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Voto nulo y coma político

Columna de Alexis Javier Esperanza 🖋️

El discurso del deber cívico, de ir a las urnas para la elección de representantes y funcionarios públicos es muy antiguo, es más, es una idea hasta desgastada que en gran parte de la población se ha sustituido por las frases de “todxs son iguales” o “tu voto no importa, al final se arreglan en lo oscurito”. 

Pero un hecho significativo llamó mi atención las pasadas elecciones intermedias; el que un grupo de personas estuvieran promoviendo el voto nulo o el abstencionismo por la falta de convencimiento en las propuestas de los partidos. 

Es verdad que el sistema partidista nos ha quedado a deber; desde la hipocresía confesa en la alianza de Va x México donde por primera vez se quitaron la máscara para aceptar sus coincidencias operativas luego de tratar de imitar un sistema bipartidista de derechas como en el vecino del norte donde se elige entre la derecha azul o la roja. 

Otro agravio del modelo se ve en las candidaturas que nos presentan desde los diferentes bloques, personajes desconocidos, que no han caminado las calles ni permeado en la agenda pública en defensa de tal o cual causa, o peor aún, individuos que representan lo peor del pragmatismo partidista, camaleones de la “democracia” que se han teñido de rojo, verde, amarillo o azul según la conveniencia y que hoy llegan a las boletas con un nuevo lema y reivindicados por la bendición presidencial.

Y para que no se me malentienda hay que aclarar que el voto nulo no es una medida que al menos en elecciones actuales influya o pueda desacreditar lo suficiente los procesos como para anularlas y pedir una repetición con mejores cuadros. Durante algunos años, en el estado de México, el acto de llamar a anular el voto si era una manifestación política efectiva, se daba cuando ‘El Partido’ imponía a una candidatura que era más débil que la de quien si sostenía el poder de convocatoria popular, en estas circunstancias, para demostrar su fuerza y que él debió de haber sido el candidateado, pedía a sus seguidores que fueran a votar, pero anularan sus votos. Si en verdad el peso era tal que las elecciones se anulaban, el partido recapacitaba y ahora competía con la persona que había logrado tal nivel de seguidores.

Las condiciones para que un acto similar suceda en las elecciones presidenciales o a nivel federal son escasas, no imposibles, pero un reto que tendría que verse mínimamente posible superando los altos niveles de abstencionismo. 

Pero ahí no reside la molestia de este análisis, sino en aquel voto nulo de los que se piensan demócratas una vez cada tres y seis años, de aquellos que en un acto moralino y desubicado se declaran apolíticxs porque nadie les representa. Porque nadie les representa y porque tampoco buscan representarse a sí mismos.

Las boletas que me llevaron a la reflexión fueron esas que anulaban su voto con la leyenda “nos faltan 43” o “todos son iguales”, y me llamaron la atención porque ojalá fueran escritas por las voces que replican el mensaje en la vía pública o que politizan con esos temas cada que hay la ocasión.

En seguida de las elecciones del domingo 6 de junio, el 10 de junio se cumplieron 50 años de la represión del Halconazo; una conmemoración histórica necesaria en la lucha contra la violencia orquestada desde el gobierno y solapada por la falta de justicia. Para tal motivo, ese jueves se citó a una manifestación en la que (en gran medida por la pandemia) participé del contingente más pequeño en el que había estado. Y ahí surge una pregunta ¿dónde están esas voces y mentes enojadas, aquellxs molestxs con la injusticia, con los crímenes de Estado, con las masacres y desaparecidxs?

Porque no fue solamente la manifestación del 10 de junio, sino la invisibilidad en redes, así como tantas otras marchas, tomas, asambleas, proyectos ciudadanos en donde no les veo, en donde no siento su descontento, en donde no les ubico representándose a sí mismxs, ya que ningún político o política cumple con sus exigencias.

Y es que ese es el problema, que hay personas que se decepcionan del sistema de democracia que tenemos, de nuestra política y políticos, pero que no hace nada para cambiarlo, se limita únicamente a la nulidad de su voto cada que le llaman para elegir representantes y funcionarios. 

Pues claro que las cosas no van a cambiar mientras no se intente cambiarlas, el Che decía que “un hombre no se mide por lo que hizo sino por lo que aspiró a hacer”. No creo que quejarse en una boleta sirva igual que quejarse en una cartulina afuera de una oficina de gobierno por ejemplo, no creo que declararse apolítico y no opinar de política sirva igual que permitirse discutir e intercambiar ideas con la familia, amigos, colegas o desconocidos.

No pienso que el acto de declararse no pensantes y sin voz sirva de mucho en la solución de los problemas nacionales, y no, este escrito no es para lxs compas anarquistas o comunistas que sostienen que no hay una izquierda en el país y que morena es un instrumento más del capitalismo para mantener el sistema. No lo es porque desde esa reflexión, discusión y participación subversiva hacen política y que bien, para ustedes, un abrazo.

Esta columna es para “quien le quede el saco”, para ese o esa que se siente explotadx, enojadx por la violencia, que no se siente escuchadx, que pareciera que ningún partido le da réplica a su malestar y que opta por la resignación, por entregar su destino a la nada, al “Dios dirá”. 

Les llamo a repensar la importancia no sólo de su voto, sino de su acción política; porque se hace política en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la iglesia o en la calle o hasta en unx mismx cuando se entrega a la reflexión, y cuando esa reflexión se comparte y quizá se manifiesta en un acto, en un diálogo, en un texto o en alguna otra forma que ni siquiera se ha pensado aún. 

Para todxs aquellxs quienes hacen política sin darse cuenta, estén conscientes de su enorme peso, y para lxs que siguen en el sueño de la autocomplacencia les mando un beso para que despierten, y les tiendo una mano para que se sujeten cada vez que convoquen a un acto que pretenda cambiar el mundo.


Alexis Javier Esperanza Reyes

Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Twitter: @JavierEsperanzz 


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

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