suscribirse

Una avalancha aplastante llamada desabasto de medicamentos

Columna de Alejandro Vázquez 🖋️

Los mexicanos enfrentamos un grave problema de desabasto de medicamentos e insumos para la salud en instituciones de atención pública.

Antes de este gobierno, si bien existían asuntos susceptibles de cambios, las cosas venían funcionando y se había alcanzado un importante grado de eficiencia en la coordinación del sector salud, para mantener un abasto suficiente y regular de productos. ¿Qué pasó? Aquí la primera entrega de una serie que busca ofrecer una explicación ordenada de hechos y brindar un análisis de la situación.  

La industria de distribución de medicamentos en México alcanzó su más alto desarrollo durante el gobierno de Enrique Peña Nieto. En este sexenio, se logró llegar a un modelo eficiente de adquisición y entrega de insumos para la salud, que venía conformándose por más de 30 años, asegurando por ejemplo, que en 2018 se adjudicara el 95% de las claves solicitadas en la licitación pública de aquel año, de acuerdo con datos del INEFAM.

De venta en Amazon | Así logró que sus seguidores lo defendieran a capa y espada: 10 claves.

El esquema de compras públicas de medicamentos e insumos para la salud funcionaba gracias a que las instituciones “chiquitas” (ISSSTE, SEDENA, PEMEX, MARINA, Seguro Popular, SSA Federal y estatales), encomendaban a la “grandota” (el IMSS), el liderazgo, consolidación y negociación del total de las enajenaciones, en donde el volúmen funcionaba como un elemento clave para conseguir precios bajos de productos altamente eficientes y seguros para la población.

Entre mayo y junio se levantaban y organizaban los pedidos institucionales; julio y agosto servían para realizar las licitaciones y mesas de negociación de precios; y en septiembre se daban los fallos para permitir a las empresas ganadoras, de octubre a diciembre, comprar materias primas y fabricar para finalmente entregar los productos, de manera planeada y calendarizada, asegurando el abasto en las farmacias desde principio del año entrante.

¿De cuánto hablamos? Siguiendo el ejemplo de 2018, se convocaron 866 claves para 55 instituciones, equivalentes a más de 1,550 millones de piezas, en las que el gasto gubernamental ascendió a más de $45,626 millones de pesos. De nuevo con base en el INEFAM.

¿Cómo se aseguraban el cumplimiento de contratos y la distribución ordenada de este enorme volumen de piezas, a los más de mil puntos de entrega?

Las empresas especializadas en distribución de medicamentos, material de curación y demás insumos para la salud, jugaban un papel importantísimo, especialmente para cubrir las necesidades de atención de padecimientos de alta prevalencia y productos de gran consumo.

Como contraparte del IMSS, en este modelo de adquisición, las más de 40 empresas de distribución agrupaban a los fabricantes (más de 750 de acuerdo con INEGI), negociando en primera instancia con ellos para después ofertar en las licitaciones públicas como consorcios. Para entender mejor este punto, es importante subrayar que existen claves que, para ser cubiertas, requieren sumar la capacidad productiva de varias farmacéuticas a la vez.

Las distribuidoras eran intermediarias importantísimas en este proceso porque: 1) ayudaban a eficientar la administración de contratos gubernamentales, aglutinando en pocos de éstos el total de las claves licitadas; es decir, para una clave, un contrato con el Gobierno, aunque ellos a su vez gestionan 8 o 10 contratos con los fabricantes.

2) Financiaban al gobierno. Para asegurar el cumplimiento de contratos, los distribuidores pagaban a contra entrega o en plazos mucho más cortos que los del Estado, a las empresas fabricantes. Esto generaba flujo y confianza en las relaciones contractuales con el sector público.

3) Las empresas distribuidoras además de especializarse en la gestión de contratos, eran expertas en el cumplimiento regulatorio de la cadena de suministro del sector salud. Se encargaban del adecuado seguimiento a leyes y normas de los laboratorios farmacéuticos con los que participaban en las licitaciones; así como de recoger y llevar el producto a su destino final, asegurando la calidad y seguridad de los productos farmacéuticos, cuya estabilidad requiere cuidados especiales de transporte y manipulación.

¿Cuál fue el problema? Sin considerar los posibles cambios en el gobierno Federal y confiados en la inercia que se venía dando en el sector salud durante los últimos 30 años, la industria de distribución de medicamentos e insumos para la salud dejó crecer el rumor de que su labor encarecía el precio de los medicamentos entre un 35% y 40%, cuando en realidad generaban un alto valor agregado por un costo de entre el 8% y 10% adicional.

Con el relevo institucional de 2018, este rumor no contenido o carente de una adecuada explicación, se alineó con la narrativa del nuevo gobierno y abrió la puerta a un cambio radical que, con el plumazo de un decreto, echó por la borda la experiencia acumulada por más de 30 años en materia de adquisiciones públicas para el sector salud, derivando en el grave problema de desabasto de medicamentos que actualmente enfrentamos.

Esta es la bola de nieve que se convirtió en una avalancha aplastante llamada desabasto de medicamentos, de la cual aún no se encuentra salida.

En la siguiente entrega abordaremos las decisiones tomadas por este gobierno y daremos algunos ejemplos de los resultados derivados de las mismas, con la intención de seguir encuadrando la problemática en la que nos encontramos y tratar de aportar al debate público.


Alejandro Vázquez

Consultor en Asuntos Públicos y Comunicación

Egresado de la UNAM

Twitter: @alexo_00

LinkedIn: www.linkedin.com/in/alejandrovazquezgonzalez29082017


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

Comparte el post

Ad

oportunidades

Dejar un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.