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Deserción escolar en México

Salud mental de la infancia y pandemia | Laura Aguila Franco

En octubre de 2021, UNICEF informó a través por medio del documento titulado “Estado Mundial de la Infancia 2021. En mi mente: promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia”, los resultados del análisis realizado sobre la salud mental de los niños, los adolescentes y los cuidadores en el siglo XXI, en donde se resalta que si bien antes de la COVID-19 los niños y los jóvenes ya sufrían problemas de salud mental, los efectos post pandemia podrían prolongarse durante muchos años.

Las cifras son preocupantes, ya que se estima que al menos 1 de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años cursa con un diagnóstico de algún tipo de trastorno mental en todo el mundo. Alrededor de 46,000 adolescentes se suicidan cada año, siendo esta una de las cinco principales causas de muerte en este grupo de edad, si a esta inquietante situación se suma que a nivel mundial los gobiernos destinan para atender la salud mental de la población escaso porcentaje cercano al 2% de su presupuesto anual, el panorama es todavía más complejo.

La Directora Ejecutiva de UNICEF, Henrietta Fore ha señalado que “Las consecuencias de la pandemia tienen un gran alcance, pero son sólo la punta del iceberg. Incluso antes de la pandemia ya había demasiados niños abrumados por el peso de una serie de problemas de salud mental a los que no se les había prestado atención. Los gobiernos están invirtiendo muy poco para atender estas necesidades esenciales. No se está dando suficiente importancia a la relación entre la salud mental y las consecuencias que se producen más adelante en la vida”.

Lamentablemente, el costo social y de salud como secuelas de la pandemia, se reflejan en cada vez más numerosos diagnósticos de trastorno por déficit de atención e hiperactividad, ansiedad, trastorno del espectro autista, trastorno bipolar, trastorno de la conducta, depresión, trastornos alimentarios, discapacidad intelectual y esquizofrenia, minando la calidad de vida de niños, niñas y adolescentes.

El mencionado informe de UNICEF desglosa y resalta importantes puntos acerca de esta temática, como el hecho de que ocurra una mezcla entre la genética, experiencias personales, factores ambientales, los tipos de crianza, la escolarización, calidad de las relaciones humanas, la exposición a la violencia o los abusos, la discriminación, la pobreza, las crisis humanitarias y las emergencias sanitarias como la COVID-19, impactan de manera fundamental en la salud mental de niñas, niños y adolescentes e influyen a lo largo de su vida.

Aunque los factores de protección, como la presencia de cuidadores afectuosos, los entornos escolares seguros y las relaciones positivas con los compañeros, pueden reducir el riesgo de padecer trastornos mentales, el informe advierte que hay importantes obstáculos, como el restar importancia a la salud mental y la falta de financiamiento para atenderla, impiden para que niños, niñas y adolescente gocen de una salud mental positiva o bien puedan recibir el apoyo que necesitan.

El Estado Mundial de la Infancia 2021, demanda a los gobiernos y sectores  público y privado, a establecer un auténtico compromiso, para que comuniquen, promuevan y actúen verdaderamente para promover el cuidado y atención de la salud mental de niños, niñas, adolescentes y cuidadores, brindar protección  a los grupos más vulnerables, a través d acciones como:

  • Invertir priorizando la salud mental de los niños y adolescentes en todos los sectores, promoviendo un enfoque basado en la prevención, la promoción y el cuidado que abarque a toda la sociedad.
  • Integrar y ampliar las intervenciones basadas en la educación y la protección social, incluir programas de crianza que promueven una atención sensible y enriquecedora, apoyar la salud mental de los padres y cuidadores; garantizar que las escuelas apoyen la salud mental mediante servicios de calidad y relaciones positivas.

Lo más relevante es romper el silencio que rodea a las enfermedades mentales, derribar el estigma, promoviendo una mejor comprensión de la salud mental y dándole el valor real a las experiencias de los niños, niñas y adolescentes para en verdad apoyarlos. La propia Henrietta Fore enfatiza que: “La salud mental forma una parte integral de la salud física; no podemos permitirnos seguir considerándola de otra manera”. Hemos observado que durante demasiado tiempo, tanto en los países ricos como en los pobres, no se han hecho los esfuerzos suficientes para comprender esta cuestión e invertir en ella, a pesar de que desempeña un papel fundamental para el potencial de todos los niños. Esto tiene que cambiar”.

Investigadores especialistas en psicología infantil como el doctor Juan David Palacio Ortiz, argumentan dejando en claro que  la socialización en la etapa preescolar y escolar es determinante para desarrollar sus procesos evolutivos que, según la psicología, hacen parte del ser humano en todas sus formas, ya que esta ayuda a generar empatía, incorporar la norma, estimular el trabajo en equipo y la disciplina, entre otras habilidades.  Por lo tanto, es recomendable desarrollar e implementar lo que se conoce como “acciones protectoras”, misma que no requieren de grandes inversiones económicas, son sencillas de realizar y lo más importante, se puede prevenir y evitar el incremento de casos.

1.- Establecer límites en el uso de pantallas (T.V, celulares, tabletas, iPads, computadoras, etc)

2.- Promover el ejercicio físico, salir a caminar, paseo ciclista, nadar, etc., y si puede ser de manera familiar mucho mejor.

3.- Favorecer el uso del tiempo libre para convivir y compartir en familia, brindando calidad de tiempo a todos y cada uno de los miembros.

4.- Facilitar la conversación con las y los adolescentes en su propio espacio físico, mostrar interés por lo que realizan en el día a día, intercambiar experiencias de la rutina diaria.

5.-Como adultos se recomienda  estar menos tiempo recostados o al frente de una pantalla y más preocupados por compartir con sus hijos. 

Con acciones sencillas como las anteriores, lo que se promueve es reducir el factor  de presión ante sucesos que escapan del control de las personas, y que perturba la salud  tanto física como emocional, y este es el estrés. El estrés se ha convertido en un aspecto determinante en  la salud mental de niños, niñas y adolescentes, siendo un elemento que puede desencadenar consecuencias negativas en la vida y desarrollo de los mismos, lo cual se ha observado de manera creciente como consecuencia del aislamiento social a causa de la pandemia por Covid-19, propiciando que niños, niñas y adolescentes enfrentarán escenarios inesperados que les generaron ansiedad, miedo, irritabilidad, tanto en el ámbito familiar como en el social y escolar. 

Si bien es cierto que cada niño responde de diferente manera según las circunstancias en la que se encuentra rodeado, ello dependerá de la autonomía y madurez de este, y desde luego, de la fortaleza que le brinde su contexto interno y externo.

A raíz de todo lo anterior, desarrollar y fortalecer la inteligencia emocional en niños, niñas y adolescentes, da la pauta para que puedan poner en práctica las habilidades blandas (emocionales y sociales), en todos los contextos donde se desenvuelvan, ya sea personal, familiar, social y laboral, debido a que la inteligencia emocional, permite estructurar diversas actividades y estrategias didácticas para consolidar la participación activa de los estudiantes en el gradual proceso vivido de reintegración social a la educación presencial.

Laura Aguila Franco

Maestra Laura Aguila Franco

Twitter: @laura_aguila

Las perspectivas de cada columna son opiniones del autor y son independientes de la posición de dlpoder.

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