
El Partido Demócrata estadounidense se halla en una nueva encrucijada: se espera que, por tercera vez, se cierren las tendencias para intención de voto popular en Estados Unidos en su contienda presidencial. A un mes de los comicios de 2016, Hillary Clinton aventajaba por 4.7% a Donald Trump, solamente le pudo sacar 2 puntos porcentuales de diferencia en el resultado final, perdiendo con el republicano en el controvertible Colegio Electoral.
A estas alturas hace 4 años, Joe Biden destronaba a un alicaído Trump por 4.5%, cuando un mes antes le sacaba casi el doble. Las encuestas no fallaron tanto en 2016, pero un 1% pronosticado para Clinton que le pudo haber dado la presidencia, viró hacia Trump; en 2020 el resultado final salió del margen de error de las encuestas. Trump recorta diferencias a la mitad, principalmente a partir de la segunda quincena de octubre, todavía por empezar.
Sin embargo, las sirenas de alarma para los Demócratas estadounidenses se han encendido antes de tiempo. La ventaja de la vicepresidenta Kamala Harris se ha estancado desde hace prácticamente un mes, producto de un debate que no le abonó nada, pese a que, para la mayoría de la población encuestada posteriormente al encuentro, arrasó con su contraparte neoyorkina.
En medio de una cruenta guerra como la ruso-ucraniana, y, por otro lado, el polvorín recién estallado a causa del enorme rechazo que generan las acciones militares de Israel contra poblaciones de Palestina, Cisjordania, Líbano y Siria para derrotar a Hamas, aliados y patrocinadores, lleva al asidero la credibilidad del establishment y del deep state estadounidenses. En ese descrédito también se encuentra la crisis del fentanilo y de migración, donde México se torna un protagonista irremediable.
También, el respaldo final del ala mediática de las élites artística, deportiva y empresarial, encabezada tímidamente por los seguidores de cantantes como Taylor Swift y los grandes corporativos, se topa con una realidad que merma su efectividad: el público estadounidense desaprueba enormemente la gestión de Joe Biden pese a no ser tan desastrosa por los outsiders y trumpistas lo quieren hacer ver, pero también critica la doble moral de los individuos y grupos pro-Harris, encerrados en los constantes zafarranchos que involucran a artistas y poderosos con escándalos que involucran actos que atentan contra la dignidad y sexualidad de decenas o cientos de víctimas. Ese target de población indirectamente afectada, es a la que le habla Trump con los megáfonos que personajes como Elon Musk y Eduardo Verástegui implican, teniendo como resultado un rescate a su mensaje radical.
La encrucijada del Partido Demócrata va enfocada sobre qué mensaje quieren que sus probables votantes e indecisos emitan su sufragio en las siguientes horas, días o semanas: ¿Qué contrarrestará a la tercera oleada Trump? La migración no se ve con buen aspecto, porque es donde más se le golpea a Harris; la crisis del fentanilo está por perdida, con un gobierno y fuerzas armadas mexicanas negadas a combatir efectivamente al narcotráfico; los temas progresistas ya otorgaron todo lo que podía beneficiar a Kamala; la inevitabilidad de la vicepresidenta ya es aceptada. ¿Cuál es el camino que el Partido Demócrata debe llevar a los siete swings states que quedan pendientes por resolver? Florida y Texas parecen estar definidos.
La ventaja de Trump en Arizona se ha vuelto a ensanchar, rumbo a aumentar tres puntos más para inicios de noviembre, como las tendencias apuntaron en 2016 y 2020; el pronóstico de triunfo republicado en dicho estado, con 11 votos electorales, ronda el 5%. En Georgia, Trump solo ha subido cinco décimas de punto en octubre de 2016 y 2020, por lo que su triunfo podría estar cerca del 2%. En Pennsylvania, Trump remonta 7%, por lo que una victoria contundente no suena descabellada, más cuando Harris no sale del empate, y tanto Clinton como Biden iban venciendo con claridad a Trump un mes antes de sus encuentros en las urnas.
Wisconsin parece otorgar el mismo derrotero: la demócrata apenas supera al republicano, cuando Trump remontó cinco puntos a Hillary y Joe en el mes previo de cada comicio. En Michigan igualmente tiende a ocurrir lo mismo. Nevada promete un escenario más cerrado, sin embargo, Donald Trump se apunta la posibilidad de poder darle la vuelta a una diferencia nimia. En Carolina del Norte prevé pintarse de rojo en una jornada cardiaca.
Los mercados de apuestas advierten tal teoría. Dan por descontado un crecimiento notable de las preferencias para Donald Trump en los últimos días de campaña que tendrá, por lo que la probabilidad de su regreso a la Oficina Oval de la Casa Blanca vuelve a ser inminente para los círculos rojos y los aficionados a las predicciones. La polarización social se ha exacerbado, alentando incluso el desconocimiento violento y desbordado de los resultados finales, para desencadenar un gran conflicto que busque el ascenso de Trump como el defensor de la ‘gente’ ante los voraces intereses de sus contrincantes.
¿Qué tanto está dispuesta a hacer Kamala Harris para amarrar su hipotético triunfo? ¿Cómo responderá Donald Trump?
Dejo esto y me retiro lentamente. El morenismo amenaza con desbordarse contra los aliados de Claudia que no se alineen a la iniciativa para reformar al poder judicial. Los primeros apuntan a ser Marcelo Ebrard y Rogelio Ramírez de la O, quienes promueven abiertamente una versión más ‘light’ de la reforma.

Eder Jorge Guillén Muñoz 🖋️
@ejgm911
Ciencia Política UNAM
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