
La pandemia de coronavirus nos ha puesto la vida de cabeza a todos. Muchos trabajamos o tomamos clases desde casa, dejamos de reunirnos y ya no saludamos de la manera en que estábamos acostumbrados. Cada día se vacían más las calles y, de las cada vez menos personas que transitan en ellas, cada vez más usan cubrebocas, gel antibacterial y guantes para prevenir el contagio.
Entre los grandes cambios que hemos tenido que hacerle a nuestra rutina, el miedo que nos provoca la posibilidad de ser contagiados y la confusión que han generado primero la inacción y luego las contradicciones del Gobierno Federal, podemos sentirnos verdaderamente abrumados.
Sin embargo, crisis tan grandes como esta pueden darnos grandes lecciones. La del coronavirus nos ha hecho crecer como ciudadanos, como habitantes de un planeta que nos ha dado todo y como seres humanos. Puede ser difícil y doloroso, pero superarlo puede y debe hacernos mejores.
Hemos crecido como ciudadanos porque nos dimos cuenta de que a nuestro gobierno le importa más quedar bien que cuidarnos (en una democracia es bueno que los ciudadanos seamos conscientes cuando nuestro gobierno no esté haciendo bien su trabajo para usar los mecanismos a nuestro alcance para exigirle corregir el rumbo), pero que, ante esa ausencia, nosotros somos capaces de organizarnos para salir adelante.
Nos hemos hecho más conscientes como habitantes de un planeta que nos ha dado todo y nos hemos encargado de desgastar hasta casi acabarlo, pues hemos visto que, ahora que los seres humanos nos hemos quedado en casa, la contaminación se ha reducido notablemente. Un muy claro ejemplo del descanso que está teniendo nuestro planeta es la aparición de delfines en los canales de Venecia.
Y hemos crecido como humanos porque entendimos que cuidándonos nosotros mismos cuidamos también a quienes más queremos, que por más que queramos establecer fronteras y divisiones, todos estamos conectados, que podemos hacerle a otro más llevadera la peor de las crisis poniendo nuestros talentos su servicio y que no podemos dar por sentadas cosas tan simples como abrazar a los nuestros, ir a caminar al parque o salir a comer con nuestra familia.
Ahora que las circunstancias nos alejan del tránsito, las prisas y los ruidos de las calles, debemos aprovechar el silencio y el tiempo con nosotros mismos para pensar en cómo ayudar a mejorar a nuestro país, contaminar menos y ayudar a otros, para que cuando salgamos podamos darle a nuestro mundo la renovación que necesita.
Para lograrlo, cuando regresemos a las escuelas, las oficinas, los negocios y las calles, tenemos que ser personas más solidarias, conscientes y unidas. Vivimos y viviremos tiempos difíciles, pero a pesar de la distancia física, no estamos solos, estamos más juntos que nunca.
Daniela Kuri Breña Morales
Twitter: @danikbm
Activista Política

