
Lo que se ve en Palacio Nacional, en las conferencias de prensa del presidente o en la vida política del Gobierno federal no parecen para nada de tensión continua o preocupación por tantos problemas que aquejan lastimosamente a México.
Todo parece estar en un trance de comedia, risas o de manejar el gobierno con experimentos “al ahí se va”.
La comedia de la 4T en realidad se asemeja más a una tragedia. Ya no parece una comedia de la cual uno pueda reírse con sentimiento de alegría o pasión, sino que esa comedia da razón para reírse de manera nerviosa o de dar pena por todo lo que está pasando constantemente en el México que usted y yo vivimos.
El mismo presidente López Obrador con su frases populistas y demagogas provoca un ambiente que nos lleva al pasado, aludiendo al presidencialismo que millones de mexicanos vivieron durante los años de la docena trágica.
Su risa burlona junto con sus palabras retadoras nos deja ver que no hay en sí una figura presidencial en Palacio Nacional, sino que pareciera que se enfrasca a una figura de la comedia que quiere ser presidente.
Culpar al pasado todos los días y quejarse de todo el desastre que dejó el neoliberalismo mexicano pasó de ser algo entendible a algo que ya es repetitivo y mediocre.
Se dice entendible porque la primera semana o los primeros 3 meses de sexenio pudo haber pasado desapercibidamente, pero ya cuando a más de un año se sigue diciendo lo mismo todos los días, entonces ya no es algo serio, sino algo que demuestra incapacidad de gobernar.
Las problemáticas del país se resuelven con la palabra del presidente en sus conferencias de prensa o con lo que digan su muletillas constantes durante su discurso en las mañanas.
“Todo se resolverá vendiendo” lo que tenían los corruptos neoliberales de los gobiernos anteriores: habrán hospitales, equipo médico, agua potable, dinero para los programas sociales, etc.
La realidad nos dice que ni vendiendo Palacio Nacional se resolverían los problemas del país, sino que la estrategia está por otro lado muy distinto.
El rumbo de la política nacional necesita coordinarse con veracidad y no con comedias o cortinas de humo, las cuales solamente dañan al mismo presidente y a su credibilidad como presidente de la república.
México no necesita de tantas mañaneras o de discursos repetitivos, tampoco necesita de sobrenombres a rivales políticos o rifas de aviones, sino lo que se necesita es una estrategia nacional que haga creer a opositores y seguidores para que el país empiece a rodar hacia una “transformación”.
La comedia no ha finalizado y tampoco es algo que se le dé al presidente o a su Gobierno. Ellos no necesitan bromas o comedias para gobernar, sino que necesitan de resultados y seriedad para gobernar a un país que parece ir sin rumbo.
Si la cuarta transformación quiere tener credibilidad y más popularidad, entonces necesita menos payasos, comedias y distractores.
La commedia è finita?….
Ricardo Ortiz Esquivel
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