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Entre la incertidumbre y el enojo

13/06/2020

Son tiempos de gran incertidumbre para todos. Algunos tuvimos que cambiar radicalmente nuestra forma de trabajar o estudiar, otros detuvieron sus negocios y otros, los más afectados, han tenido que cerrarlos definitivamente o perdido sus empleos. Ya no podemos vivir la vida como la conocíamos y no sabemos cuándo podremos volver a hacerlo. 

 

La falta de pruebas para detectar los casos de COVID-19 ha provocado que no sepamos a ciencia cierta de qué tamaño es el “monstruo” al que nos enfrentamos, cuánto crecerá ni en qué momento llegará a su tamaño máximo. Estamos peleando prácticamente a ciegas contra un enemigo realmente fuerte.

 

En medio de esta incertidumbre provocada por la falta de información certera acerca del número de infectados, el Gobierno nos dice, por un lado, que los muertos y los enfermos van en aumento, que estamos llegando al pico de la pandemia, y por otro, termina la “Jornada Nacional de Sana Distancia” y lanza el “Plan Gradual Hacia la Nueva Normalidad”. Esta contradicción en la comunicación oficial ha provocado una gran confusión y, con ello, abonado a la incertidumbre. 

 

Anunciar del fin de la “Jornada Nacional de Sana Distancia” en lugar de la excepción de su aplicación en los escasos municipios donde hay pocos casos de COVID-19 provocó que muchos pensaran que la epidemia estaba llegando a su fin y que era momento de relajar restricciones, provocando que la situación se agravara por un aumento en el número de contagios y, con ello, una muy probable extensión en el tiempo en confinamiento. 

 

La incertidumbre causada por la crisis sanitaria y económica que vivimos provoca un gran miedo al contagio, al desempleo y a que el dinero un día ya no alcance. Ese miedo por sentir que hemos perdido el control puede, entre otras cosas, expresarse como enojo, especialmente en momentos tan sensibles como los que todos vivimos actualmente. 

 

Ante la inestabilidad que enfrentamos por la epidemia y por los muchos problemas que ya tenía el país, está explotando en un enojo que llevamos acumulado de tiempo atrás, muchas veces de formas poco sanas, que no ayudan a resolver los problemas o incluso que los aumentan. 

 

El enojo por el abuso y la discriminación se ha expresado en manifestaciones perfectamente legítimas cuya causa es justa, pero que cuando terminan en violencia termina hecha a un lado. Además, el quebrantamiento impune a la ley (sea por parte de la policía o de grupos de choque) nos acerca a la barbarie. 

 

El enojo por la ineficiencia, las arbitrariedades y el despotismo del gobierno se expresa en peticiones que, en muchas ocasiones, además de no ser viables, no ayudan a la democracia. Sin embargo, estemos o no de acuerdo con esas demandas, a nadie se le puede olvidar, mucho menos a quien está en el poder, que es perfectamente legítimo (incluso sano) disentir con el gobierno y expresarlo. 

 

Ante la incertidumbre y el miedo, todos tenemos el deber de actuar con responsabilidad para ayudarle a nuestro país a salir adelante. Tenemos que poner atención al fondo de la información acerca de la pandemia para no relajar las medidas de distanciamiento social e higiene antes de tiempo. Debemos saber que todavía no debemos salir si no es estrictamente necesario, tenemos que cuidarnos entre todos. 

 

Además, no podemos dejar de tener mirada crítica ante el abuso, la impunidad y el autoritarismo, pero nuestras exigencias siempre deben manifestarse de forma pacífica y respetado el orden Constitucional democrático. 


Daniela Kuri Breña Morales 

Twitter: @danikbm 

Activista Política


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