
La educación es uno de los agentes que más contribuyen en el desarrollo y crecimiento de personas y sociedades. Además de proporcionar conocimientos, la educación enriquece la cultura, el espíritu, los valores y todo aquello que nos caracteriza como seres humanos.
La educación es necesaria y prioritaria en todos los sentidos y en todas las sociedades, es un derecho básico de todos los niños, niñas y adolescentes, al proporcionarles las habilidades y conocimientos necesarios para desarrollarse como adultos, así como las herramientas para conocer y ejercer sus otros derechos. A través de la educación se transforman vidas al promover actividades para consolidar la paz, erradicar la pobreza e impulsar el desarrollo sostenible, es un derecho humano para todos a lo largo de toda la vida.
El término género abarca las concepciones sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad estima convenientes para hombres y mujeres. Estas diferentes funciones y comportamientos, pueden suscitar discrepancias entre hombres y mujeres, favoreciendo mayormente a uno de los dos grupos, pudiendo esas desigualdades llegar a transformarse en inequidades.
Po lo tanto, igualdad de género expresa la existencia de una equivalencia de oportunidades y de derechos entre hombres y mujeres, en las esferas pública y privada, que ofrezca y certifique la posibilidad de desarrollar el tipo de vida que cada uno elija.
En la actualidad, la igualdad de género es reconocida como un componente fundamental para el desarrollo sostenible, debido a que en los últimos 50 años, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil han desarrollado esfuerzos en el pronunciamiento y aplicación de políticas idóneas para establecer acciones de equilibrio entre hombres y mujeres, afrontando los principales obstáculos para alcanzar la igualdad de género. Lamentablemente todavía ningún país ha conseguido consolidar la como una norma a seguir, existiendo aun grandes antagonismos por subsanar.
Como resultado de los las investigaciones y trabajos realizados en derechos humanos, se ha logrado reconocer y establecer la importancia que tiene el proceso educativo para lograr la igualdad entre los géneros, y así encaminar el logro para eliminar la discriminación y la violencia por razones de género. Como claramente lo señala la Recomendación General No. 35: sobre la violencia por razón de género contra las niñas y las mujeres y la Recomendación General No. 36; sobre el derecho a la educación de las niñas y las mujeres, ambas pertenecientes al Comité para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer de la ONU (CEDAW), y en las que se hace fuerte énfasis en el derecho de acceso a la educación, los derechos dentro de la educación y los derechos a través de la educación.
Todo lo anterior, avalado por el Marco de Acción para la Educación 2030, y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, que incluyen metas y propósitos encaminados a la eliminación de todas las formas de discriminación contra las mujeres y las niñas, reconociendo que “la igualdad de género está intrincadamente ligada al derecho a la educación”, siendo el ODS-5 el que señala “Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas”.
La realidad es que, aunque la UNICEF señala que mujeres, hombres, niñas y niños, deben gozar por igual de los mismos derechos, recursos, oportunidades y protecciones, a nivel mundial se continúa observando que niñas, adolescentes y mujeres en su diversidad, encaran mayores obstáculos por razón de su género, convirtiendo a esas desigualdades históricas en verdaderos impactos intergeneracionales, que se reflejan en la niñez actual, entorpeciendo el avance en las condiciones de igualdad, y en la posibilidad de cimentar nuevas relaciones sociales y entornos más saludables y justos para niñas, niños y adolescentes.
¿Por qué es importante empoderar a las niñas y las mujeres?
Empoderar significa hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido, para mejorar su situación, y en este sentido, empoderar a las niñas y las mujeres es promover la igualdad de género para acelerar el desarrollo sostenible. Erradicar todas las formas de discriminación contra mujeres y niñas también reflejará un efecto multiplicador en las demás áreas de desarrollo de una sociedad, ya que en algunos países aún se observan grandes desigualdades en el acceso a empleos remunerados entre hombres y mujeres e inmensas brechas en el mercado laboral. Además de que también persisten de manera persistente la violencia y la explotación sexual, la desigual distribución del trabajo no remunerado (doméstico y el cuidado de otras personas), sumándose también la discriminación en la toma de decisiones en el ámbito público.
El mundo está viviendo la experiencia de que cada vez más mujeres ocupan cargos públicos de relevancia, y el reto es exhortar y animar a más mujeres para que sean líderes en todas las regiones del planeta, lo que fortalecería las políticas y leyes dirigidas a conquistar cada vez mayor igualdad entre los géneros. Por lo que es indispensable comprender el empoderamiento de las niñas, adolescentes y mujeres como la punta de lanza para romper con el ciclo de discriminación y violencia, admitiendo que cuando una sociedad consigue que las mujeres en toda su diversidad, adquieran y asuman su plena autonomía económica, física y política, garantizarán que se cumplan sus derechos en igualdad de condiciones y, por tanto dejarán el camino libre para que también niños, niñas y adolescentes tengan un desarrollo pleno, promoviéndolo y transmitiéndolo de una generación a otra.
