
El 22 de octubre de 2021 Claudio X González, articulador y representante de los partidos de oposición y de una parte de la oligarquía empresarial, llamó a: “tomar nota de todos aquellos que, por acción o por omisión […] lastimaron a México”.
De inmediato la polémica se desató por la aparente amenaza de represalias a todo cuadro destacado de esta autodenominada 4T o a cualquiera que aparentemente no denunciara con la fuerza necesaria la deriva “autoritaria” de este gobierno.
Lo que me pregunto es, en el poco probable caso de que la oposición en conjunto regrese a la presidencia, ¿esta sería una amenaza política contra los entonces derrotados?
La llamada 4t, una gran farsa, acabará mal, muy mal. Hay que tomar nota de todos aquellos que, por acción o por omisión, alentaron las acciones y hechos de la actual admon. y lastimaron a México. Que no se olvide quien se puso del lado del autoritarismo populista y destructor.
— Claudio X. González G. (@ClaudioXGG) October 22, 2021
Sin caer en los fanatismos comunes de que ya dieron cuenta las redes y columnas de simpatizantes de morena, hay que poner en perspectiva el cambio visible que este gobierno trajo para la libertad de expresión: no hay una sola denuncia sostenida con hechos sobre despidos encargados por el poder en medios de comunicación, casos icónicos como el de Carmen Aristegui luego de la investigación de La Casa Blanca no tienen comparación en este sexenio.

Aunque no es un gran logro, México bajó en el ranking de países más peligrosos para ejercer el periodismo, del número 2 con EPN al deshonroso número 7 según la UNESCO; el teléfono rojo ya no se levanta con tanta facilidad y visibilidad en las editoriales de medios tradicionales.
En cuanto a la libertad política, podemos considerar el caso de Rosario Robles como venganza por problemas personales, y sin ningún pero, la exfuncionaria está más que señalada por hechos de corrupción y por escándalos como La Estafa Maestra, además de que, sinceramente, el caso parece pintar un aura de impunidad como el de la maestra Elba Ester Gordillo, que al final del sexenio pasado, fue liberada de facto.
Más allá de la señora de los refrigeradores rosa, del teatro que la fiscalía le monta a Anaya desde que esa oficina era la procuraduría y que tampoco se ve prometedor, la jaula de oro en la que vive Lozoya, o las presuntas investigaciones contra élites PRIistas de universidades o “científicos” buenos para las cuentas alegres, nada parece sancionarse en este nivel.
En el país de la impunidad, el más claro ejemplo de que el actual gobierno no se atreve a actuar contra la lista que por años vociferó como “La Mafia del Poder” está en la consulta para el juicio a expresidentes que no fracasó, sino que le fue útil al presidente para lavarse las manos.
Hacer listas de enemigos “públicos” y tachar dichos nombres porque la “justicia” les ha llegado, es muy diferente. De memoria sabemos las fobias del presidente López; los machuchones, los de cuello blanco, los salinistas, los neoliberales y tecnócratas son a diario enunciados por sus crímenes y errores según la visión lopezobradorista, pero a ni uno de los de hasta arriba hemos visto tras las rejas, en un juicio que pretenda prosperar o en el Cerro de las Campanas sellando con sangre la cruel impunidad que a nuestra patria agrede.
Por ello no me espanta la condena de la derecha, es obvio que habría represalias contra los que se dejen, contra los que no negocien o salten del barco antes de que se hunda (en el remoto o lejano caso de que eso ocurra). Es improbable que si llegara incluso un representante de los Va X México bajo el disfraz de morena como por ejemplo, el canciller, se rompiera el antiguo pacto de impunidad que entre expresidentes guardan.
Zedillo guardó a Salinas, Fox a Zedillo, Calderón a Fox, EPN a Calderón y AMLO a EPN, porque esa es la norma que sólo un verdadero presidente se atrevería a romper.
La razón, porque en el momento en que las listas se conviertan en órdenes de aprensión, juicios verdaderos y justicia plena, la misma suerte puede correr el funcionario en turno una vez pasado su tiempo.
Al igual que los virreyes de la Nueva España presentaban un Juicio de Residencia para tratar de castigar “irregularidades” en su mandato, los presidentes juzgan con la regla con la que quieren ser juzgados.
Y si algo tengo cierto, y fue demostrado en los litigios del fraude de 2006, cuando los voceros y coordinadores de Calderón y López Obrador se reunieron para negociar, unos ofreciendo dinero, cargos y concesiones gubernamentales y los otros en una negativa permanente exigiendo el recuento total de votos, es que ante pregunta expresa de los entonces PRDistas, los PANistas (y lo generalizaría a las derechas) no estaban (ni están) dispuestos a jugarse la vida por la política, es decir, no están dispuestos a ejecutar sus listas porque no quieren pasar por el juicio de la guillotina que tantas ganas les trae.
Alexis Javier Esperanza Reyes
Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Twitter: @JavierEsperanzz
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