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El color demócrata

17/12/2021

Continuando con la paleta de colores que componen el cuadro de la autoproclamada ‘4T’, uno de los principios más rescatados en la retórica de la administración actual es el apoyo del “pueblo bueno”, o de la gran mayoría de la población mexicana que vive en la pobreza. 

Al referir a un tinte demócrata o democrático no lo hago en forma de halago, sino como una de las tres formas de desgobierno o No constituciones puras, en las que la mayoría de pobres se impone a las demás clases, literalmente a lo que la expresión ‘dictadura del proletariado’ orienta en un inicio.

Históricamente, uno de los más destacados defensores del régimen democrático en el país fue el general Zapata, quien llegó a representar un problema para la constitución de la república, donde ricos y pobres estarían mediados para que ninguna de las clases se impusiera sobre la otra, y más bien produjeran una gran clase media republicana o libre. 

Para efectos de este diagnóstico recuerdo una de las líneas convencionales sobre las cuales la oposición suele atacar la imagen del actual ocupante de Palacio: el populismo. Al menos la faceta en la que el populismo significa una política clientelar y mala gestión económica pero bien vendida a la audiencia.

Sin sentenciar que López Obrador sea un populista porque el término necesita su discusión por separado, sin lugar a duda él centra tanto el discurso como muchas de sus políticas en prácticas clientelares que no combaten la pobreza, sino que se ayuda de hacerle favores para recibir su apoyo, o en palabras del mandatario “amor con amor se paga”.

Es ese apoyo el que le da el tinte o principio demócrata, pues ya lo dijo en su convocatoria al zócalo para su celebración de los 3 años, “regresamos al zócalo democrático”, y uno muy democrático, colmado de personas que, quizás pecando de prejuicioso, y, sin embargo, confirmando con preguntas a los asistentes y por la estadística poblacional del país, estaba casi en su totalidad inundado por una clase pobre y sin educación.

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Es decir, cuando el ejecutivo citó a sus bases a reunirse, confirmó que uno los pilares de su proyecto es fundamentalmente una masa de pobres, trabajadores y con pocas oportunidades de educación que están ahí porque ven en él la oportunidad de un mejor futuro, pero que hasta el momento, aun teniendo en cuenta la situación global, según el CONEVAL la pobreza no se ha reducido sino al contrario, ha aumentado 2 puntos en 2020 sobre los datos de 2018.

Desde las consultas fuera de la ley que sirvieron para la cancelación del NAICM (Nuevo Aeropuerto Internacional de la CDMX) o para el avance de las obras del Tren Maya, el ejecutivo ha utilizado la fuerza de esa masa para respaldar o corroborar decisiones ya tomadas con antelación, y no es que dichas acciones estuvieran necesariamente erradas, sino que destaco el hecho de avasallar con la fuerza del tumulto lo que le competía al diálogo o a las justas atribuciones que un presidente tiene según la constitución.

Es la máscara la que me disgusta, porque no replico las absurdas mentiras de que AMLO sea un comunista o socialista, y es más, el siguiente color a describir es el lado plutócrata de esta administración; no obstante, cuando demagógicamente se defiende con el fanatismo de una clase empobrecida a la que no se está liberando de las cadenas, para no confrontar puntos de vista con voces críticas al proyecto y a las formas, se incurre necesariamente en la tiranía de una masa pobre liderada por un hombre más que carismático.

Una de las grandes mentiras que los demócratas suelen decirse a sí mismos según Platón es la analogía de su malentendida libertad “si nací pobre, pero no esclavo y la marca del esclavo está en obedecer al amo entonces soy libre”. Aunque suene contradictorio al color republicano de la columna anterior, López Obrador usa la figura de conformar una nueva clase media libre, y, sin embargo, no acaba de promover ni los factores económicos para que la población trabaje para vivir y no viva para trabajar, ni tampoco las condiciones materiales para que todo el que lo quiera reciba educación de calidad que le haga de un pensamiento despierto o libre. 

Se queda tan sólo en el plano discursivo al decir que “la mentalidad de la gente ya cambió”, o cuando sostiene que la antigua mafia ya no está en el poder, sino en la oposición, es decir, mantiene la mentira de la analogía porque da a entender que el “pueblo bueno” ya no tiene un amo y a pesar de que sus cadenas monetarias y de la ignorancia no han sido cortadas pueden decirse libres de dominio alguno, pueden decirse ciudadanos demócratas. 


Alexis Javier Esperanza Reyes

Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Twitter: @JavierEsperanzz 


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