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Trastornos del sueño por pandemia, el enemigo silencioso

Enfoque Educativo con Laura Águila Franco 🖋️

Al iniciar el año 2021, el recuento de los daños debido a la pandemia no se limitó exclusivamente al índice de contagios y pacientes con complicaciones graves así como los niveles de  mortalidad, incluyó también el incremento de trastornos del sueño no solo en pacientes COVID, sino también en personas sanas, convirtiéndose en una afectación en todo el mundo, siendo el insomnio y las pesadillas los eventos con mayor presencia en los grupos de personas que participaron en estudios realizados. Si bien la pandemia comenzó siendo una problemática principalmente sanitaria, de manera vertiginosa pasó a ser también un dilema social, económico, educativo y político, con importantes afectaciones en las formas de entender, reaccionar, sentir y pensar de las personas.

Una de los indicadores principales es la carga emocional que ha representado el confinamiento, la pérdida de empleos, el temor al contagio, el estrés, ansiedad y la inminente progresión de una pandemia no controlada, la afectación de la economía en diferentes países ha tenido repercusión importante en la salud mental de las personas, manifestándose principalmente en alteraciones del sueño.

Cabe recordar que el sueño juega un papel determinante en la homeostasis del sistema inmunológico, haciendo que la calidad del sueño sea necesaria para el adecuado funcionamiento de nuestro organismo, teniendo presente que si nuestras defensas naturales no se encuentran fortalecidas, corremos el riesgo de ser más propensos a contraer el virus y si ya lo padecemos, de que la mejoría sea más lenta.

La doctora Feggy Ostrosky, directora del Laboratorio de Neuropsicología y Psicofisiología  de la Facultad de Psicología de la UNAM, refiere que la higiene del sueño es importante para una óptima salud mental, explicando que “la fase de movimientos oculares rápidos, donde ocurren las ensoñaciones son las más vividas y se relacionan con la memoria y el estado de ánimo”. Durante los procesos depresivos, las personas se ven afectadas en la fase de sueño profundo, y se agudiza más cuando se experimentan elevados niveles de estrés, durante la contingencia por pandemia ha sido notorio el  incremento del número de personas que reportan grados fuertes de ansiedad, situación que pone en alerta al sistema nervioso para poder “enfrentar un peligro”, y por ende el organismo busca mantenerse en estado de vigilia, provocando a su vez que al no dormir las personas muestren un cuadro de cansancio y depresión.

Debido al crecimiento de esta alteración, ya se empiezan a utilizar vocablos como “coronasomnia” o “Covid-somnia”, en referencia a los trastornos del sueño generados por pandemia, y es que los datos son alarmantes,  un estudio de agosto de 2020 de la Universidad de Southampton en el Reino Unido mostró que la cantidad de personas que experimentaron insomnio aumentó de una de cada seis a una de cada cuatro, concentrándose entre las madres, los trabajadores esenciales y los grupos de minorías étnicas, igualmente los especialistas señalan que en China las tasas de insomnio se elevaron del 14.6% al 20%, en el periodo de confinamiento más severo, en Italia se determinó lo que llamaron una “prevalencia alarmante” de insomnio clínico, y Grecia por su parte alcanzó cifras de hasta un 40% de personas encuestadas que reportaron padecer insomnio.

Con 16 meses de pandemia, el distanciamiento social ha afectado y transformado las rutinas diarias de las familias, se han desvanecido los límites de la vida laboral y la privada, y la incertidumbre ha pasado a ser una constante en nuestras vidas, ayudando a contrariar nuestros procesos de sueño, que ya muestran su repercusión en la salud y productividad de un gran número de personas, debido a que la ausencia de sueño incrementa la probabilidad de cometer errores, impacta en la concentración y en los tiempos de reacción de las personas, imprimiendo todo ello una huella en el estado de ánimo.

Y ni qué decir que los trastornos del sueño traen de la mano a largo plazo afectaciones en la salud, como obesidad, niveles de ansiedad elevados, así como afectaciones cardiovasculares y diabetes, por mencionar algunas.

El Dr. Steven Altchuler, psiquiatra y neurólogo especialista en medicina del sueño en la Clínica Mayo, señala que la razón por la que se han incrementado los casos de insomnio en pandemia, se debe a que “hay múltiples factores en juego, en primer lugar, nuestras rutinas y entornos diarios se han visto alterados, lo que dificulta mantener intacto nuestro ritmo circadiano. Perdimos muchas de las señales externas que están presentes en las reuniones de la oficina o los descansos programados para el almuerzo,… lo que estás haciendo [con el trabajo remoto] es interrumpir el reloj biológico de tu cuerpo”(sic).

