
El pasado Domingo 15 de marzo se llevó a cabo la votación del presupuesto participativo en la Ciudad de México donde se instalaron un total de 3 mil 156 mesas receptoras con tabletas y se pudieron elegir entre 13 mil 128 proyectos del presupuesto del 2020 y 10 mil 783 del 2021.
La consulta registró la participación de al menos 20 mil ciudadanos, con algunos incidentes, como un par de asaltos y robos de urna en la delegación Cuauhtémoc, así como robo de padrón y lista nominal.
La urna electrónica no es nueva para el IECM, desde su creación es un proyecto que el Instituto Electoral de la Ciudad de México ha acompañado y trabajado hasta su ejecución la verdadera pregunta es ¿Por qué un voto electrónico? la jornada del pasado domingo reporto un fallo de 16.7% de los equipos digitales, que bien, tuvieron que ser sustituidos por boleta de papel y lápiz.
El primer ejercicio de urna electrónica en México se dio en el año 2005 con el Instituto de Participación Ciudadana del Estado de Coahuila, con un proyecto llamado “Democracia Digital”, no es tarea fácil un sistema de votación distinto al tradicional, desde el presupuesto hasta la creación de software.
El argumento de utilizar las urnas electrónicas puede ser muy atractivo si lo vemos desde el punto de vista de practicidad, reducir costo de las elecciones, la protección del medio ambiente y la inclusión de sectores como personas débiles visuales, sin embargo, los sistemas electorales deben favorecer la participación.
Las desventajas de estos sistemas son más complejos de lo que parecen, desde la desconfianza del electorado, la desconfianza de las autoridades, actores y partidos políticos que parte de situaciones donde no hay funcionalidad del cien por ciento de los equipos como sucedió el pasado domingo.
Además, la implementación de estas, requieren de reformas legislativas, de no contar con los candados suficientes no se puede garantizar la privacidad del voto y la seguridad informática no es asunto menor, sin mencionar lo costoso que son los hardware y software, las licencias que deben preverse y también el mantenimiento no solo estos, si no a los equipos digitales con los que se votará. Y por ultimo el desempleo que genera al utilizar este mecanismo de votación, pues son millones de ciudadanos los que hacen las elecciones posibles, desde conteos, observadores, representantes de casilla, escrutadores, presidentes y secretarios. esta opción reduciría enormemente las tareas de estos ciudadanos.
Antes de cualquier propuesta de voto electrónico los organismos como el IECM deberá garantizar el funcionamiento total y pleno de las urnas electrónicas, legislar en materia electoral las lagunas que contiene este proceso, y sobre todo garantizar la confianza de los ciudadanos al votar por un método tradicional. Así como proponer una campaña de difusión e información a los ciudadanos sobre el funcionamiento de este método.
Alejandra Ríos Márquez
Twitter: @rios_ale
Abogada miembro de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia.
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