
Hace unas semanas el diario deportivo Récord despidió al columnista Joshua Maya por señalar a la periodista de Fox Sports, Marion Reimers, como feminazi.
No es imprescindible argumentar el porqué de llamar a alguien feminazi es dañino para la sociedad; menos ahora en tiempos convulsos, en los que la sociedad se fragmenta, polariza y atomiza en torno a cualquier tema, encontrando primero las diferencias que las coincidencias. Parece que una parte de la sociedad no está preocupada por la estabilidad, el orden y la paz.
Muchos evaden la responsabilidad de sus palabras; lo hacen desde la ignorancia, sin conocimiento alguno de lo que ciertas palabras implican con base en la etimología, la semántica, o la historia.
El punto no es la falta de consenso, dado que en sociedad es normal vivir en constante conflicto. Incluso, las ideas de política y democracia se sustentan en la necesidad de diálogo y negociación para disminuir, dentro de lo posible, el conflicto social.
Sin embargo, a diferencia de los conflictos que surgen a partir de la diferencia de ideas, los conflictos por ignorancia no llevan a ningún sitio, únicamente a una sociedad cerrada al diálogo y predispuesta a la confrontación.
¿Fue una medida drástica despedir a Joshua del medio?
No. Debemos pensar que en estos momentos no debemos dar cabida a faltas de respeto rupestres e innecesarias. Hoy, que todo parece ser razón de discusión, y no precisamente de sana discusión, sino de discusiones violentas que no aportan al capital social, debemos pensar en la irresponsabilidad en la cual caen muchas personas, al manifestar palabras que poco tienen que ver con sus argumentos.
Desafortunadamente, hoy día es común escuchar: feminazi; facha; fascista; nazi; rojo; comunista; entre otros. Prefiero pensar que quienes los pronuncian ignoran su significado, a pensar en que los utilizan conociendo su procedencia; pues ello confirmaría que su único fin es perjudicar la imagen del otro.
Decir feminazi resulta no solamente irresponsable, sino contradictorio. Unos utilizan dicho significante para referirse a aquellas mujeres que sostienen el estandarte de la lucha feminista, mientras otros lo hacen para referirse a otras, que ellos consideran que han caído en un feminismo radical.
Ahí parte de la contradicción, pues el feminismo radical se puede traducir más que en feminismo en hembrismo; el feminismo es solamente la búsqueda de equidad/igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres; no la superioridad o la hegemonía del género femenino.
Asimismo, el hecho de mencionar la ideología nazi no compagina con la actual ola feminista, pues sin ahondar en el nacionalsocialismo alemán, este tenía como principal referente una idea de exclusión; de exclusión de judíos; de homosexuales; de los diferentes; en general: de todo aquel que no consideraban prototipo del ser humano ario.
Mientras tanto, el feminismo busca la inclusión de la mujer en: la esfera laboral; académica; política. Busca erradicar los roles de género dentro de la vida privada, la cual hoy apenas se delimita de la vida pública; pues cada vez son más las personas que manifiestan su interés en que la colectividad se asome a las ventanas de su casa y vean los problemas que ahí sufren.
Así pues, no importa dónde sucedieron los actos de Joshua y de Récord respectivamente. Joshua demostró ser inconsciente de la realidad actual, mientras que Récord, mostró empatía, no solamente con la periodista de Fox Sports, sino con todas aquellas que enarbolan la lucha feminista; con las mujeres; y con esa parte de la sociedad que exige respeto dando forma a las necesidades post materiales que implican la búsqueda de la dignidad humana a nivel individual y colectivo.
Récord mostró conciencia Popperiana al no ser tolerante con los intolerantes.
La libertad nos lleva a la necesidad de colocar límites, límites que suplan la carencia del sentido común en muchos.
Este caso solo ejemplifica el problema. Desafortunadamente, muchos que se dicen de izquierda les dicen fachas a aquellos que no convergen con sus ideas, sin contemplar la carga histórica del significante, cuyo origen está en el fascismo italiano. Quizá no podamos coincidir con personas pro-vida, pero de eso, a llamarlas fachas, hay una gran brecha.
Y no es distinto lo que ocurre en dirección contraria, personas que convergen con una derecha moderada llamando comunistas o hasta rojos a aquellos que simplemente creen que el gobierno tiene la obligación de asegurarnos un Estado de Bienestar.
Así, observamos que el problema radica en toda la sociedad como conjunto, donde la ignorancia y la falta de escrúpulos, así como de empatía, cada vez son más evidentes.
¡Nos urge reflexionar!
Maestro Isidro Rangel O’Shea
Análisis Político y Electoral
@IsidrOShea
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