
Porfirio Muñoz Ledo ha sido un referente para las corrientes opositoras en el país, presidente de dos partidos, candidato a la presidencia, embajador ante la Unión Europea, legislador, representante del Poder Legislativo, y el desacralizador de la figura presidencial en el día de su informe.
Nadie cuestiona que su pasado esté repleto de grandes papeles en la política nacional, lo que sí está en debate es su actuación en el panorama político actual, algunos dicen que su final está condenando su legado al desprestigio, en cambio, otros aseguran que si esta es su lucha final no es sino un acto de pura congruencia con su trayectoria.

Desde las crispaciones internas que el Movimiento de Regeneración Nacional ha tenido luego de que su caudillo arribara a Palacio Nacional, Don Porfirio ha compuesto un grupo y subgrupos en el partido. Luchó por la presidencia de morena por parte de los puros, pero fue (a mi consideración) desbancado por el brazo derecho del Canciller, lo que le llevó a conformar el MODEM (Movimiento Democrático de Morena) y luego de críticas duras a las iniciativas y posturas presidenciales presenta ahora El Movimiento por la República.
Las críticas en un régimen sin oposición o con una débil, pero sin proyecto alguno, son más que vitales. El cauce de politización que llevamos no puede morir por “lealtades ciegas” como exige López Obrador, sin embargo, hay una línea delicada entre los argumentos que sirven para rectificar y abonar a un mejor país y los improperios que resuenan en los gritos de esos que antes despreciaban lo político o de aquellos a quien llamaré “Tontos Útiles” que sirven de escudo a la derecha.
Don Porfirio es un fenómeno digno de analizar porque no se parece en nada a Fernández de Cevallos, a Calderón, a Fox o a Alito Moreno. Es un hombre que si bien no llamaría de izquierda, ha protagonizado en diversas ocasiones una voz que sirvió de plataforma a la oposición.
Dice el expresidente del PRI que con este sexenio concluye la lucha iniciada en el 88; la histórica batalla del Frente Democrático contra el fraude de Salinas y contra el régimen autoritario de las últimas décadas. Pero lo que él cuestiona y le preocupa es ¿qué sigue?, ¿qué propone el presidente para esta segunda mitad y qué le deja al país?
La primera me parece una pregunta necia, si entendemos que el único grupo con un proyecto político es el del partido en el poder (tendrá críticas muy necesarias de hacer, pero de que hay un plan, lo hay). Y en lo segundo concuerdo totalmente, es una obligación no sólo de los y las políticas, sino de los ciudadanos en general exigir que ésta autoproclamada 4T nos deje viabilidad política y no una guerra de facciones para relevar al caudillo.
Se muestra duro el también expresidente del PRD al decir que el presidente ataca a las autonomías. No pienso que ese sea el problema, sino que las ataque, pero no las reforme o que las bombardee, pero no las destruya y cree otras nuevas y más eficientes. Desde el inicio de la LXIV legislatura Don Porfirio se inclinaba por la opción de un cambio de fondo, por convocar a un Congreso Constituyente y entonces sí, ganarse el título de Transformación pues habrían de darle al país una Carta Magna.
Y como todos estamos sujetos a la crítica, hay también que señalar que se está mordiendo la lengua al acusar al presidente de intentar violar la constitución con el transitorio que sugiere la ampliación del periodo de Zaldívar, pues él mismo iba a ser beneficiario de una reforma que ampliaría su periodo como presidente de la mesa directiva de la cámara baja y entonces no le pareció mala idea.
Ahora, sobre ser un tonto útil de la derecha, él reflexiona lo siguiente “yo no soy oposición, soy la memoria de izquierda del país”. Y es que si hay diferencias, su crítica es dura, pero puntual, con argumentos, con ideas, con contrapropuestas y sobre todo con una trayectoria que le da cara y voz para reclamar al presidente. Cosa que la derecha soñaría, ya que no pueden exigir mejores condiciones en nada sin que les sangre la lengua de tantas mordidas.
Muñoz Ledo advierte de una regresión histórica al autoritarismo de ese PRI que abandonó, y sentencia que no hay mejor defensa ante la concentración de poder en un solo individuo o grupo, que la redistribución de ese poder. Podrá ser aplaudido por los PANistas y PRIistas, pero con esta propuesta se marca una línea divisoria, Don Porfirio vela por un mejor modelo democrático a la vez que sueña con una transformación incluso mayor a la que está dispuesta el propio Andrés Manuel. Es decir, tiene un proyecto que la derecha desdeña, pero que también está más a la izquierda de lo que plantea morena.
Aunque las formas son fondo y por ahí siempre se le podrá golpetear, bienvenida sea la crítica, a él, a mí, al presidente, a sus proyectos, pero no dejen de criticar, porque eso significaría dejar de pensar y sólo con el pensamiento somos libres.
Alexis Javier Esperanza Reyes
Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz
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