
A causa de la pandemia de COVID-19, el Fondo Monetario Internacional (FMI) se mostró a favor del endeudamiento de los gobiernos de los países para enfrentar la recesión. A excepción de aquellos que no tienen la capacidad de conseguir recursos en los mercados financieros.
De acuerdo con un documento del FMI publicado en 2020, México “se beneficiaría de un mayor apoyo fiscal temporal a corto plazo” y se recomendaba un gasto de entre 2.5% y 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB).
Sin embargo, México eligió el camino de la austeridad fiscal durante la pandemia, a pesar de que el FMI no lo recomendó.
El aún entonces director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Alejandro Werner, declaró en febrero del año en curso que un aumento del gasto fiscal “obviamente hubiese beneficiado a la población” y habría evitado que empresas medianas se fueran a la quiebra.
México y su “cinturón apretado”
El gobierno de Andrés Manuel López Obrador decidió mantener la austeridad y solamente tuvo un gasto de 0.7% del producto interno bruto en medidas de estímulo fiscal, siendo la cifra más baja de todos los países latinoamericanos. Brasil gastó un 8.8%.
Por su parte, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, en diversas ocasiones defendió la política elegida, argumentando que, en comparación con otros países de América Latina, México tendrá una posición macroeconómica y fiscal mucho más fuerte cuando termine la crisis.
Esto gracias a la decisión de no contratar deuda adicional y generar buenas expectativas ante los inversores, así como el efecto positivo en la economía que dejará la campaña de vacunación.
Expertos lo consideran un error
El director del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) y también profesor del Tec de Monterrey, Héctor Villareal considera que “el nivel de gasto fue bajísimo, fue un error”.
También reconoce que el gobierno creó programas para combatir la pandemia, aunque muchas medidas fueron financiadas con ajustes en otros rubros de las finanzas públicas.
A su vez, José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), consideró que “la respuesta fue limitada” en los apoyos fiscales.
«No hubo movimiento en las tasas impositivas o en transferencia de subsidios, o mecanismos que facilitaran el financiamiento en el sector privado», declaró a BBC Mundo.
Igualmente detalló que «si bien el gobierno tiene un profundo sentido social, en materia fiscal en realidad es un gobierno muy ortodoxo y más tendiente hacia lo liberal”.
De acuerdo con el investigador, la decisión de México fue evitar que las finanzas públicas terminaran pagando el costo de la crisis, pero “la mayor parte del costo social y económico terminó siendo pagado por la sociedad”.
Cabe recordar que más de un millón de empresas cerraron y al menos dos millones de personas no han logrado recuperar sus trabajos y los expertos consideran que esto pudo haberse mitigado.
