
Dentro de las grandes capacidades cognitivas, funcionales, motoras, emocionales y psicosociales con que el ser humano cuenta y que le permiten desarrollar una adaptabilidad con su entorno, es fundamental conocer que éstas pueden ser mejoradas por medio de la experiencia, la práctica y también a través de la estimulación cognitiva (EC), que sienta sus bases en los aportes de la neuropsicología, la psicología cognitiva, y los principios del aprendizaje y la motivación humana.
Por lo tanto, la estimulación cognitiva (EC), es considerada como el conjunto de técnicas y estrategias por medio de las cuales se busca fortalecer las distintas capacidades y funciones cognitivas, como la percepción, atención, razonamiento, abstracción, memoria, lenguaje, procesos de orientación y praxias (habilidades motoras adquiridas), a través de situaciones y actividades concretas que se estructuran en los denominados “programas de entrenamiento cognitivo”. La estimulación cognitiva también abarca elementos como la afectividad, el área conductual, social, familiar y biológica, con miras a beneficiar el desarrollo integral de las personas.
Cabe señalar que la estimulación cognitiva se trabaja desde edades tempranas, hasta con adultos mayores, en este grupo de edad la finalidad es mejorar el funcionamiento cognitivo de las personas tratando de disminuir la dependencia hacia un cuidador y que sean mayormente independientes. Esto se va logrando afianzando las capacidades que todavía se conservan en el adulto mayor, no con las que ya se han perdido, cuidando que enfrenten frustración por no lograr realizar determinadas acciones, contribuyendo así a una mejora sustancial y global tanto de la conducta como del estado de ánimo, que se verá reflejado en su autoeficacia y autoestima.
Fundamentalmente, la EC es un proceso que implica ejercicios y técnicas que promueven el rendimiento cognitivo, lo que lleva a entender que en la estimulación cognitiva se fomentan los procesos cognitivos básicos y superiores, como las funciones ejecutivas (actividades mentales complejas), la memoria, la atención y la percepción, así como el lenguaje.
De este modo, los mecanismos de intervención utilizados en la estimulación cognitiva se basan en la relación cerebro-conducta (el cerebro recibe información externa e interna que permiten desencadenar las conductas más apropiadas en cada momento), y con ello se pueden alcanzar cambios funcionales, ya que las capacidades que posee el ser humano dependen del aprendizaje y del entrenamiento positivo de las diferentes áreas cerebrales
Estas funciones cognitivas están presentes en las acciones que se realizan cotidianamente y en la relación con el entorno, razón por la cual el deterioro cognitivo (el declive de las funciones cognitivas, ya sea debido a las alteraciones atribuibles al proceso fisiológico del envejecimiento o debido a otros factores), depende de factores ambientales o sociales y de su grado de estimulación, no solo del proceso biológico, por lo que un programa de rehabilitación y mantenimiento cognitivo busca intervenir y estimular las siguientes áreas:
Atención: cuando la capacidad atencional se ve alterada, predomina la distracción, el olvido de tareas o la falta de organización.
Memoria: la facultad de conservar las ideas adquiridas.
Funciones ejecutivas frontales: Son conductas apropiadas, modificables, motivadas y libres de respuestas impulsivas.
Lenguaje: no solamente el hablado, sino el habla espontánea, denominación de objetos o situaciones, repetición, expresión escrita y comprensión lectora.
Cálculo: es la capacidad para comprender el sistema numérico y realizar cálculos aritméticos.
Praxias: la capacidad de realizar ciertos movimientos en diferentes zonas del cuerpo: bucofacial y extremidades superiores.
El objetivo de favorecer estas áreas con la estimulación cognitiva, principalmente en adultos mayores es:
- Restablecimiento o refuerzo de patrones de conducta previamente aprendidos.
- Mantener las funciones ejecutivas, así como conservarlas el máximo tiempo posible.
- Incrementar la capacidad funcional y el desempeño en las tareas cotidianas.
- Mejorar la calidad de vida.
- Potenciar las relaciones interpersonales de los individuos.
- Evitar el aislamiento del entorno.
- Mejorar las relaciones sociales.
- Aumentar la independencia y autonomía personal.
- Reducir la ansiedad y el estrés.
- Generar sentimientos de control sobre el entorno.
Como puede observarse, la rehabilitación de las funciones cognitivas adquiere una importancia considerable, ya que la calidad de vida de los afectados depende en gran parte del grado de autonomía personal, lo cual favorece la socialización, a la vez que se trabaja y elabora un nuevo proyecto de vida. Además, con base en los principios de la plasticidad cerebral (la capacidad que tiene el cerebro para recuperarse, reestructurarse y adaptarse a nuevas situaciones), la estimulación cognitiva (EC) promueve el mantener el cerebro activo y con flexibilidad hacia los cambios que se presentan en algunas funciones cognitivas debidas al envejecimiento.
El cerebro, cuando se entrena mediante una estimulación apropiada y constante, en condiciones adecuadas, es más susceptible a mostrar modificaciones en su estructura y funcionamiento, y bajo estas condiciones se produce un aumento en el número de conexiones neuronales, traduciéndose en una mayor y mejor adaptación al medio circundante.
Si la estimulación cognitiva adecuada beneficia la neurogénesis (proceso mediante el cual se forman nuevas neuronas en el cerebro), de manera natural se multiplica la reserva cognitiva, mejorando y/o restaurando algunas capacidades en los individuos, de tal forma que el deterioro en los adultos mayores se vaya ralentizando y por lo tanto, retrasar los efectos negativos de este proceso en la vida cotidiana de las personas.

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