Los aludidos entienden el porqué.
Dr. Gustavo Adolfo Pérez Rojas
@drgustavoadolfo
Analista en democracia, gobierno y corporaciones.
