
En los tiempos que vivimos resulta ser muy raro calificar a alguna personalidad o grupo de ‘congruente’, la mayoría de las personas, instituciones o hasta categorías se describen a sí mismas o son etiquetadas por otros con un nombre que no refleja su verdadera esencia.
Grandes ateos han dicho que no se le puede llamar a una persona ‘congruente’ hasta que no se haya muerto, y es que lo que puede pasar, es haber recorrido toda una vida en un camino para en el último momento arrepentirse y dar la vuelta a todo lo que habías creído.
Por supuesto que no se puede culpar a nadie de hipócrita estando frente a uno de los miedos más grandes de la humanidad, la muerte, pero cuando es en vida y frente a un espejo que nos decimos mentiras sobre quienes somos o sobre lo que pensamos, hay todo un tema del cual platicar.
Partidos
Es común que por el descrédito, muchas agrupaciones partidistas que participan de la política prefieran una nomenclatura que les deje ser parte de la maquinaria pero sin perder una condición de “movimiento” social o de “asociación” sin fines de lucro.
Ejemplos bastan, la principal fuerza política del país se llama a sí misma: Movimiento de Regeneración Nacional; cuando se describe acepta la mínima parte de la etiqueta diciendo que es un Partido-Movimiento, con órganos que institucionalizan su funcionamiento, pero con una base social que le nutre como a cualquier otro movimiento social, y es más, así explican el caos de su regulación interna.
Movimiento Ciudadano es otro Partido que se niega frente a los votantes, y que se encuentra perdido en más de un sentido, sin una identidad definida un día se presenta como socialdemócrata, otro día como partido progresista con una agenda de izquierda y a veces nos madruga con candidatos de tintes fascistas o por lo menos muy conservadores, lo que le gana el apodo del PAN naranja.
Lo peor no es reconocerse partido, hay cosas tan insultantes como decirse verde y ser rojo, ambientalista y ser pro pena de muerte, progresista y ser antiderechos, antielitistas y sacar fichas de las blancas y empresariales, o provida y perpetuar la miseria y desigualdad. A esos partidos, es hora de llamarles por nombre y apellido y no dejar que nos sigan mintiendo en la cara.
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Palabras
Cuando olvidamos el verdadero significado de las palabras podemos distorsionar el entendimiento de la realidad: si a la ‘guerra’ la llamásemos ‘paz’ no habría manera de advertir el peligro que se corre en dicho escenario, si al ‘conservadurismo’ le decimos ‘liberalismo’ pasaríamos como grandes personas a quienes manejan un discurso que promueve el odio y el retroceso.
Decir que vivimos en una democracia no es lo mismo a decir que vivimos en una “democracia minimalista” o en una “poliarquía”, ya que manejar la retórica de un mundo ideal con pequeñas mejoras pendientes es mucho más peligroso que aceptar los enormes retos que tenemos enfrente y ponernos a trabajar en la larga lista de problemas a solucionar.
Por ejemplo, cuando el INE sale luego de cada jornada electoral a presumir el bajo reporte de incidentes y clasifica a las quejas e impugnaciones como trámites comunes de los que se vieron desfavorecidos, deja una imagen casi de perfección frente a las balaceras, asesinatos de candidatos, robo de urnas, compra del voto y frente al gran problema que es la decepción o el cinismo que la ciudadanía tiene sobre las elecciones y su confiabilidad.
Individuos
Una pregunta sobre el regreso a la normalidad luego de realizar tantas actividades en la vida online es ¿si nos vamos a reconocer en persona al volver a un ambiente presencial? Porque usualmente, en internet, solemos filtrar lo que no nos gusta y mostrar lo que desearíamos ser a pesar de que otras señas nos delaten.
Algo así de triste pienso la realidad de los que se mienten al nombrarse ideológicamente; existen aquellos individuos que se creen ‘liberales’ pero se refieren sólo a lo económico porque en lo social son ‘conservadores’, aunque no se aceptan en tales términos, sino se dicen ‘moderados’, aunque a la vez pertenecen a un partido ‘socialdemócrata’, pero no a uno a la europea, sino a uno autodenominado como el PRI o MC.
Ocurre que se topa uno con personas que son creyentes (usualmente cristianos) pero que odian a tal o cual grupo por pecadores o por ser diferentes, ya que en su mente todos son sus semejantes y deben amar al prójimo a menos que ese prójimo sea tan malo que deja de ser su semejante.
Aunque sea polémico, también ocurre que se es gay o lesbiana, pobre o morenx, pero no por ello no puedes dejar de ser machista, clasista, racista, sexista u homófobx. Me cuesta más escoger un solo ejemplo en este caso porque si entre oprimidxs no se siguieran dinámicas de opresión, las minorías verdaderas pasarían a ser las élites y el 1% poblacional.
No apunto con el dedo acusador porque entiendo a las contradicciones como parte del ser humano, y, sin embargo, a la hipocresía siempre le podremos llamar de dicha forma. Definirse, calificarse, abrirse o aceptarse es casi siempre difícil, pero si no nos llamamos por nuestro nombre, ¿cómo sabremos cuando levantar la mano, cuando girarnos o cuando alzar la voz porque nos están llamando?
Yo por eso les digo, si son liberales defiendan a toda costa esa bella idea; si son progresistas peleen siempre por nuevas victorias; si son conservadores, no se escondan por pena a la cruz que cargan, porque al final nuestros actos, nuestros dichos y nuestras verdaderas intenciones siempre nos delatan.
Alexis Javier Esperanza Reyes
Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Twitter: @JavierEsperanzz
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