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El ocaso del PRD: ¿Hacia dónde va la izquierda mexicana? | Éder Guillén e Ian Carlos Estrada

La lucha política de izquierda en México, se ha ido trastocando al paso del tiempo, desde la incipiente presencia y activismo del extinto Partido Comunista Mexicano, hasta la articulación y unificación de los pequeños partidos de izquierda en México. Para 1988, se formuló el Frente Democrático Nacional, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, logró sobreponerse, y casi arrebatarle el Poder Ejecutivo al PRI, tras ser víctimas de un muy cuestionado fraude electoral el 6 de julio de 1988.

Tras esos comicios, ya en 1989, esta corriente política se institucionalizó, conformándose así el Partido de la Revolución Democrática (PRD). El hecho fue crucial, debido a que significaba el reposicionamiento de la lucha de izquierda en el sistema político mexicano. 

Es claro y evidente que, en 1988, la imagen del ingeniero Cárdenas, adquirió una popularidad sin precedentes, representando un nuevo paradigma para la izquierda mexicana, especialmente, la socialdemocracia como era entendida en aquellos tiempos. No obstante, la elección federal de 1994 no fue como esperaba, por lo que la imagen del partido nuevo y con posibilidad de cambio, se fue debilitando, hasta caer al tercer sitio de esa contienda. Para el año 2000, sucedió una alternancia política, que evidentemente, no favoreció a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano; la imagen ya totalmente diluida de Cárdenas, representó el detonante para encontrar nuevas figuras y cuadros dispuestos a representar ese cambio prometido por los amarillos de Revolución Democrática.

Con el ascenso de Andrés Manuel López Obrador como Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal en el año 2000, un nuevo modelo de gobierno de izquierda se aplicó en la capital del país; para, posteriormente, darse a conocer en el país rumbo a la contienda de 2006. López Obrador se dio a conocer ante la nación como una muestra de que se podía gobernar de forma distinta, siempre pretendiendo apoyar a las mayorías y a los más desfavorecidos, reivindicando una de las principales banderas enarboladas por el Sol Azteca. La nueva ruta emprendida por el PRD, tenía como derrotero conquistar la Presidencia de la República e incidir más en las decisiones tomadas desde el Legislativo federal, capturando también arraigos y preferencias a nivel regional y local.

Las puertas de la gloria se cerraron con solo medio punto porcentual de diferencia. El cenit del Partido de la Revolución Democrática significó a su vez, el inicio de las fracturas entre sus nuevos caciques, líderes de las polémicas corrientes, y el hombre que nunca decidió dar un paso al costado, porque sabía que la Silla del Águila algún día sería suya. El obradorismo, el movimiento político mexicano más grande, resiliente y dominante de este siglo, escapaba ya de los bordes que la cúpula perredista les había impuesto. La realidad superó a personajes como Los Chuchos (Zambrano y Ortega) y Guadalupe Acosta Naranjo, quienes, recelosos del nuevo jefe máximo, buscaron boicotear sus aspiraciones con Marcelo Ebrard, futuro Secretario de Economía. 2012 fue el año del declive para el PRD.

La entrega moral y ética de los liderazgos a los designios del dinosaurio priista, con el fin de cerrar el Pacto por México, traicionó todos los ideales y contenidos programáticos que desde la Revolución Democrática se enarbolaba. El problema no era si el paquete de reformas estructurales aprobadas y ejecutadas durante el inicio del sexenio de Peña Nieto atendía necesidades nacionales o implicaban desventajas para la gran parte de la población. Para los militantes y simpatizantes del otrora partido, las iniciativas significaban el abrazo a un sistema neoliberal con el que tuvieron que lidiar durante años. El esfuerzo se había ido a la basura. De ahí proviene la escisión y sangría que beneficiaría al Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), quien arrasó para llegar al poder en el 2018.

Sus alianzas más constantes y controversiales con el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), solamente alargaron y profundizaron el desahucio con el que el PRD enfrentó las votaciones de este año, donde perdieron el registro tras obtener una votación insuficiente, y en unos casos, simplemente pírrica. Ante la confirmación de Movimiento Ciudadano (MC) como la principal alternativa socialdemócrata, y el aparente corrimiento hacia la radicalización de unos grupos derechistas, la pregunta podría ser, ¿cuál es el rumbo de la izquierda mexicana con doce años garantizados de la Cuarta Transformación? 

La pérdida del registro y la desaparición de un partido político, siempre será un golpe indeleble para la democracia en México, pero se podría concluir que la ciudadanía tiene memoria y, al ser la misma que pone o quita a sus gobernantes, lo decida de la misma forma con un instituto que estuvo a nada de llegar a la Presidencia de México hace 18 años. De ese tamaño es la lección que sus congéneres deben aprender lo más pronto posible. El Segundo Piso de la Transformación ya está en marcha, y más de un partido sigue atascado en el 2018.

Dejo esto y me retiro lentamente. Que estos seis años por venir sean buenos para México. Que logremos escabullir de los fantasmas que abonan nada bueno. Esos son los deseos que se pueden pedir.

La oportunidad es más grande que nunca para que México trascienda en un contexto global turbulento como el actual. 

Esperemos que la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo no decepcione al ser la primera mujer presidenta de la nación. 

Eder Jorge Guillén Muñoz

Ian Carlos Estrada Ramírez

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@ejgm911

@iancarlospuma1

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