
La pobreza y la ignorancia en México son dos factores que han sido contribuyentes para que la política nacional se vuelva un colado de dos cosas: populismo y demagogia.
Los políticos mexicanos a través de los años han sabido ganarse a sus votantes con dinero o favores, pero principalmente con promesas falsas y palabras bonitas. Todo esto aunado a que en el país por décadas ha existido el analfabetismo a grandes escalas (todavía aún en 2020) y también el agachismo (algo muy mexicano).
¿Cuál es el partido político que por su naturaleza se ha distinguido por acarrear masas y mentir por más de 70 años?- El PRI, el priismo ha sido el semillero del populismo y la demagogia fomentada por lo explicado en las primeras lineas, pero también por algo que hasta hoy en día ha servido como estandarte político: La Revolución Mexicana.
La Revolución Mexicana más que servir como un ejemplo de lo que pudiera suceder de nueva cuenta si la sociedad se divide y se harta de su Gobierno, ha servido para utilizar a los grandes nombres revolucionarios en ideologías que casi nada tienen que ver con la lucha de la revolución o en si, lo que se buscó cómo fin conjunto para crear una nueva democracia mexicana.
De la revolución nacen grandes políticos y de esos políticos nace una forma de hacer política en el país, la cual casi siempre fue dirigida a la mayoría votante que era la más pobre o la más ignorante.
Así han pasado décadas y eso sigue funcionando hasta el día de hoy.
Los mexicanos se hartaron del priismo y quisieron darle la oportunidad al PAN por 12 años. Esa docena que trajo muchos beneficios y dificultades, pero nunca llegó a penetrar en el corazón de los mexicanos para volver a repetir otro sexenio. En el 2012 llega un nuevo prototipo priista a México; los “jóvenes” que serían el nuevo orgullo priista para transformar al México que se encontraba hundido ya por varios años.
La sociedad entendió que después de bastantes años e intentos fallidos, era ya tiempo de darle oportunidad a un político y luchador social que había perseguido la presidencia por más de 12 años. El voto fue para esa persona que parecía un mesías o un salvador para el pueblo mexicano.
Muchos se hartaron de ir a la derecha y creyeron que un cambio de timón sería bueno para la izquierda. Muchos pensaron que López Obrador no sería más de lo mismo, de ese priismo populista y demagogo. ¿Erraron? Usted tiene la última respuesta.
Andrés Manuel llega a la presidencia con muchas promesas y con el cariño de millones de mexicanos, los cuales pensaron que todas las palabras se convertirían en realidad desde el 1 de diciembre de 2018. El presidente dejó ver desde su campaña que tenía un perfil muy a fin a lo que era Echeverría y López Portillo; esto hablando sobre lo populistas y demagogos que fueron ambos durante sus sexenios (1970-1976, 1976-1982).
Pareciera que desde un principio, el presidente López Obrador sentó las bases de lo que sería su presidencia: Tener el control absoluto de todo el Gobierno incluyendo los dos Poderes de la Unión restantes, tener el control total de cualquier decisión gubernamental; estar todos los días en boca de todos los mexicanos con comentarios o frases populistas, y utilizar cualquier situación complicada para culpar al pasado de sus problemas.
Lamentablemente el país no puede ser gobernado con populismo y demagogia; con ambos no se dan resultados y eso ya se está viendo después de un año de Gobierno.
El comer barbacoa o el que se ponche la llanta de la suburban fifí no debería ser tema político en el país, como tampoco que el nieto nazca en Houston y no en una clínica del Insabi. Todas esas cosas resultan populistas y sin fines progresistas para que México sea un país con mejor economía o con mejores ratings a nivel mundial.
La tendencia no cambiará, sino que todo seguirá yéndose a un abismo populista y demagogo que destruirá a México en todas sus esferas políticas y sociales.
El país no puede ser gobernado con las mismas maneras de los años setentas y ochentas, sino que ya debe ser gobernado por alguien que esté enfocado en el dos mil veinte.
Ricardo Ortiz Esquivel
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