
Estas elecciones intermedias serán trascendentales no sólo por ser las más grandes hasta ahora, o por tener en juego la continuación política del obradorismo frente a la oposición, sino porque por primera vez desde 1933 las y los diputados podrán reelegirse de manera consecutiva, marcando una transformación en uno de los tres poderes.
En una época de despolitización y dado el historial que como nación tenemos ante la reelección (véase el Porfiriato), es común que exista un sentimiento negativo ante la idea de políticos que se reeligen y que se quieren perpetuar en el cargo.
Pero no hay nada más común en muchas de las democracias del mundo, que las carreras legislativas, es decir, un servicio de profesionalización en la actividad legislativa que llevan a cabo políticos y políticas que compiten, ganan y ejercen el cargo de legisladores durante un periodo considerable.
En algunas naciones los presidentes surgen del poder legislativo, por ejemplo el gran Salvador Allende fue legislador por alrededor de 30 años, o si se quiere un espécimen más de derecha, el presidente Obama lo fue también por 10 años.
La idea de la carrera legislativa fue defendida por la consejera Humphrey en el consejo del INE por “producir la especialización temática para enfrentar de una mejor manera, una relación equilibrada con el Ejecutivo, reforzar la cercanía con las bases ciudadanas de su distrito o estado y la legitimidad social del Poder Legislativo”.
Lo que se busca es mejores legisladores, con experiencia en los procedimientos, con un buen olfato político y sobre todo con cercanía a sus representados. Sin haber una reelección consecutiva tenemos muchos cuadros que han aprovechado para hacer carrera un periodo en San Lázaro y un periodo en el Senado, esperemos esta legislación pueda cumplir con sus fines y fortalecer al Congreso en este sistema presidencialista.
Pero no todo sería tan fácil, pues ante la negligencia del legislativo para crear una normativa secundaría a la reforma de 2014 que permitía la reelección inmediata de legisladores, el Instituto Nacional Electoral se tomó atribuciones para reglamentar esta contienda, con normas que como admitió el propio consejero presidente son más restrictivas en comparación con otros países, y las cuales según Roberto Ruiz se habían discutido extemporáneamente pues esa normativa debió haberse dado 90 días antes de iniciar el proceso electoral y no en diciembre del 2020 a dos meses del arranque.
Aun así, el INE compuso y dispuso, y comenzó con torpezas, pues quería condicionar a las y los aspirantes a la reelección a tener que solicitar licencia de su cargo, una necedad por donde se vea, puesto que generaría que la cámara baja quedara mermada de miembros e imposibilitada para seguir trabajando, por fortuna esto no llegó a las disposiciones finales pues entre los argumentos de algunos consejeros se esgrimía que era un procedimiento que excedía lo dispuesto por la Constitución.
Y ¿por qué era esto algo excesivo y torpe? Primero porque la fórmula en la Cámara consiste en el diputado o diputada titular y un suplente, si el titular muere o se va a otro cargo (secretarías, presidencias municipales, etc.) el suplente asume la titularidad, pero no puede nombrar a otro suplente, cuando se supone pediría licencia para ir por la reelección, la curul simplemente quedaría vacía. Y si consideramos que a nadie le cae mal la oportunidad de ir por la reelección, tendríamos una cámara como en los viejos tiempos en que nadie se presentaba a las sesiones.
No pueden decir quienes son ni lo que hacen…
Con el argumento de velar por la equidad en la contienda (como muy seguramente hicieron en el Caso Monex o con Odebrecht), el instituto resolvió que queda prohibido utilizar la imagen de “diputado” o “diputada” durante la campaña y que deberán presentarse como “candidato” o “candidata” solamente, siendo esto un despropósito completo.
Cuando un actor político se enfrenta a la reelección, el hecho de ser un servidor público en funciones puede jugar como ventaja o como desventaja según el desempeño que del mismo. Por ejemplo, para el presidente Trump el hecho de ir a campaña con la presidencia encima sirvió sólo para mermar su popularidad y desacreditar sus promesas incumplidas; en cambio, si se es un legislador activo, solidario con los movimientos sociales, que escucha y representa dignamente al pueblo, con toda seguridad puede ir a presumir de sus logros y a recolectar los merecidos votos de popularidad producto de su trabajo.
Cuando el INE imposibilita de promover su trabajo en la cámara, sus iniciativas presentadas o tan sólo su imagen y voz en los debates públicos, está contrariando la idea central de la reelección, le está quitando al electorado elementos a considerar en la reflexión de su voto. Lo bueno es que, en esta época de hiperconectividad toda intervención pública queda guardad y está al alcance de un clic.
Pero no sólo les prohibió identificarse como lo que son y con lo que hicieron, sino que aunque sigan en funciones de “representantes de la nación” como lo establece la carta magna, no podrán atender aclaraciones ni facilitar trámites en la demarcación donde hacen campaña, es decir, queda prohibido atender las quejas y tratar de facilitar contactos entre los ciudadanos y los funcionarios que podrían solucionar sus problemas. Si algún diputado pudiera ayudar a una comunidad que está siendo vejada por terratenientes por ejemplo, no podrá contactar a una secretaría ni interferir en el Congreso para cubrir a los damnificados.
Sinceramente una reelección con estas condiciones parece más una campaña desde cero con el beneficio mínimo de que la gente con iniciativa y con los medios puede consultar de su trabajo en redes sociales, aunque la culpa no debe recaer en el usurpador que legisló sino en quienes dejaron pasar los tiempos para crear leyes secundarías dignas a nuestros tiempos, que concordaran con el objetivo de la reelección legislativa y que sobre todo, sirvieran a la democracia y no a la despolitización.
Alexis Javier Esperanza Reyes
Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz
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