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La #marchaINE: Una interpretación de clases

El domingo 13 de noviembre se convocó en Paseo de Reforma a la marcha en defensa del INE (Instituto Nacional Electoral). El argumento central fue que la iniciativa de reforma electoral del presidente López Obrador intenta destruir las instituciones “democráticas” y con ello impulsar la dictadura o la tiranía disimulada. 

La polémica primera vino del cuestionamiento de quiénes habían sido los convocantes para esta movilización. Entre el frente cívico que impulsó la marcha pudimos ver en general un ánimo opositor al gobierno actual, pues en él se encontraban los partícipes de Unidos, Va por México, Podemos, México Libre y todos los demás nombres por los que se le ha llamado al empresariado y clase política confrontada con la actual administración. 

El análisis estructural de las clases no le compete únicamente a la visión marxista del mundo, siglos antes de Carlos Marx los sabios griegos estudiaban la política de los pueblos basándose en la composición de las clases conforme al trabajo y a la riqueza material que estos tenían. Desde el rompimiento de la Corriente Democrática con el Partido Institucional Revolucionario, los mítines del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas tuvieron análisis de este tipo, entonces, se pudo afirmar que las clases medias producto del nacionalismo revolucionario eran la base que abanderó a sus candidaturas. 

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El México de entonces dista mucho del nuestro, pues ya no existen las clases medias del nacionalismo revolucionario. A esta clase media no sólo se le distinguía por su nivel socioeconómico, sino por su ética republicana, sus sueños de justicia revolucionaria y su moderación con el dispendio de lo material. Las clases medias actuales, por su origen y evolución, son una copia de las clases estadounidenses materialistas, con un toque propio de racismo y resentimiento por su origen. 

Cabe aclarar que decirle “aspiracionista” a las clases medias mexicanas, desde este análisis, no equivale a lo que el presidente Andrés Manuel se refiere en sus discursos de la mañanera. Aquí se parte del estudio de la ética, que viene a referir al carácter de las personas, el cual se forja a través de sus costumbres. Si una clase nace por el liberalismo económico que tiene por meta la acumulación del dinero por encima de todo, sus costumbres serán siempre las que le lleven a este fin sin importar pasar por encima de otros, y por tanto, su carácter no será distinto al de una clase que aspira al dinero por encima de lo demás. 

La marcha del domingo comprueba la existencia de las mitificadas clases media y alta del país. No fue una, sino muchas, las personas que marcharon con guantes blancos por Reforma, recordando el sentido original del entonces “Paseo de la Emperatriz” en honor de Carlota. Se sentía en el ambiente la falta de creatividad y de experiencia de las concurrentes, porque no se han hecho de un breviario popular de consignas, en su lugar repetían una y otra vez: ¡El INE no se toca!, ¡A eso vine, a defender al INE!. y ¡México!, intercalado por dos enguantadas palmadas. No faltaron las selfis, serias o sonrientes, pues ha de ser una situación muy peculiar para aquellos individuos, el movilizarse por Reforma. 

Se sabe de su clase por la moral que les impulsó a ir a la marcha, pero también por lo que se ve a simple vista. Antes de empezar a desfilar por las calles, cientos de personas se aglomeraban en los Starbucks o en cafeterías del estilo de la Maison Kayser Paris. Demostrando con ello su nivel económico y las prácticas sociales que les distinguen. A unos porque pueden y les gusta y a otros porque aunque no pueden, es lo que se luce. 

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En un país mestizo, donde el color de la piel sí importa, en detrimento de la mayoría morena, por supuesto, pocas veces se ve a una marea de gente blanca recorrer las calles. Es evidente que suele haber turistas, o zonas de la ciudad en las que se aglomeran para comer, pasear, trabajar y vivir, pero no es del diario que se tomen la mañana del domingo para hacer eso de lo que muchas veces se quejan y tachan de vandálico, inútil o estorboso. 

Al elegir como fecha de su realización, la misma que el cumpleaños del presidente, eran de esperarse las confrontaciones. Había partes del trayecto en que los acatrinados y monótonos manifestantes se topaban con personas a favor del presidente y de la reforma electoral, la diferencia entre las consignas, la indumentaria atiborrada de carteles, fotografías y peluches es que a estos últimos no es extraño verles en Reforma, en el Zócalo, afuera de los tribunales o de la Cámara de Diputados. 

El único orador anunciado, José Woldenberg, expresidente del consejo del entonces Instituto Federal Electoral, le habló a su pueblo. Aprovecho este maleable término recordando aquellos episodios en que personas de su clase como Denise Dresser han sostenido “yo también soy pueblo”. Con una actitud muy poco cómoda, meciéndose en sus mismas piernas, leyendo su discurso impreso en hojas y con una gorra que recordó a los mítines de candidatos estadounidenses, Woldenberg habló en un idioma no universal. 

Pepe Woldenberg, maestro del actual presidente del INE, Lorenzo, y del consejero Murayama, declamó en un modo muy formal, con algunos tecnicismos y con la maestría de un experto en el tema electoral, la opinión impuesta a los miles de manifestantes. Si al canciller Ebrard se le tacha de poco popular por su oratoria formal, este discurso dejó ver que la batalla del 2024 de darse en estos términos será una contienda que excluye a la mayoría. Ese no fue un discurso dirigido a las masas populares.

Las implicaciones del poder de convocatoria que ahí se demostró quedan pendientes a la respuesta presidencial. Lo que si queda claro es el carácter de esta defensa de la institución electoral. La clase media y la clase alta defienden al INE, lo que para nada traduce en que defienden la democracia, pues eso es contradictorio. No podrían defender a las mayorías pobres cuando no se les ve caminando juntos, y cuando sus palabras no están codificadas para que entre los pobres se les escuche. 

Alexis Javier Esperanza Reyes

Estudiante de Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz


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