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), en su manual sobre Protección de la Salud Mental en Situaciones de Epidemia establece que “desde la perspectiva de la salud mental, una epidemia de gran magnitud implica una perturbación psicosocial que puede exceder la capacidad de manejo de la población afectada. Puede considerarse, incluso, que toda la población sufre tensiones y angustias en mayor o menor medida. Así es que se estima un incremento de la incidencia de trastornos psíquicos (entre una tercera parte y la mitad de la población expuesta podrá sufrir alguna manifestación psicopatológica, de acuerdo a la magnitud del evento y el grado de vulnerabilidad)”, y lamentablemente como se ha dado el manejo de la pandemia en nuestro país, la probabilidad de que los trastornos del sueño sigan presentándose es alta, y entre más se prolongue el tiempo de experimentarlos, será más difícil romper con los hábitos inadecuados o poco saludables que se hayan formado.

Es importante considerar que el grueso de la población en México, ha cursado por la pérdida de al menos un familiar o conocido o allegado y la aflicción que invariablemente eso conlleva; la pandemia también ha generado miedos prácticos en las personas, debido a que tienen que enfrentarse a desempeñar nuevos roles impuestos por la muerte de alguien cercano, miedo a enfermar y morir, sentimientos de soledad y abandono, enojo, sentimientos de culpa, y ante esta panorámica tan compleja lo ideal sería brindar ayuda terapéutica, el problema radica en que las personas no asimilan que necesitan buscar apoyo, y por otro lado, las autoridades sanitarias correspondientes responden muy lentamente y de manera poco efectiva, a esta condición de salud mental, que muy pronto podría ser considerada como “otra pandemia”.

Muy lejos estamos de aquella frase “dejar los problemas del trabajo en el trabajo”, y parece que ya no aplica más, vivimos en un ambiente en donde es prácticamente imposible “separarse” de los pendientes laborales, traduciéndose en jornadas laborales complejas con un estrés constante, agregando que gran cantidad de actividades de esparcimiento y ejercicio o deporte no pueden realizarse para desfogar la presión. Se hace urgentemente necesario que fomentemos la conciencia personal para realizar pequeños cambios que aporten soluciones a esta problemática, y participemos activamente para recuperar nuestra higiene del sueño, acciones como evitar trabajar en la cama (el cerebro asociará entonces el trabajo en la zona de descanso), limitar el bombardeo de noticias para reducir la ansiedad, si es posible, no utilizar el teléfono celular como despertador y mantenerlo alejado de nuestra cama o lugar de descanso (la luz azul que generalmente emiten estos dispositivos no es adecuada para el proceso de sueño). El hecho de haber intensificado el uso de computadoras, tabletas, celulares por razones de estudio, trabajo o simplemente entretenimiento, ha provocado que se prolonguen las jornadas hasta horas altas de la noche y con ello una mayor estimulación luminosa al cerebro generada por estos dispositivos, y que también aportan su contribución para afectar la calidad del sueño, haber alterado los horarios habituales de trabajo/descanso también ha significado modificar los horarios de la ingesta de alimentos durante el día, con su consecuencia lógica de variación en los procesos digestivos y metabólicos.

El Dr. Ulises Jiménez Correa, investigador de la Clínica de Trastornos del Sueño, de la Facultad de Medicina de la UNAM, refiere que “ha habido una alta prevalencia de hábitos disfuncionales de trastornos de sueño durante la pandemia, por lo que  propone que se debe generar información y difundirla de manera masiva para que la gente empiece a adoptar mejores hábitos de sueño, ya que una vez que acabe la pandemia tendremos que retomar muchas de las actividades que hemos dejado de hacer.”

Concluye que “Tener síntomas de trastornos del sueño deteriora la calidad de vida de quien lo está sufriendo, porque dormir mal es algo que va a impactar de manera negativa en su salud física y mental” (sic).

La sugerencias para poder restablecer la calidad del sueño son: tratar de recuperar los hábitos de levantarse y acostarnos a las horas acostumbradas antes de la pandemia (o lo más cercanas posibles), procurando que sean siete horas en promedio para los adultos sanos, y en el caso de los niños un promedio de entre 8 y 9 horas, observando que su sueño sea tranquilo y reparador lo cual reducirá en gran medida que al día siguiente se muestren irritables o cansados.

Realizar actividad física por la mañana ayudará a tener energía durante el día, y recuperar los horarios de alimentación también es fundamental. Si se acostumbra a tomar siesta vespertina, cuidar que no sea muy tarde y no más de 20 minutos, evitar el consumo de alcohol y tabaco, y lo más importante, recordar que tarde o temprano regresaremos a nuestras rutinas habituales y ahora es tiempo de cuidar nuestra salud física, emocional y mental.

Laura Águila Franco

@laura_aguila

Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.

Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.

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Un comentario

  1. Son diversas las repercusiones que esta pandemia nos deja, más aún si consideramos que la situación no desaparece. Es indispensable atender los posibles daños que más tarde se verá, no sólo serán económicos o de aprendizaje. Excelente reflexión sobre asuntos tan trascendentales.

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