Importante es conocer que estas propuestas se encuentran respaldadas por la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), la Convención para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra las Mujeres (CEDAW), y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), quienes puntualizan sin margen de error, que es crucial reconocer y proteger los derechos de niñas, adolescentes y mujeres para transformar los patrones de conducta y redefinir las relaciones de género.
A su vez, la Agenda Mundial de Educación 2030 reconoce que la igualdad de género requiere un enfoque que «garantice no sólo que las niñas y los niños, las mujeres y los hombres obtengan acceso a los distintos niveles de enseñanza y los cursen con éxito, sino que adquieran las mismas competencias en la educación y mediante ella», pues existen, dependiendo del contexto, grandes desigualdades de género en el acceso, el logro de los aprendizajes y la continuación de la educación, teniendo como efecto que sean las niñas, en general, las más desfavorecidas, aunque en algunas regiones los niños enfrentan también esta desventaja. A pesar de los logros alcanzados, existe un mayor número de niñas sin escolarizar que de niños, se estima que 16 millones de niñas en el mundo, nunca irán a la escuela (Instituto de Estadística de la UNESCO) y las mujeres representan dos tercios de los 750 millones de adultos que carecen de conocimientos básicos de alfabetización.
Entre los innumerables obstáculos que impiden a las niñas y mujeres ejercer su derecho a estudiar, obtener un diploma o grado y beneficiarse de la educación, se encuentran la pobreza, el aislamiento geográfico, la pertenencia a una minoría, la discapacidad, el matrimonio y el embarazo a edades muy tempranas, la violencia de género y las actitudes tradicionales relacionadas con el papel de las mujeres.
La igualdad de género a través de la escuela, agente socializador y centro donde se imparte y recibe enseñanza.
Para verdaderamente esforzarse y ocuparse para lograr la igualdad de género. es vital que los centros escolares ofrezcan ambientes seguros, inclusivos e incluyentes a las niñas, niños y adolescentes. En estos entornos, los docentes, alumnos y autoridades educativas, en combinación con los padres de familia, tienen un rol fundamental para lograr la meta de que los espacios escolares se encuentren libres de violencia y discriminación, orientando sus esfuerzos para brindar educación de calidad y con perspectiva de género. Se requiere que los gobiernos diseñen planes y programas de estudio que erradiquen la discriminación y violencia de género en el ámbito escolar, privilegiando una educación integral de la salud (física, emocional, psicológica), incluyendo el que el personal docente y administrativo acaten normas en referencia a unas apropiadas prácticas disciplinarias, exentas de sesgos.
A nivel mundial, la violencia que se experimenta en los centros escolares constituye una problemática generalizada y que hasta ha llegado a observarse como algo “ordinario y normal” en algunos países. Este violencia física, psicológica, sexual, emocional, puede tener lugar dentro del centro escolar, en el trayecto de casa a escuela y viceversa, y también en el ciberespacio, entres sus rasgos característicos se encuentran la intimidación, castigo corporal, maltrato verbal y emocional, acoso y agresión sexual, bullying, y con frecuencia se realiza como consecuencia de normas y estereotipos de género, arraigadas en relaciones de poder desiguales y discriminatorias.
Es por ello que se considera la labor docente como detonante e impulsora para lograr en cambio de actitudes y de comportamientos. Si se trabaja arduamente en formar a los docentes cambiando esos códigos de conducta agresivos, y transformándolos en el conocimiento de los derechos y responsabilidades de los niños, en prácticas docentes alternativas, generar conciencia en que saber escuchar a los estudiantes es importante, modificando así la norma de conducta de los docentes. El trabajo que ha realizado UNICEF a través del programa Communities Care en países como Sudán, Burkina Faso, Gana y Malawi, para modificar las reglamentaciones que posibilitan la violencia sexual, partiendo desde el cambio de las actitudes y el proceder de los docentes, UNGEI (Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas, 2018), ha comenzado a rendir frutos, y todavía el camino por recorres es largo para llegar a la meta.
En este mismo informe, se destaca que la violencia de género relacionada con la escuela no se concreta solamente en los países de ingresos bajos, sino que es un fenómeno de carácter mundial. Un estudio realizado en los Países Bajos reveló que el 27% de los educandos había sufrido acoso sexual por parte del personal de la escuela.
