
En los últimos veinte años, la educación inicial se ha convertido en un referente primordial a considerar en las agendas de trabajo de quienes se dedican a investigar sobre desarrollo infantil a nivel mundial, lo que implica que los gobiernos la han incluido en sus planes, objetivos y estrategias, para promover el desarrollo de programas que atiendan a este sector de la población infantil, que abarca de los 0 a los 3 años de edad.
La UNESCO considera la educación inicial de los 0 a los 6 años, y refiere que: “una atención y educación de la primera infancia (AEPI) verdaderamente inclusiva significa mucho más que una simple preparación con miras a la escuela primaria. La AEPI puede ser la base del bienestar emocional y cognitivo a lo largo de la vida, así como una de las mejores inversiones que puede realizar un país, ya que promueve el desarrollo holístico, la igualdad de género y la cohesión social” (https://www.unesco.org/es/early-childhood-education).
De este modo, la educación inicial se reconoce como la acción educativa destinada a niñas y niños en sus primeros años de vida, desde el nacimiento hasta los tres años. Su propósito primordial es fortalecer el desarrollo integral propiciando oportunidades para la interacción y comunicación con sus pares, el desarrollo físico, neurológico y socioemocional, y el conocimiento y aprendizaje.
Recordar que la llamada “primera infancia”, es la edad donde los seres humanos se enfrenta a los primeros contactos comunicativos con el mundo a través de sus sentidos, los niños experimentan sus primeras e importantes sensaciones. Atender este periodo es de gran relevancia porque se realizan los primeros aprendizajes, desarrolla y ejercita destrezas de tipo cognitivo, afectivas, sociales y motrices y estas destrezas continuarán desarrollándose, lo cual le permitirá aplicarlas posteriormente en su vida diaria.
La educación inicial, en su primera etapa de los 0 a los 3 años, se orienta fundamentalmente en la atención del desarrollo físico, desarrollo intelectual y desarrollo afectivo, social y moral de los niños y niñas.
En México, se requiere trabajar arduamente con las familias, en el sentido de NO desestimar la importancia de la educación inicial en los niños, si bien en nuestro país tiende a contarse con el apoyo familiar, y los pequeños suelen quedarse en casa con los abuelos u otro familiar o cuidador, cada vez más por razones laborales de los padres, los pequeños asisten a guarderías, estancias infantiles, CENDIS, etc., lugares en donde los pequeños aprenderán a desarrollar destrezas como la socialización, el respeto por el otro y la creación de hábitos, entre otras.
La educación en la etapa infantil, que es la continuidad de la educación inicial, de los 3 a los 6 años, se enfoca en reforzar lo trabajado anteriormente, y fortalecer en los niños y niñas experiencias que estimulen su desarrollo personal completo, atendiendo fundamentalmente los siguientes aspectos:
- Los sentidos
- Los movimientos
- El lenguaje
- El lenguaje o expresión corporal
- Conciencia corporal
- Autonomía
- Relaciones sociales
- Hábitos
- Expresión de la afectividad
- Respeto a la diversidad
- Personalidad
- Orientación espacial y temporal
- Comprensión de conceptos
- Lenguaje escrito
Siendo, como las investigaciones y estudios a lo largo de los años han demostrado, que la etapa infantil es una de las fases del desarrollo humano de mayor importancia, es un gran desafío para padres de familia, instituciones educativas y docentes, ya que la atención a la población de estas edades necesita contar con programas orientados a motivar a los niños, despertar su curiosidad y atención, propiciar el aprendizaje con sentido y vivencial, como lo señalan las neurociencias: “si encuentran utilidad en lo que aprenden, desearán seguir aprendiendo y lo harán con mayor eficacia”. Promover que los niños y niñas aprendan a través de actividades reales, en ambientes organizados, por medio de estrategias motivantes y con objetivos didácticos claros.
Es fundamental que aprendan a comunicarse de manera asertiva, que se les motive y ayude a comprender el mundo resolviendo retos cognitivos y aprovechando toda oportunidad para provocar la reflexión. Importante también es el reconocimiento de sus emociones, para que puedan aprender a gestionarlas y regularlas, que aprendan de otros y en colaboración con otros, tomen decisiones, asuman retos, resuelvan problemas, disfruten de la lectura y la escritura e inicien su formación como lectores autónomos y críticos. Que adquieran las destrezas cognitivas, afectivas y psicomotoras esenciales para que puedan avanzar en su desarrollo, obtengan los triunfos esperados y vayan por la vida lo suficientemente equipados para superar las dificultades, anticiparse al futuro y transformar su entorno.
Todo lo anterior parece algo inalcanzable, considerando las edades que se abarcan (de los 0 a los 6 años), sin embargo, precisamente en estas edades la plasticidad neuronal juega un papel primordial, y es básico tener en cuenta que en cada etapa del desarrollo el cerebro “busca” enriquecerse de una manera determinada, con conocimientos y experiencias específicos, debido a ello conocer los aspectos básicos del desarrollo y la maduración del cerebro, son aspectos vitales que marca la neuroeducación, y precisamente se resalta que en estas edades los aprendizajes sensoriales ejercerán una enorme influencia en todos los procesos posteriores de aprendizaje, durante el resto de la infancia, la adolescencia, la juventud y la edad adulta.
Resumiendo, los aprendizajes más importantes en la primera infancia, que van a influir en los aprendizajes posteriores durante toda su vida, son los sensoriales, a través del uso y la integración de todos sentidos, y la forma instintiva de adquirirlos es a través del juego.
