
Muchas enseñanzas ha dejado en la mente de quien lo ha leído “el Principito”, un libro que es tanto para adultos como para niños y niñas. Entre algunas de sus enseñanzas está el no perder la esencia de la infancia y la que se considera la mayor, que lo más valioso es invisible para los ojos. Sin embargo, siempre hay quien quiere aprender cosas distintas ante un mismo texto, ese es el peculiar caso de Andrés Manuel López Obrador, el presidente mexicano.
El francés Antoine de Saint Exupery autor del “Principito”, quien en la vida real también era piloto además de escritor, nos contó que un día en el Sahara, al caer su avioneta, se encontró con un pequeño de ojos azules y pelo dorado llamado justamente “el Principito”. Nos contó a su vez que “el Principito” le había narrado grandes aventuras y desventuras que había experimentado en diversos planetas, es decir, fuera de la Tierra.
“El Principito” era originario de un planeta minúsculo y había viajado varios kilómetros para conocer otros planetas y a personajes muy variopintos, de los cuales le contó al viajero francés;
y al parecer, de todos aquellos extraños personajes, nuestro Presidente López Obrador optó por tomar sus principales y tristes características.
En el primer planeta que “el Principito” visitó, conoció a un “Rey”, el cual le explicó al Principito que todos lo debían obedecer, y que el mismo “Principito “se había convertido ya, por la simple razón de pisar dicho planeta, en su súbdito. “El Principito” le preguntó que si él, el Rey, podía ordenar todo aquello que quisiera; sin embargo, el Rey le dijo que no, que únicamente aquello que la gente estaba dispuesta a obedecer, demostrando con ello la inutilidad de su poder y de su cargo, simplemente era el ego lo que lo hacía autodenominarse Rey.

El Rey había nombrado al Principito inmediatamente que el pequeño aterrizó en su planeta, ministro, ello con la finalidad de hacerlo parte de su inútil poder. Así, de alguna manera evitaría, como en su momento lo hizo Porfirio Díaz con los liberales, o como hoy lo hace López Obrador con priistas e incluso panistas, que existiera oposición a su poder.
En el segundo planeta, “el Principito” conoció a un ser sumamente vanidoso, a quien lo único que le importaba era que lo admiraran, incluso, no se preguntaba jamás de lo genuina que era la admiración que le tenían, a él solamente le interesaba que lo admiraran y evidenciaran dicha admiración, por lo cual, le pidió al “Principito” que le aplaudiera. Quería que reconocieran que era el más bello, el más inteligente. Así como hay quien quiere que lo reconozcamos como un presidente diferente, un presidente que siempre tiene tres palabras en su boca: “no somos iguales”, pero que no demuestra ser mejor a otros.
Cansado del vanidoso, pero supongo que sobre todo incrédulo de que existieran ese tipo de personajes, “el Principito” visitó un tercer planeta. En este conoció a un bebedor, sí un bebedor como los que también hay en la Tierra. El bebedor le explicó al “Principito” que bebía con el objetivo de olvidar; al preguntarle “el Principito” respecto a qué era aquello que tanto deseaba olvidar, el bebedor le dijo: que bebo. Era pues un círculo vicioso, así como hay otros círculos viciosos; algunos consisten en decir tonterías para esconder otras tonterías dichas la mañana anterior.
Ya decepcionado de lo que había encontrado en los planetas pisados, “el Principito” fue cabizbajo a un cuarto planeta donde conoció a un importante hombre de negocios. Al llegar, el hombre de negocios sumaba y sumaba importantes cantidades; millones, incluso. Sin embargo, cuando “el Principito” le preguntó respecto a qué cosas contaba, al hombre de negocios le costó recordar, pues llevaba toda una vida contando. De repente recordó que eran estrellas.

Al cuestionarle el Principito para qué quería tener tantas estrellas, el hombre de negocios le afirmó que el tener estrellas le ayudaba a obtener más y más estrellas, y así cada vez más. Pues igual que el hombre de negocios es el presidente López Obrador, quien desde campaña nos ha hablado de ahorros: de disminuir el gasto de la inversión pública; de disminuir sueldos a los servidores y funcionarios; incluso se le ocurrió en un momento que no era necesario que cada burócrata tuviera designada una computadora, que podían trabajar con una misma computadora, tres o cuatro funcionarios. Asimismo, ha tomado de manera centralista y autoritaria miles de millones de pesos de fideicomisos que tenían un objetivo determinado, los tomó y ni siquiera nos dijo cuál sería su destino.
¿Para qué ha servido tanto “ahorro”, si al mismo tiempo encontramos más carencias? De medicamentos; estancias infantiles; infraestructura urbana; etc. Así pues, parece que nuestro presidente aprendió muy bien del hombre de negocios que “el Principito” conoció.
En un quinto planeta, sumamente pequeño, incluso más pequeño del que “El Principito” provenía, el pequeño rubio conoció a un farolero, sí, un farolero. Un personaje que se dedicaba a encender el faro cada que el sol se escondía y a apagarlo cada que aparecía. Sin embargo, era tan pequeño el planeta, que su movimiento de rotación era sumamente veloz, resultando inútil que el farolero encendiera y apagara el farol, pues ello lo tenía que hacer en tan solo un minuto, incluso, sin importar que absolutamente nadie más habitara el planeta.
A pesar de lo anterior, el farolero le comentó al pequeño niño que esa era la consigna, y que por el simple hecho de ser esa la consigna, esta forzosamente se tenía que cumplir. Era pues la del farolero, una lógica muy parecida a la del presidente López Obrador, quien cumple siempre con la consigna de dar cada mañana una conferencia; al punto de que han perdido gran parte de su sentido: comunicar. Así, el día que se deba comunicar algo importante, será complicado notar la diferencia entre lo que quiere transmitir como importante y lo que no le parece importante.
Habiendo abandonado el planeta del farolero, “el Principito” aterrizó en un sexto planeta, este era muchísimo más grande. Ahí conoció a un importante geógrafo. La emoción e inquietud del “Principito” hicieron que este le preguntara al especialista sobre los ríos y montañas que conocía, pues lógicamente “el Principito” pensó que serían bastantes, sin embargo, el geógrafo le dijo que él no las conocía ya que su labor solo consistía en registrarlas para su estudio; que para la labor de conocer presencialmente ríos, lagos, etc. recurría a los exploradores.
Evidentemente “el Principito” se decepcionó; como decepcionados hay muchos mexicanos que ven en el presidente a un hombre egocéntrico que cree que puede resolver los problemas del país sin salir de Palacio Nacional; es más, resulta nuestro presidente peor que el geógrafo, pues a diferencia del geógrafo, el presidente mexicano parece no escuchar a ninguno de los exploradores, esos que sí andan recorriendo las sierras, pueblos y ciudades de México.
Así pues, es evidente que López Obrador tiene todas esas características que hicieron que “El Principito” se desilusionara de los adultos, esos adultos que solo consideran cosa seria, aquello que creen que les otorga poder.
Así pues, con base en la idea del “Principito” respecto a que lo más importante es invisible para nuestros ojos, los dejo con la esperanza, con la esperanza de un mejor segundo trienio de este lamentable gobierno federal.
Maestro Isidro Rangel O’Shea
Análisis Político y Electoral
@IsidrOShea
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