
Reiteradamente oímos que este 2021 tendremos las elecciones más grandes de la historia, con más de 19 mil cargos en disputa, entre ellos la fundamental Cámara Baja que determinará en gran medida las oportunidades que el presidente sostendrá o dejará de tener. Sea como sea tenemos dos grandes frentes de batalla y como electores debemos de considerar cuáles son esos proyectos para razonar mejor el voto.
Hay muchos niveles para analizar cuáles son los proyectos de un candidato, partido o alianza; en ocasiones la retórica dice mucho, y en este aspecto tenemos dos viejas promesas de país queriendo conquistar los votos: por un lado la agenda neoliberal que dice apostar por el libre mercado, por la competencia, la modernidad y el progreso, pero que no puede ni cumplir su promesa de no intervenir, que ha beneficiado a unos pocos con privilegios y arreglos en lo oscurito y desmontado las empresas nacionales, un poco como Juárez sólo que ahora mintiendo con que eran empresas muertas, pasaron a manos vivas, ¡de amigos muy vivos!
El «PRIAN» que durante tanto tiempo negó su complicidad, pero que siempre colaboraban para reformar en favor de la élite, ese viejo frente ahora viene, usando su nombre de verdad, apelando al miedo de los que creen que el país está rumbo al desfiladero, pero sin reconocer las fallas, las mentiras y con caras tan viejas que llevan una generación fuera de la cancha de juego.
Vienen con la propuesta de regresar un sexenio al pasado cuando la prensa era “libre”, cuando de seguridad no se hablaba y cuando las únicas penas eran las que nos hacía pasar el ejecutivo en público, porque la crisis estaba en nuestra mente. En fin, es tan poco lo que se puede decir de ello porque las mañaneras día a día dicen lo que se rescata de este periodo, y no so cosas buenas, pero se cuentan mucho.
En el otro lado, me gustaría decir que tenemos un proyecto progresista, que integra a las minorías sexuales, que atiende a las demandas de la revolución del siglo (el feminismo), que toma en cuenta a las comunidades indígenas y que visualiza una agenda ambiental seria para dejar un mejor legado que los del otro lado.
Pero eso sólo me gustaría decirlo, pues en este extremo lo que hay es una izquierda de papel, un proyecto que trata de regresarnos a un modelo del pasado. Y ojo, que esto no es intrínsecamente malo, pues en el pasado la bonanza económica fue buena, lo preocupante es que ya no estamos en los 60´s y nuestros tiempos piden algunos ajustes.
Reconquistar los derechos de las y los trabajadores del siglo XX sería una proeza, una triste porque eso nos revela cuánto se ha avanzado realmente, nacionalizar los recursos que antes eran del país suena a una esperanza de postguerra.
¿Tan mal estábamos que lo que hay que hacer primero es reconstruir? Y es que el obradorismo todos los días culpa al pasado de las últimas tres décadas del desastre actual pero a la vez, alude a la época del Nacionalismo Revolucionario y un poco más lejos, a la Restauración de la República como modelos a seguir.
La reflexión a la que quiero llegar es que en estas elecciones no tenemos ningún camino que apunte hacia el futuro, sino dos opciones que presumen de guiar mejor con el reflejo del pasado.
O vamos por la promesa de “Orden y progreso” (para los de arriba) o por una última oportunidad para el nacionalismo revolucionario (aunque se supone que el último chance lo sostuvo tener José López Portillo, igual y por ello la oposición insiste en llamar al presidente López).
Pero esta es, como dije, solo una de las muchas lecturas del proceso, y no es lo mismo evaluar a todo un frente que las y los candidatos presentados, y es que en este país en donde escasean nuevos cuadros, si le rascas a un morenista puedes encontrar blanquiazules, tricolores o amarillos y si te acercas al SíXMéxico igual y hasta se ven cadáveres políticos en sus filas.
Al final, si no hay nada atractivo en las boletas y se quiere hacer una revolución en nuestra democracia, el primer paso está en tener la voluntad de hacer algo y de aventarse a la gran hazaña de cambiar el mundo.
Alexis Javier Esperanza Reyes
Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz
