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“Todos son iguales”: El camino de la despolitización

Columna de Javier Esperanza 🖋️

Esta semana escuchaba a una amiga sostener que las y los candidatos de los distintos partidos eran pésimos y que incluso era preferible no votar.

El “Todos son iguales” es una idea común de escuchar en nuestra democracia, pero es también es un pensamiento impulsado por el liberalismo para despolitizar y economizar el pensamiento.

Para quienes piensan que en política es imposible distinguir entre políticos, entre proyectos y que en la realidad no hay ninguna diferencia, pues al fin de cuentas -todos roban aunque sea poquito- les dejo esta reflexión. 

Luego del triunfo del proyecto capitalista en la Guerra Fría y de la imposición de su sistema como un universal irrefutable, la retórica de aquellos liberales que adoran al mercado como un dios fue el sostener que había terminado la época de las ideologías. Que mayor mentira que la de sentenciar el fin del pensamiento cuando aún existe lo político y se ve en la manera en como los grandes capitales avasallan a las naciones del mundo.

La narrativa indica que ya no hay izquierdas ni derechas, que ya no hay ideologías encontradas, que sólo existe una idea de humanidad, una definición de libertad, un concepto único de lo que es la democracia y que todo lo que no categorice dentro de sus límites autoproclamados, está afuera y es digno de destruirse por ser una “amenaza” a la humanidad (a su idea de humanidad).

Así, el deshacerse de la política o el generar desinterés en la misma ha sido parte del proyecto económico y político liberal. El ideal de la política para los liberales se ha tornado claro, lo que más desearían es un gobierno de meros administradores, de personas que digan no tener ideales políticos, pero que en realidad sean parte del culto al mercado, que vean las vidas como números, que hagan cuentas de costo beneficio con las políticas públicas y que no se tienten el corazón al decidir acabar con recursos invaluables o al arruinar incontables vidas por términos macroeconómicos.  

Lo que sostengo en esencia lo ejemplifico con el fin del régimen PRIista de tercera vía; el viejo PRI se decía heredero de la revolución, sus intelectuales fueron los creadores de la retórica de las tres grandes transformaciones, sus principios escritos en oro aunque eran ambiguos como en un autoritarismo eran la punta de lanza de las políticas públicas. Pero todo ello acabó cuando en los hechos se hizo cada vez más tenue la barrera entre el PRI y la oposición.

¿Cuándo se iba a imaginar al PAN, de nacimiento opuestamente contrario al nacionalismo revolucionario votar a la par del partido gobernante, en casi todas las iniciativas?. ¿Cuándo se iba a pensar que el pragmatismo por mantener el proyecto neoliberal iba a hacer que el administrador en jefe cediera la silla presidencial por primera vez a la dichosa oposición?

He ahí el origen de esa frase, el motor de la despolitización, la traición a la confianza ciudadana en el poder de su participación. Comprendo su decepción, pues aquellas transiciones de poder parecen ser sólo un cambio en la paleta de colores, un ajuste en las relaciones que Los Pinos decidía tener, una diferencia de formas quizá, pero no de fondo: ahí tenemos al bigotón de las botas siervo de los empresarios, al alcohólico asesino siervo de los empresarios, el copete sin cerebro siervo de los empresarios y hasta el actual presidente que se decía enemigo de los empresarios que cooptaban la política ahora rodeado y presionado por el poder económico.

Pero de notar esas similitudes, de haber pasado por aquellas decepciones a decir no vale la pena votar, hay un largo trecho. Quizá este no sea el momento de explayarse diferenciando izquierdas y derechas o ver si los términos aún se pueden aplicar, pero si es el lugar para llamar a reflexionar sobre las cosas en que hay diferencias.

Entre partidos meramente, es parte de la despolitización el sostener que las y los chapulines crean incertidumbre para definir quiénes están de un lado o del otro, pero también es cierto que la política es una conquista del poder, ojalá no sea del poder por el poder, sino para consolidar un proyecto de nación. Y en esta guerra por el poder, se vale aceptar a quienes se quieren unir, utilizar a quienes pueden apoyar el movimiento o quienes podrían herir al enemigo.

No defiendo, pero sí entiendo por ejemplo que morena se haya de compuesto de viejos PRIistas, de esos que no estaban de acuerdo con el cambio en su partido, o entiendo también que tanto el PRI, el PAN y morena hayan aceptado la ayuda del Verde mientras éste se las ofreció. Sólo para hacer un paralelismo les recuerdo que en la revolución Madero no podía darse el lujo del sectarismo, no rechazó la ayuda de Villa por ser un famoso bandolero o de Zapata por ser del sur y por su radicalidad, como dice la máxima: “Se hace política con lo que se tiene y no con lo que se quiere”.

Quisiera extenderme pero no puedo, muy difícil es hacer que se lean diez párrafos, termino por ahora diciendo que es complicado a veces diferenciar entre políticos, pues no se les conoce o no se quiere creer en sus proyectos, pero esa mentira de que todos son iguales es una propaganda que ya nos ha costado demasiado y que no podemos seguir tolerando al ceder nuestro voto. 


Alexis Javier Esperanza Reyes

Ciencia Política y Administración Pública en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Twitter: @JavierEsperanzz 


Los comentarios realizados por las plumas invitadas en dlpoder.com reflejan perspectivas y análisis personales. DLpoder es un medio de comunicación democrático en donde todas las perspectivas aportan valor y son respetadas sin discrepancia.

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