
El día de ayer, México presenció el cambio de régimen que imperaba desde 1988. La época de las ‘concertacesiones’ y del parche al pacto federal post-desarrollo estabilizador, ha terminado. Alrededor del 60% de todo el padrón electoral tomó la decisión de virar sobre un camino que no se vio interrumpido pese al fin del dominio priista, la alternancia panista, el peñanietismo y ahora, el obradorismo.
De esos casi 60 millones de sufragios totales emitidos, 6 de cada 10 provocaron la capitulación de una época. Una época de simulación, que exacerbó las brechas, que alborotó a los clivajes donde, ganase quien fuera, solamente la lucha era por la ocupación de los puestos de poder, sin importar la relevancia de ellos.
35 millones de votos a favor de la candidata presidencial de la coalición ‘Sigamos Haciendo Historia’, Claudia Sheinbaum, provocaron que el techo de cristal se rompiera, viniéndose abajo con los cimientos irregulares de un edificio en el que ya nadie cree. La muestra está en la ventaja mínima que ostenta sobre Xóchitl Gálvez, quien es producto de ese acuerdo iniciado hace más de tres décadas.
La candidata del sistema, respaldada por los tres partidos del sistema, PAN, PRI y PRD, con una fachada de ‘sociedad civil’ inverosímil, tenía todo para dar batalla hasta el momento del conteo rápido. Todo eso se difuminó minutos antes de la medianoche del lunes 03 de junio, cuando el Instituto Nacional Electoral anunció, atípico en el retardo, el triunfo indiscutible de la Cuarta Transformación.
Pese a que no se buscaba el ‘plan C’, e inclusive los morenistas con sus aliados sabían que era una meta casi imposible de alcanzar, el veredicto de un poco más de una tercera parte total de la lista nominal fue contundente: querían otorgarle todo el poder a la sucesora del presidente Andrés Manuel López Obrador.
No conforme con ello, le otorgaron una oportunidad inmejorable a Jorge Álvarez Máynez y a Movimiento Ciudadano, de conformar un verdadero proyecto alternativo de Nación, que pese a obtener un 10%, muestra una mayor solvencia coyuntural que el Verde y el PT como rémoras del oficialismo; y que el PAN y el PRI como oposiciones medianas, caducas, a punto de inanición comparándose con sus periodos de gloria, no muy distantes ni alejados de las tradiciones políticas mexicanas.
Pese a que lo ningunearon, lo tacharon de esquirol, lo menoscabaron gritándole ‘borracho’, entre muchas otras cosas que probablemente no sean calumnia, Máynez le dio una lección a la mayoría, empezando por los de su partido: hay que salir de la fabulosa burbuja para enfrentar al monstruo que la 4T comienza a configurar, ese que come todo a su paso, pero que sí escucha lo que diga la mayoría.
Eso fue lo que precisamente no hizo la oposición. Se negó a salir de la burbuja, obviando la realidad. Creyendo que solo proporcionando los datos que convierte a este gobierno en uno más del montón, iban a captar los votos de los desencantados con el morenismo, y con ellos también. Se equivocaron… Creían que al presidente tenían que subirlo al ring para polarizar: ese fue el peor error… De ahí el resultado…
Corolario. Quizá como nunca, una elección presidencial venidera se presenta ante una recién culminada.
Mientras el Revolucionario Institucional y Acción Nacional siguen en su convulsión, Máynez ya levanta la mano para dirigir al partido que le postuló este año, aprovechando que Samuel García y su esposa Mariana Rodríguez, así como el compadre Luis Donaldo Colosio Riojas, vivieron una elección aciaga; qué decir de un Pablo Lemus que no tuvo un triunfo como el que preveía, cuando el poder de Enrique Alfaro mengua considerablemente por sus sueños de convertirse en técnico de futbol. A falta de que la extrema derecha busque inscribir un partido político, de que Elba Esther Gordillo y Marcelo Ebrard busquen registrar Movimiento Progresista Nacional, o de que se haga realidad el partido Marea Rosa, el panorama luce desalentador para los partidos tradicionales. MC y Máynez, el gran triunfador de ese partido, tienen la oportunidad dorada para construir una plataforma solvente.
Enfrente, el nuevo tsunami morenista deja cuatro principales beneficiados, con dos intrusos en la carrera. Omar García Harfuch, Javier May, Clara Brugada y Rocío Nahle, con Marcelo Ebrard y Adán Augusto López Hernández como brillantes operadores electorales haciéndoles sombra, tendrán un sexenio de alta tensión en cuanto a las ambiciones presidenciales que personal o grupalmente enarbolan.
El principal perjudicado es Alfonso Durazo, gobernador de Sonora, quien es visto como un traidor en el comando de la candidata ganadora de los comicios de este año. Sería peor para él si Marcelo Ebrard se convierte en el secretario de Gobernación, si es que AMLO no se entromete para vetar a su ex canciller. Hoy los bonos de varios contrincantes de Claudia están muy bajos. Sólo un pésimo gobierno de ella puede darles esperanza. Con AMLO no pasó pese a desearlo.
Duda razonable. ¿La decisión de Sheinbaum se basará en su gusto para elegir al gabinete, aunque sea con Ebrard, o con gente que era hasta hace poco, rival de ella? Ese será el primer golpe de timón de Claudia: ¿ser ella para dirigir con capacidad y autonomía una nación tan compleja como la mexicana, o ser sólo una calca de su antecesor y líder, para agradar al monstruo de 35 millones de cabezas?