Llegado a este punto, se plantea la urgente necesidad de instituir una enseñanza con verdadera perspectiva de género, en donde los programas académicos y los libros de texto se encuentren exentos de sesgos, en donde se fomente la igualdad en las relaciones de género, que incluyan una educación integral de la sexualidad para empoderar a las y los jóvenes.
Aunado a los planes de estudio y los libros de texto, la práctica docente precisa ser actualizada, no perdamos de vista que el desempeño de los docentes también se encuentra moldeado en gran parte por los estereotipos en cuanto al género, y ello ejerce influencia en la manera de desenvolverse frente a los estudiantes, teniendo una carga de mayor “responsabilidad” hacia las profesoras, en comparación con sus colegas masculinos.
Sin olvidar que en sus hogares, las niñas, niños y adolescentes reciben mensajes, sutiles o no, de desigualdad de género, a través de la asignación de responsabilidades dispares en lo que al trabajo en el hogar corresponde, tendiendo a ser la carga más marcada de las tareas domésticas a las mujeres de la familia. En los temas escolares, por lo general las niñas reciben menor apoyo e impulso para continuar con estudios superiores. La desigualdad de género se torna extremadamente preocupante cuando se conocen datos como el que aproximadamente 1 de cada 20 niñas entre los 15 y 19 años de edad (cerca de 13 millones a nivel mundial), han sido víctimas de relaciones sexuales forzadas, el matrimonio infantil y la mutilación femenina siguen siendo prácticas que laceran y atentan los derechos humanos de las personas afectadas.
En noviembre de 2020, México se comprometió ante la Unión Europea (UE) a situar la igualdad de género y el empoderamiento de mujeres y niñas en el centro de su política exterior, en la reunión efectuada entre la viceministra mexicana de Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos, Martha Delgado Peralta y Stefano Sannino vicesecretario general de Asuntos Económicos y Globales del Servicio Europeo de Acción Exterior, resaltando que la pandemia generada por COVID-19 ha destacado la urgencia de ejecutar una “acción global concertada” a este respecto. Sin embargo, en abril de 2021, México volvió a ser ubicado en el último lugar en igualdad de género laboral en América Latina, con datos crudos como el que las mujeres con mayor grado de preparación académica obtienen puestos de alto mando con salarios que llegan a ser hasta 50% inferiores a las de los varones con posiciones similares (Análisis T-MEC, Reforma Laboral e Igualdad de Género).
Preocupante es que la participación económica de las mujeres en México continúa siendo baja, independientemente de que se ha logrado elevar su escolaridad, es el país miembro de la OCDE con la tasa más baja de participación, sólo 45% de las mujeres participa en el mercado laboral, en comparación con 78% de los hombres, las mujeres perciben un salario aproximadamente 15.6% inferior al de los hombres y ellas dedican 59 horas a la semana al trabajo de cuidados y doméstico, tres veces más que los hombres que dedican 22 horas promedio.
Antonio Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, ha señalado de manera precisa, que “El núcleo del problema es el poder, ya que las estructuras de poder dominadas por los hombres sustentan todo, desde las economías nacionales hasta los sistemas políticos, el mundo corporativo y más allá. El patriarcado también tiene un impacto en los hombres y los niños, atrapándolos en estereotipos de género” (sic).
Con educación y desde las escuelas, hay que trabajar para terminar con la violencia que se ejerce contra las mujeres y las niñas, siendo esta una práctica muy extendida y con resultados devastadores. Esta violencia es considerada como causa y efecto de la desigualdad, y la discriminación de género se ha convertido en un continuo regular y sistemático en el cual se encuentran inmersas mujeres y niñas en todos los ámbitos y etapas de su vida, anclada profundamente a modelos culturales sexistas.
Las acciones para lograr la igualdad de género nos corresponden a todos como sociedad, no sigamos permitiendo que solo unos cuantos decidan qué hacer, cómo hacer y cuándo hacer, es aquí y ahora, las futuras generaciones lo agradecerán.
“El nivel de civilización al que han llegado diversas sociedades humanas está en proporción de la independencia que han gozado las mujeres”.
Flora Tristán
“La igualdad de género es más que un objetivo en sí mismo. Es una condición previa para afrontar el reto de reducir la pobreza, promover el desarrollo sostenible y la construcción de un buen gobierno”.
Kofi Annan
Laura Águila Franco
Lic. en Psicología por la UNAM. Me he desempeñado como Psicóloga Escolar por espacio de 20 años, y como Directora Académica en los niveles de Preescolar y Primaria en colegios privados los últimos 15 años.
Formadora de Directivos y Docentes en la Reforma Integral de la Educación Básica (UNAM-SEP, 2009-2010), Participante en el Sexto Congreso Nacional de Primaria 2014 “Desafíos en el Aula”, en la Unidad de Congresos del CMN Siglo XXI.
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