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Un llamado frente al ataque de Morena al INE

Altanerías con Carlos Castillo 🖋️

Saben hacerlo: en 2006 pusieron contra la pared al sistema político y lograron el cese de Luis Carlos Ugalde como Consejero presidente del entonces Instituto Federal Electoral.

El llamado “plantón de Reforma” en la Ciudad de México arrinconó al Congreso, y los partidos cedieron. No estuvieron a la altura de la defensa institucional que requiere la democracia.

Cedieron, y ello dio inicio a una narrativa fundacional: el mito del fraude, con sus ceremoniales de investidura de López Obrador como presidente, con el eterno recorrido por el país a expensas de los presupuestos de legisladoras y legisladores de su entonces partido, con las denuncias y ataques contra el gobierno, con la ruptura en el PRD y la posterior conformación de Morena…

Esta fue la ruta andada y hoy vuelve a ser la que Mario Delgado y Félix Salgado Macedonio encabezan. Nuevos actores para viejas estrategias: el plantón en las instalaciones para impedir las sesiones del Consejo general, las amenazas, la bravata, la marcha desde Guerrero, el montaje, de nuevo la mentira y el cinismo instalados como forma de convivir en la arena pública, en la política.

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Salgado Macedonio y Mario Delgado contra el INE | Foto: Milenio

Se suma a ello el ataque a las instituciones por parte del Gobierno federal, cada vez más beligerante, inédito en la vida democrática de México: desacreditar desde el podio presidencial a la autoridad electoral y arremeter contra los consejeros Lorenzo Córdova, y Ciro Murayama…

Los partidos políticos no pueden permanecer ajenos ante una serie de acciones, coordinadas entre Morena y López Obrador, contra quien deberá declarar a los ganadores y perdedores de la contienda del próximo 6 de junio.

Y el nivel que cobran estos ataques exige alzar la voz, trazar una línea, decir hasta aquí.

Si ello implica, por ejemplo, suspender de manera nacional las campañas por algunos días, hasta que cese el ataque frontal del presidente y su partido al INE, será una medida que hará sonar alertas a nivel nacional e internacional, pacífica, y que evitará lo que ya ocurrió en el pasado, eso que saben hacer: forzar las instituciones hasta los límites, solo que, a diferencia de 2006, ahora desde el ejercicio del poder.

 Deberá ser una estrategia organizada, consensuada, informada de manera clara y contundente para dejar en claro la necesidad de una medida de ese peso y complejidad: que sea el presidente quien descalifique al INE, junto con el uso electoral que se ha dado a la incipiente pero ya en marcha campaña de vacunación, corrompen la igualdad necesaria para una competencia que pueda llamarse democrática.

Las voces de la sociedad civil han expresado su preocupación; los medios de información han señalado las mentiras, las incongruencias del Presidente; grupos feministas han visibilizado y denunciado los acosos y las violencias cometidas por Salgado Macedonio. 

El mismo INE se ha defendido desde una institucionalidad respetuosa, clara en sus argumentos, pulcra en su expresión, firme en su deber: salvaguardar la normatividad que el guerrerense intenta pasarse por alto…

Ningún argumento ha sido suficiente. 

Los partidos podrían explorar la posibilidad de pasar de la denuncia, a una serie de acciones coordinadas que recobren los principios de imparcialidad e igualdad del proceso electoral.  

Morena pretende deslegitimar al INE a partir de una estrategia implementada junto con el Gobierno federal, que es asimismo anticipo de lo que pueden y saben hacer ante resultados electorales en caso de que sean adversos.

Y si ya desde este momento se trama la manera, se escribe la narrativa, se instalan los actores y se plantean los escenarios que justifiquen el posible desconocimiento del escrutinio electoral, es porque quizá en el fondo, en un escenario como el que vivimos –pandemia, incertidumbre, polarización–, es mejor prevenirse ante un resultado incierto.

Los partidos no pueden abandonar de nueva cuenta al INE, como ocurrió tras la elección de 2006, y permitir que este nuevo intento de desprestigiar a la autoridad electoral abra camino a un mayor desgaste del propio Instituto.

Es buen momento para que los partidos de oposición digan hasta aquí: de esta línea no se pasa. Hay un deber frente al propio sistema político del que la oposición no puede claudicar, y que llama a tomar medidas urgentes para frenar cada nuevo paso hacia un nuevo autoritarismo.


Carlos Castillo

Director revista Bien Común – Fundación Rafael Preciado Hernández

Twitter: @altanerias


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

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